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    (Para ver la noticia completa, hacer click en el título) Queremos compartir con ustedes algunas fotografías de la Jornada de la Misericordia  que tuvo lugar en nuestra parroquia el domingo 21 de agosto de este año. Vivimos un hermoso momento con los niños de las Escuelas de la Paz de la Comunidad de Sant'Egidio - PERU. ¡Gracias al P. José Francisco Navarro SJ, a Liliana López - coordinadora de la Comunidad de Sant'Egidio, a nuestro párroco, el P. Carlos Cardó SJ, y a todos los que lo hicieron posible! Fotógrafa: Paola Navarro              
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    (Para leer el artículo completo, hacer click en el texto) En presencia de sus compañeros jesuitas, amigos y familiares, Anibal Oyola SJ fue ordenado presbítero este domingo 31 de julio en la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, por la imposición de manos de Mons. Pedro Ricardo Barreto SJ, Arzobispo de Huancayo. Esta ceremonia coincidió con la celebración del Día de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, la cual fue celebrada también con una mañana deportiva y el tradicional almuerzo de jesuitas en el Colegio de la Inmaculada. Luego del almuerzo la comunidad se dirigió a Fátima para participar de la ordenación. El P. Anibal Oyola SJ ingresó a la Compañía el 2003, realizó su etapa de magisterio en Yamakai-éntsa del 2010 al 2011 trabajando en el Colegio Fe y Alegría “Valentín Salegui” como profesor, enfermero y coordinador de la pastoral. Estudió la Teología de la Pontificia Universidad de Chile e hizo su Maestría de Espiritualidad Ignaciana en la Universidad Pontificia de Comillas-España del 2015 al 2016. El P. Oyola celebró su primera misa el martes 2 de agosto a las 7:00 p.m. en la Iglesia Santiago Apóstol de Surco. Fuente: https://mail.google.com/mail/u/0/#inbox/1564d7bb094e3dc2
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    (Para leer la noticia completa, hacer click en el título) El sacerdote jesuita Jorge Costadoat retoma su reflexión respecto a la última exhortación apostólica de Francisco, Amoris Laetitia, para esta vez enfocarse en lo que se expone sobre la relación entre sacerdotes y laicos. Recogiendo y revisando citas del documento papal intenta resaltar la inspiración por un intercambio horizontal, más fraternal, en lugar de la versión tradicionalmente vertical. Un clero que anuncie una experiencia personal del Evangelio, “en vez de recurrir a enunciados teológicos abstractos y a frases comunes”. ————————————————————————— Amoris Laetitia es un documento de enorme importancia. Permite mirar más allá del tema de la familia, en el cual se concentra. Me detengo en un punto. El Papa Francisco con esta exhortación apostólica replantea las relaciones entre los sacerdotes y los laicos. Hasta ahora estas relaciones han operado en una dirección vertical. Pero, desde que el Concilio Vaticano II subrayó la importancia del bautismo como el factor de unión entre los cristianos, estas relaciones han debido ser más horizontales, fraternales: los sacerdotes han tenido que orientar a los fieles en la medida que estén dispuestos a aprender de ellos, de sus vidas y de su experiencia de Dios. El Vaticano II nos ha recordado que el Evangelio es un testimonio entre personas antes que doctrinas con que adoctrinar. Y, precisamente, lo que se busca en la Iglesia hoy es un clero que anuncie una experiencia personal del Evangelio en vez de recurrir a enunciados teológicos abstractos y a frases comunes. El método que el Papa Francisco fijó para la ejecución del Sínodo señala un giro para el futuro de la Iglesia. El procedimiento de elaboración de esta exhortación papal comenzó con 39 preguntas que el Papa entregó al Pueblo de Dios por los medios de comunicación. No fueron preguntas retóricas. Tampoco interesaba a Francisco averiguar si los católicos sabían la doctrina. Lo principal fue oír lo que el Espíritu ha ido gestando en los católicos en el mundo actual, en esta época y en sus diversas culturas. Así, la autoridad eclesiástica se ha abierto a aprender para enseñar. Los obispos reunidos en el Sínodo han recogido las respuestas a estas preguntas y han procedido a pensar cómo volver a plantear la enseñanza tradicional de la Iglesia en términos actuales. Esta posibilidad se ha liberado justo allí donde Amoris Laetitia subraya la importancia de la libertad y del respeto de la conciencia de los fieles. Dice el papa: “Estamos llamados a formar las conciencias, pero no a pretender sustituirlas” (AL 37). Francisco ha reconocido que es un error que los sacerdotes quieran dirigir la vida de las personas. Ni ellos ni nadie debiera pedir cuenta a los fieles, por ejemplo, del método anticonceptivo que usan las parejas. El celo por la ayuda espiritual a las personas no puede legitimar una falta de respeto a sus conciencias. El Papa lamenta que los confesionarios hayan sido usados como salas de tortura (cf. AL 305). Algo parecido tendrá que ocurrir con los laicos que se encuentran en una situación matrimonial irregular y que desean participar plenamente en la vida de su Iglesia. No serán los sacerdotes los que han de autorizarlos. Estos han de acompañarlos en un discernimiento que acabará en una decisión en conciencia de los mismos laicos, sea para comulgar, sea para abstenerse de hacerlo. ¿Dónde se formarán los sacerdotes del futuro? ¿Cómo se hace para formar personas capaces de exponerse a las vidas ajenas más desagarradas y ofrecerles, a partir de la propia experiencia, procesada con la enseñanza tradicional de la Iglesia, una palabra nueva, genuina, espiritualmente liberadora, no culpabilizante, una palabra efectivamente orientadora? No se necesita sacerdotes más divinos, sino que su fe los haga más humanos. Lo que está en juego en última instancia es la trasmisión de la fe. Los jóvenes se han descolgado en una proporción muy alta de una Iglesia que trató a sus padres como niños. Ellos han nacido en una sociedad abierta, no siempre más adulta, inmadura bajo muchos respectos, pero más respetuosa de la libertad y de las búsquedas personales. No puede decirse que los jóvenes no sean capaces de una experiencia de Dios porque no quieren ser católicos. Ellos piensan que la Iglesia les es inhabitable por razones que no se pueden despreciar. Las relaciones entre sacerdotes y fieles han sido bastante infantiles. Donde no ha habido suficiente respeto a la libertad y al discernimiento de los laicos, laicos y sacerdotes no han podido crecer en su fe. El modo de elaboración de Amoris laetitia, y sus más valiosas conclusiones, augura el surgimiento de una Iglesia más adulta. Fuente: “Cristianismo en Construcción”. Blog del P. Jorge Costadoat SJ. http://blog.pucp.edu.pe/blog/buenavoz/2016/07/19/jorge-costadoat-sj-no-se-necesitan-sacerdotes-mas-divinos-sino-que-su-fe-los-haga-mas-humanos/
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    (Para leer el artículo completo, hacer click en el título) El mensaje del Evangelio es complejo. Interpretaciones parciales o simplistas pueden conducir a la estrechez y al fanatismo. Las grandes paradojas que existen en el corazón del cristianismo reflejan la riqueza religiosa y humana que ese texto encierra, pero hacen muy difícil su cabal comprensión. Un texto publicado en la revista Mensaje propone que la mayor de todas las paradojas es que el cristiano sostiene que el Creador se hizo hombre y así habitó entre nosotros. Sobre eso observa cómo una interpretación superficial provocó que en el pasado muchos se creyeran dueños de la verdad por sentirse discípulos de Jesús, y en la actualidad no impide una preferencia por lo material antes que el gozo espiritual, debido a que nos cuesta aceptar a Dios como Padre. ————————————————————————— Qué difícil es mantener el equilibrio y manejar el encuentro entre Dios y el hombre, entre lo grande y lo pequeño, entre el espíritu y la materia, entre la perfección y la debilidad, sin destruir uno de los polos o reducirlos a ambos a la mediocridad. San Juan dice en su Evangelio: “Al principio existía el Verbo y el Verbo se hizo carne”. Mucho se ha discutido sobre el sentido de esta frase. El Verbo es la palabra, la sabiduría de Dios, que al encarnarse no solo asumió una inteligencia y un espíritu humano, sino que tuvo un cuerpo material, que sintió hambre, cansancio y limitaciones, como todo cuerpo. Pero más importante aún es que ese Verbo encarnado fue profundamente “humano”: amó, lloró, tuvo compasión y cercanía con los débiles, y compartió con ellos la más humillante de las muertes. Pablo dice que se hizo esclavo y se abajó hasta la muerte en cruz. La paradoja es que a ese ser humillado se le dio un nombre sobre todo nombre y está sentado a la diestra del Padre. No es fácil vivir esta tensión constitutiva de la fe. El cristianismo ha estado siempre amenazado por visiones que rompen la riqueza de esa paradoja. Unos han visto en Jesús solo a Dios, y otros solo a un hombre. El deseo de perfección, la búsqueda espiritual o el ansia de radicalidad generaron a veces un espiritualismo desencarnado. La mirada trascendente hizo que muchos pensaran más en la otra vida que en esta, aunque Jesús anunció un reino que venía a este mundo trayendo los criterios del Señor. Sabiéndose discípulos de Jesús, algunos se creyeron superiores, dueños de la verdad y se encerraron generando exclusiones. Influencias platónicas, gnósticas, estoicas, llevaron a un desprecio de la materia, de la debilidad, del vulgo, que generó una moral y una espiritualidad de los selectos, que prefirieron el aislamiento, la mortificación y el ayuno a la fiesta de bodas… a cenar con publicanos. Hoy tenemos el peligro contrario. Preferimos un reino terrenal, sin atender a la trascendencia. Más que la piedad, nos interesan las luchas políticas y sociales. Preferimos el consumo al gozo del espíritu, nos cuesta aceptar a Dios como Padre. Qué difícil es asumir el cristianismo en su rica y paradójica realidad. Jesús, comprehensivo y paradójico, tuvo una preferencia por los marginados, pero formuló un mensaje de salvación universal. Cenó en casa de fariseos y publicanos. Sanó al siervo de un centurión romano y a la hija de una siriofenicia. Lo acompañaba la esposa del mayordomo de Herodes. Conversó con una samaritana. No deja de ser sorprendente que a la hora final, cuando todos lo abandonan, fueran a rescatar su cuerpo Nicodemo, un fariseo, y José de Arimatea, un rico. Necesitamos hoy un mensaje universal. El Evangelio nos ayuda a comprender que hay un solo lenguaje que genera cercanía respetando las diferencias; que puede ser común a Dios y al hombre… que humaniza a Dios y diviniza al hombre. Como lo ha recordado el Papa en este año, solo el lenguaje de la misericordia que nos hace más humanos soporta tanta paradoja y tanta complejidad. Fuente: Texto de Fernando Montes SJ. Publicado en la revista Mensaje. http://blog.pucp.edu.pe/blog/buenavoz/2016/08/19/para-enfrentar-las-paradojas-del-evangelio/
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    (Para leer el artículo completo, hacer click en el título) “Demasiadas personas viven encerradas en el rencor y nutren odio, porque son incapaces de perdón, arruinando la propia vida y la ajena en lugar de encontrar la alegría de la serenidad y de la paz”. Lo dijo el Papa durante la meditación que pronunció en su visita a la basílica de Santa María de los Ángeles, en la Porciúncula, lugar clave de la experiencia espiritual de San Francisco. En el ámbito del Jubileo de la Misericordia, y en el octavo centenario del “Perdón de Asís”, el Pontífice argentino, que después de la meditación se puso a confesar a los fieles, subrayó que “la vía del perdón” puede “renovar a la Iglesia y al mundo”. El mismo día, antes de ir a visitar a los franciscanos, el Papa recibió en audiencia a los que participaron en el capítulo general de los dominicos, quienes también celebraban un octavo centenario, en este caso del reconocimiento otorgado por Papa Honorio III a la orden de los frailes predicadores. Les dió una sugerencia para la predicación: debe llegar a los corazones, siempre acompañada por el testimonio de vida cristiana y, especialmente, de la caridad hacia “la carne viva de Cristo”, representada en el pueblo de Dios. ————————————————————————— Luego de ofrecer su mensaje el Papa rezó en silencio durante 13 minutos en la Porciúncula, la pequeña capilla que San Francisco restauró hace 800 años -que hoy se encuentra adentro de la Basílica de Santa María de los Ángeles de la ciudad de la región de Umbria, en el centro de Italia-. Como había hecho la semana pasada en el campo de concentración de Auschwitz, en este lugar el Papa, sentado en una silla, oró concentrado, en silencio, más allá de las cámaras y las personas presentes. La historia cuenta que San Francisco de Asís restauró la Porciúncula después de haber tenido una visión mística en la cercana iglesia de San Damián, donde había escuchado una voz que desde el crucifijo le decía: “Francisco, Francisco, ve y repara mi casa”. El santo de los pobres entendió entonces que se trataba de la Porciúncula y la arregló. El lugar se convirtió luego en la cuna del orden franciscano y el Papa argentino quiso visitarlo -por segunda vez en su pontificado- para recordar el 800 aniversario del “perdón de Asís”, es decir, cuando el Papa Honorio III concedió, en 1216, la indulgencia a los fieles que visitaban el templo, a instancias de San Francisco. Aún hoy, todos los años, desde el mediodía del 1° de agosto hasta la medianoche del 2 de agosto, los fieles pueden obtener allí la indulgencia plenaria. Francisco, primer Papa que se atreve a llamar como el Santo de Asís -hijo de un rico mercader que se despojó de todo para estar del lado del pobres-, se trasladó desde el Vaticano hasta Asís en helicóptero a primera hora de la tarde. La visita, de tres horas, estuvo marcada por medidas de seguridad imponentes -debido al alerta por posibles atentados de raigambre extremista- y temperaturas de más de 30 grados. Después de rezar largo rato en la Porciúncula, el ex arzobispo de Buenos Aires pronunció una meditación sobre un pasaje del Evangelio de Mateo. Esta comenzó con una citación de una frase dicha por san Francisco: “Quiero enviarlos a todos al paraíso”. El Papa explicó luego que la vía maestra para el paraíso “es ciertamente la del perdón, que se debe recorrer para lograr ese puesto en el paraíso”. Pero “¡es difícil perdonar! ¡Cuánto nos cuesta a nosotros perdonar a los demás!”, reconoció, saliéndose del texto preparado. “Y aquí, en la Porciúncula, todo habla de perdón. ¿Por qué debemos perdonar a una persona que nos ha hecho mal? Porque nosotros somos los primeros que hemos sido perdonados, e infinitamente más. Como Dios nos perdona, así también nosotros debemos perdonar a quien nos hace mal. Exactamente como en la oración que Jesús nos enseñó, el Padre Nuestro”, remarcó Bergoglio. “Sabemos bien que estamos llenos de defectos y recaemos frecuentemente en los mismos pecados. Sin embargo, Dios no se cansa de ofrecer siempre su perdón cada vez que se lo pedimos. Es un perdón pleno, total, con el que nos da la certeza de que, aun cuando podemos recaer en los mismos pecados, él tiene piedad de nosotros y no deja de amarnos. Dios se apiada, prueba un sentimiento de piedad junto con el de la ternura: es una expresión para indicar su misericordia para con nosotros”, dijo. “El perdón de Dios no conoce límites; va más allá de nuestra imaginación y alcanza a quien reconoce, en el íntimo del corazón, haberse equivocado y quiere volver a él. Dios mira el corazón que pide ser perdonado”, insistió. Según el Papa, “el problema, desgraciadamente, nace cuando nosotros nos confrontamos con un hermano que nos ha hecho un pequeño entuerto”: “Cuando estamos nosotros en deuda con los demás, pretendemos la misericordia; en cambio cuando estamos en crédito, invocamos la justicia. Todos nosotros. Esta no es la reacción del discípulo de Cristo ni puede ser el estilo de vida de los cristianos”. Esta, explicó el Papa, “no es la reacción del discípulo de Cristo y no puede ser el estilo de vida de los cristianos”. Es decir, “limitarnos a lo justo, no nos mostraría como discípulos de Cristo, que han obtenido misericordia a los pies de la cruz sólo en virtud del amor del Hijo de Dios. No”. El Papa aseguró asimismo que el perdón del que hablaba san Francisco de Asís se ha hecho “cauce” en la Porciúncula, “y continúa a ‘generar paraíso’ todavía después de ocho siglos”. “En este Año Santo de la Misericordia, es todavía más evidente cómo la vía del perdón puede renovar verdaderamente la Iglesia y el mundo”, agregó. “Ofrecer el testimonio de la misericordia en el mundo de hoy es una tarea que ninguno de nosotros puede rehuir. El mundo necesita el perdón; demasiadas personas viven encerradas en el rencor e incuban el odio, porque, incapaces de perdonar, arruinan su propia vida y la de los demás, en lugar de encontrar la alegría de la serenidad y de la paz”, afirmó. “Pedimos a san Francisco que interceda por nosotros, para que jamás renunciemos a ser signos humildes de perdón e instrumentos de misericordia”, pidió. Acto seguido, fuera de programa, exhortó a los obispos y sacerdotes presentes en la basílica a ir a los confesionarios para ponerse a disposición del sacramento de la reconciliación, del perdón. Dando el ejemplo, él mismo se quedó en un confesionario durante una hora, confesando a 19 personas: un fraile franciscano, dos sacerdotes, 4 scouts, una señora en silla de ruedas y 11 voluntarios del servicio de la basílica. Después de saludar a algunos religiosos enfermos, antes de regresar en helicóptero al Vaticano, ante la multitud congregada frente a la Basílica, que lo vivaba, el Papa volvió a reiterar el mismo mensaje: “No se olviden, hay que perdonar siempre… Perdonar desde el corazón… Si nosotros sabemos perdonar, el Señor nos perdona. Todos necesitamos ser perdonados”. “¿Hay alguien entre ustedes que no necesita ser perdonado? Que levante la mano”, bromeó. “Todos los necesitamos”, dijo una vez más, despidiéndose, finalmente, con su clásico “por favor, no se olviden de rezar por mí”. Antes de Asís, el Papa se reúne con los dominicos Antes de ir a visitar a los franciscanos y la basílica papal de Santa María de los Ángeles, en ocasión del octavo centenario del “Perdón de Asís”, el Papa recibió en audiencia a los que participaron en el capítulo general de los dominicos, que festejan el octavo centenario del reconocimiento otorgado por Papa Honorio III a la orden de los frailes predicadores. “Hoy -dijo Francisco- podríamos describir este día como ‘un jesuita entre frailes’: porque por la mañana estoy con ustedes y por la tarde en Asís con los franciscanos; ¡entre frailes!”. En el discurso que pronunció en español a los dominicos, guiados por el maestro general Bruno Cadoré, el Papa elogió la tradición de la orden e indicó tres conceptos clave para la predicación, que debe llegar a los corazones, acompañada por el testimonio de vida cristiana y, especialmente, de la caridad hacia “la carne viva de Cristo”, representada en el pueblo de Dios, que tiene “sed” de una palabra de salvación. “Este octavo centenario -explicó Francisco- nos lleva a hacer memoria de hombres y mujeres de fe y letras, de contemplativos y misioneros, mártires y apóstoles de la caridad, que han llevado la caricia y la ternura de Dios por doquier, enriqueciendo a la Iglesia y mostrando nuevas posibilidades para encarnar el Evangelio a través de la predicación, el testimonio y la caridad: tres pilares que afianzan el futuro de la Orden, manteniendo la frescura del carisma fundacional”. Dios, dijo el Papa, “impulsó a santo Domingo a fundar una ‘Orden de Predicadores’, siendo la predicación la misión que Jesús encomendó a los Apóstoles. Es la Palabra de Dios la que quema por dentro e impulsa a salir para anunciar a Jesucristo a todos los pueblos”. Domingo dijo: “Primero contemplar y después enseñar”, es decir, añadió el Papa jesuita: “evangelizados por Dios, para evangelizar. Sin una fuerte unión personal con él, la predicación podrá ser muy perfecta, muy razonada, incluso admirable, pero no toca el corazón, que es lo que debe cambiar. Es tan imprescindible el estudio serio y asiduo de las materias teológicas, como todo lo que permite aproximarnos a la realidad y poner el oído en el pueblo de Dios. El predicador es un contemplativo de la Palabra y también lo es del pueblo, que espera ser comprendido”. Transmitir con mayor eficacia la Palabra de Dios, prosiguió el Papa, “requiere el testimonio: maestros fieles a la verdad y testigos valientes del Evangelio. El testigo encarna la enseñanza, la hace tangible, convocadora, y no deja a nadie indiferente; añade a la verdad la alegría del Evangelio, la de saberse amados por Dios y objeto de su infinita misericordia”. En este sentido, citando a Domingo (“Con los pies descalzos, salgamos a predicar”) y a Moisés (“Quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado”), el Papa subrayó que “el buen predicador es consciente de que se mueve en terreno sagrado, porque la Palabra que lleva consigo es sagrada, y sus destinatarios también lo son. Los fieles no sólo necesitan recibir la Palabra en su integridad, sino también experimentar el testimonio de vida de quien predica. Los santos han logrado abundantes frutos porque, con su vida y su misión, hablan con el lenguaje del corazón, que no conoce barreras y es comprensible por todos”. Es por ello que “el predicador y el testigo deben serlo en la caridad. Sin esta, serán discutidos y sospechosos. Santo Domingo tuvo un dilema al inicio de su vida, que marcó toda su existencia: ‘¿Cómo puedo estudiar con pieles muertas (pergaminos, ndr.), cuando la carne de Cristo sufre?’. Es el cuerpo de Cristo vivo y sufriente, que grita al predicador y no lo deja tranquilo. El grito de los pobres y los descartados despierta, y hace comprender la compasión que Jesús tenía por las gentes”. Viendo a nuestro alrededor, concluyó Francisco, “comprobamos que el hombre y la mujer de hoy, están sedientos de Dios. Ellos son la carne viva de Cristo, que grita “tengo sed” de una palabra auténtica y liberadora, de un gesto fraterno y de ternura. Este grito nos interpela y debe ser el que vertebre la misión y dé vida a las estructuras y programas pastorales. Piensen en esto cuando reflexionen sobre la necesidad de ajustar el organigrama de la Orden, para discernir sobre la respuesta que se da a este grito de Dios. Cuanto más se salga a saciar la sed del prójimo, tanto más seremos predicadores de verdad, de esa verdad anunciada por amor y misericordia, de la que habla santa Catalina de Siena. En el encuentro con la carne viva de Cristo somos evangelizados y recobramos la pasión para ser predicadores y testigos de su amor; y nos libramos de la peligrosa tentación, tan actual hoy día, del gnosticismo”. El ejemplo de Santo Domingo, continuó, “es impulso para afrontar el futuro con esperanza, sabiendo que Dios siempre renueva todo… y no defrauda”. Fuentes: La Nación / Vatican Insider / Vatican.va http://blog.pucp.edu.pe/blog/buenavoz/2016/08/12/francisco-en-asis-el-mundo-necesita-perdon/
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    (Para leer el artículo completo hacer click en el título) En la Bula Misericordiae Vultus para la convocatoria del Jubileo de la Misericordia, el Papa Francisco define a la misericordia como “la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida”. En una reflexión de Félix Palazzi, publicada en el portal Teología Hoy, propone descubrir qué implica “mirarnos con ojos sinceros”, que permite un verdadero encuentro entre las personas y llegar a una comprensión de las historias de vida. Luego introduce el valor de la justicia y describe su vínculo con la misericordia, en el contexto de una realidad en la que muchos problemas producidos por la desigualdad y discriminación “se responden con indolencia y la indiferencia al otro, antes que la compasión”. Por último ofrece tres “criterios de discernimiento” que nos pueden servir de guía a la vida cristiana respecto a esa compleja relación entre justicia y misericordia. ————————————————————————— “Mirar” implica mucho más que “ver”. Mirar es ver intencionalmente algo o alguien. Se pueden ver muchas cosas, como normalmente hacemos, pero cuando miramos algo o alguien es porque queremos fijar nuestra atención o captar mejor los detalles. Cuando miramos la realidad, ella adquiere nuevos colores, significados e importancia. En medio de la agitación cotidiana, se hace siempre necesario detener nuestra mirada porque, de lo contrario, veremos mucho pero no seremos capaces de captar lo que realmente sucede en nosotros y en nuestro entorno. Hemos de admitir que muchas veces nuestras miradas no son sinceras. En ocasiones no vemos lo que no queremos. Como dice el dicho: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. De ahí la necesidad de mirar sinceramente, de mirar a la realidad tal y como ella es, y dejarnos cuestionar o interpelar por ella. Esa realidad que, muchas veces, aparece como incómoda y nos desconcierta o provoca. Pero para lograr esto, es necesario desarrollar la capacidad de mirarnos sinceramente los unos a los otros, discernir los modos como nos relacionamos y superar los prejuicios que nos separan. Como recuerda Francisco en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: –“El ideal cristiano siempre invitará a superar la sospecha, la desconfianza permanente, el temor a ser invadidos, las actitudes defensivas que nos impone el mundo actual. Muchos tratan de escapar de los demás hacia la privacidad cómoda o hacia el reducido círculo de los más íntimos, y renuncian al realismo de la dimensión social del Evangelio. Porque, así como algunos quisieran un Cristo puramente espiritual, sin carne y sin cruz, también se pretenden relaciones interpersonales sólo mediadas por aparatos sofisticados, por pantallas y sistemas que se puedan encender y apagar a voluntad. Mientras tanto, el Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia en un constante cuerpo a cuerpo” (EG 88). Se trata, pues, de ir desarrollando en cada uno de nosotros “una mirada sincera que brote del encuentro con el otro”, del compartir sus dolencias e historias de vida. Esta invitación se nos hace en este tiempo llamado “Jubileo extraordinario de la Misericordia”. En esta frase aparecen dos palabras que pueden ser extrañas para nosotros y nuestro tiempo. Primero, se trata de un tiempo de “jubileo”. Segundo, en este tiempo celebraremos la “misericordia”. Reflexionemos brevemente sobre estas dos palabras. La primera palabra, “jubileo”, nos es extraña porque hemos perdido su significado. Lo hemos espiritualizado tanto que parece una práctica arcaica, esotérica o simplemente piadosa. A Israel también le pareció una práctica difícil. La celebración del jubileo obligaba al pueblo de Israel a dejar descansar la tierra y liberar a los esclavos cada 7 años. Esto se llamó el año sabático. Pero con el paso del tiempo, la ley sacerdotal expandió esta práctica a cada 50 años. A este tiempo se le llamó el año jubilar. La Iglesia católica lo ha fijado en cada 25 años, a excepción de los jubileos extraordinarios, como este. La finalidad del actual Jubileo es expuesta por Francisco con gran hermosura en la propia Bula: —“En este Jubileo la Iglesia será llamada a curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención. No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye. Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio” (Bula Misericordiae Vultus, n.15). La segunda palabra que queremos mencionar es “misericordia”. Al referirnos a la misericordia son mucho más complejos los equívocos. La misericordia suele confundirse con la lástima al necesitado o a quien se encuentra en situación de pena. También suele entenderse como aquel quien, desde una situación de supremacía moral o de poder, condona o se solidariza con alguien a quien considera en una situación inferior o de minusvalía moral. Para nosotros, pensar la misericordia es fundamental porque si tenemos que ser sinceros, la misericordia es lo central de la fe cristiana, ya que: –“la misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Dios revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo. Vale decir que se trata realmente de un amor “visceral”. Proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón” (Bula Misericordiae Vultus, n.6). La misericordia es, pues, mucho más que una lista de acciones que hay que cumplir para ser realmente misericordiosos (obras corporales y espirituales de misericordia). Se hace urgente, tal vez hoy más que nunca, meditar desde una mirada sincera algunos criterios que nos ayuden a entender la relación existencial de la misericordia en nuestras vidas. En especial en un año jubilar. Si el jubileo nos recuerda a la justicia, como reza la oración que hacen los Papas al abrir las puertas santas: “Ábranse las puertas de la justicia, entrando por ellas encontraré al Señor”; este jubileo extraordinario nos convoca en torno a la misericordia. Y es que la misericordia y la justicia son hoy, sin lugar a dudas, signos de los tiempos en una realidad cada vez más injusta y desigual, cada vez más fragmentada y excluyente. Donde la respuesta de muchos ante la realidad pareciera ser la indolencia y la indiferencia al otro, antes que la compasión. ¿Cómo, entonces, vivir, como cristianos comunes, esta compleja relación entre la justicia y la misericordia en medio de nuestra sociedad tan fragmentada?, ¿cómo “mirar sinceramente” nuestras vidas e historias personales desde la misericordia y la justicia? Quisiéramos ofrecer algunos criterios de discernimiento. El primer criterio es descubrir que “quien realmente ha sido tocado por la misericordia se hace misericordioso”. La misericordia no se trata de un voluntarismo o una lista de acciones que han de cumplirse cabalmente para poder ser misericordioso. Se es misericordioso cuando se experimenta en la propia existencia la misericordia. Vivir misericordiosamente tiene sentido y profundidad cuando se descubre a un Dios misericordioso. No somos misericordiosos con los demás para que Dios sea un día misericordioso conmigo. Valoramos la misericordia porque Dios es misericordioso con nosotros. Quien ha sido tocado por la entrañable misericordia de Dios se hace misericordioso en su existencia. Un día san Anselmo trataba de explicar a sus fieles por qué Dios había descansado al séptimo día. San Anselmo recordaba que Dios había creado el sol y las estrellas y no descansó, que había creado el cielo y los mares y no descansó. Sin embargo, cuando creó al hombre y a la mujer sí descansó, porque encontró a alguien a quien amar y perdonar. Esto expresa la íntima relación de Dios con el hombre y la mujer. Esto nos revela como la misericordia en Dios es un vínculo tan fuerte como el de una madre como el de un hijo. No hay ninguna ofensa que pueda romper este vínculo de Dios con todos los seres humanos. Mirar este vínculo y abrirse a él, es lo que permite vivir misericordiosamente y proclamar el anuncio alegre del perdón. No somos misericordiosos porque somos más poderosos, más perfectos o santos. Somos misericordiosos cuando hemos experimentado primero esta misericordia. Esto nos lleva a nuestro segundo criterio de discernimiento. En la Carta Encíclica Laudato Si, el Papa Francisco insiste, en repetidas veces y usando diversas expresiones, que “estamos todos unidos”. Esta insistencia es necesaria si entendemos que hoy más que nunca se nos impone pensar en un presente común y compartido. Que en todos los ámbitos “todos estamos relacionados de alguna u otra forma”. Para exponerlo en alguna forma más clara conviene recordar aquella anécdota judía del rabí que preguntaba a sus discípulos: –“¿Cuándo llegaremos a distinguir la luz de la oscuridad?” Y uno de sus discípulos le respondió: “cuando podamos distinguir entre una cabra y un asno”. “No”, contestó el rabí. A lo que otro discípulo respondió: “cuando podamos distinguir entre una planta de higos y otra de palma”. “No”, contestó de nuevo el rabí. Esto causó la incomodidad de sus alumnos, quienes dijeron: “dinos entonces la respuesta”. Y el rabí respondió: “No, hasta tanto podamos distinguir en el rostro de cada hombre y de cada mujer a mi hermano y a mi hermana. Sólo así puedo ver la luz, mientras tanto todo es oscuridad”. Lograr mirar en la claridad es lograr mirar en el otro a alguien que está profundamente vinculado a mí, porque, como recuerda Francisco: “Dios, en Cristo, no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los hombres” (Evangelii Gaudium 178). Si vivo, pues, mi realidad personal desde la misericordia, entonces entiendo que no puedo excluir a nadie y que la única forma de ser fiel a mi verdadera existencia es colocarme al servicio de los demás. Un servicio que no es una buena acción que debo realizar para ganarme un premio o sentirme mejor con el mundo y los demás. Es un servicio que ha de brotar de nuestra propia manera de vivir porque no tenemos otra forma de vivir sino sirviendo al otro como a nuestro hermano. Vivir una existencia en y desde el servicio implica reconocer esta comunión fraterna entre todos y con todo. Un vínculo que se extiende incluso a todo lo creado. El servicio desde la misericordia borra la barrera entre el que sirve y quien recibe nuestro servicio. Desde la misericordia el servicio se convierte en un gusto común, lo cual se traduce en disfrutar del estar juntos y compartir el tiempo, y reconocernos necesitados los unos de los otros. Pero también, hoy más que nunca y en diferentes formas, se expresa esta necesidad de cuidado y servicio a lo creado, porque lo palpable de la unidad que nos vincula humanamente también compromete el futuro de las generaciones humanas. Un tercer y último criterio, para concluir, es que la misericordia tiene que ver la con justicia. Ser misericordiosos implica ser justos. Y ser justos significa restablecer los vínculos de unidad fraterna perdidos en los espacios fundamentales de nuestra existencia, como la familia y el trabajo. Si miramos sinceramente a nuestro entorno, reconoceremos que todos estamos unidos, que no podemos ser indiferentes ante la vida de los otros, ni ante nuestro propio futuro. Todos estamos vinculados: pertenecemos a una familia, a un vecindario, a una comunidad, a una universidad, a una cultura, etc. Ello nos llama a tratarnos justamente -y con justicia al otro y a todo lo creado-, porque mirar con sinceridad desde la misericordia es dejarnos interpelar por la realidad y por el rostro del otro. En especial, por aquel a quien nosotros pensamos o valoramos como menos importante, indeseado o lejano para empezar a relacionarnos y vivir humanamente. La misericordia, vivida desde la práctica de la justicia, es capaz de sanar nuestras dolencias, y… –“… allí está la verdadera sanación, ya que el modo de relacionarnos con los demás que realmente nos sana en lugar de enfermarnos es una fraternidad mística, contemplativa, que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano, que sabe tolerar las molestias de la convivencia aferrándose al amor de Dios, que sabe abrir el corazón al amor divino para buscar la felicidad de los demás como la busca su Padre bueno” (Evangelii Gaudium 92). Estos criterios no son un buen deseo o meras aspiraciones sin asidero en nuestras realidades personales. Al contrario, reconocernos unidos, vinculados los unos a los otros, es la única forma de salir de nuestras oscuridades y empezar a vivir en la claridad que nos permita forjar un futuro común. –“¡No nos dejemos robar la comunidad!” (Evangelii Gaudium 92). Fuente: Texto escrito por Félix Palazzi. Tomado del portal “Teología Hoy”. http://blog.pucp.edu.pe/blog/buenavoz/2016/08/19/criterios-para-vivir-la-misericordia-mirar-con-ojos-sinceros/
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    (Para leer el artículo completo, hacer click en el título) El Papa nos enseña cómo confesarnos: 'Confesarse es ir hacia Jesús con corazón sincero' Tener la valentía, delante del confesor, de llamar a los pecados con su propio nombre, sin esconderlos. De este modo, el papa Francisco centró su homilía en el sacramento de la Reconciliación, durante la misa celebrada en la mañana de este viernes en la residencia Santa Marta. Confesarse, dijo, es ir al encuentro del amor de Jesús con un corazón sincero y con la transparencia de los niños; y no rechazando, sino más bien acogiendo la "gracia de la vergüenza", que hace percibir el perdón de Dios. Con la transparencia de los niños y aceptando 'la gracia de la vergüenza' que hace percibir el amor de Dios.     ROMA, 25 de octubre de 2013 Para muchos creyentes adultos, confesarse frente a un sacerdote es un esfuerzo insostenible --que a menudo conduce a esquivar el Sacramento-- o al punto de convertir un momento de verdad en un ejercicio de ficción. San Pablo, en su Carta a los Romanos --dijo el papa-- hace exactamente lo contrario: admite públicamente ante la comunidad que “en su carne no mora el bien". Presume de ser un "esclavo" que no hace el bien que quiere, sino el mal que no quiere. Esto sucede en la vida de fe, observa Francisco, cuando “quiero hacer el bien, el mal está junto a mí". "Y esta es la lucha de los cristianos. Es nuestra lucha cotidiana. Y no siempre tenemos el valor de hablar como Pablo habla de esta lucha. Siempre buscamos una forma de justificación: ‘Sí, todos somos pecadores’... y lo decimos así, ¿no? Esto se explica de una manera dramática: es nuestra lucha. Y si no reconocemos esto, nunca podemos tener el perdón de Dios. Porque si el ser pecador es ser una palabra, una frase, una manera de decir, entonces no necesitamos del perdón de Dios. Pero si se trata de una realidad que nos convierte en esclavos, necesitamos de esta liberación interior del Señor, de esa fuerza. Pero lo más importante aquí es que para encontrar el camino de salida, Pablo confiesa su pecado a la comunidad, su tendencia al pecado, no lo esconde". La confesión de los pecados con humildad es lo que "la Iglesia nos pide a todos nosotros", recuerda el santo padre, que cita también la invitación de Santiago: "Confiesen sus pecados entre ustedes". Sin embargo, "no para hacer publicidad --dijo, sino-- para dar gloria a Dios", y reconocer que es "Él quien me salva". Por eso, continúo, para confesarse se va donde el hermano, "el hermano sacerdote": es para actuar como Pablo. Ante todo --subrayó-- con la misma "eficacia": "Algunas personas dicen: ‘Ah, yo me confieso con Dios'. Eso es fácil, es como confesarse por correo electrónico, ¿no? Dios está ahí lejos, digo las cosas y no hay un ‘cara a cara’, no se da un ‘cuatro ojos’. Pablo confiesa su debilidad a los hermanos cara a cara. Otros dicen: "No, yo sí voy a confesarme", pero se confiesan cosas tan etéreas, tan en el aire, que no tienen ninguna sustancia. Y eso es lo mismo que no hacerlo. Confesar nuestros pecados no es ir a una sesión de psiquiatría, ni tampoco ir a una sala de tortura, sino que es decirle al Señor: ‘Señor, soy un pecador’, pero decirlo a través del hermano, para que decirlo, sea también concreto. ‘Y yo soy un pecador por esto, por esto y por esto'". Concretizar, honestidad y también --añade Francesco-- una habilidad sincera de avergonzarse de sus propios errores: no hay sendas a la sombra, alternativas al camino que conduce al perdón de Dios para sentir en lo más profundo de mi corazón su perdón y su amor. Y aquí el papa dijo lo de imitar a los niños: "Los más pequeños tienen esa sabiduría: cuando un niño viene a confesarse, nunca dice una cosa general. ‘Padre, hice esto e hice aquello a mi tía, a aquel le dije tal palabra’ y dicen la palabra. Pero son concretos, ¿no? Tienen la sencillez de la verdad. Y nosotros siempre tenemos la tendencia a ocultar la realidad de nuestras miserias. Pero hay una cosa hermosa: cuando confesamos nuestros pecados en la presencia de Dios, siempre sentimos la gracia de la vergüenza. Avergonzarse ante Dios es una gracia. Es una gracia: "Yo me avergüenzo". Pensemos en Pedro, después del milagro de Jesús en el lago: 'Señor: aléjate de mí, que soy un pecador’. Tenía vergüenza de su pecado ante la santidad de Jesucristo". Fuente: http://www.primeroscristianos.com/index.php/noticias-del-papa/item/1423-ir-a-confesarse-no-es-ir-al-psiquiatra-ni-a-la-tortura-francisco
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    (Para leer el artículo completo, hacer click en el título) (Imagen de la izquierda: Supuesto retrato romano de Flavio Josefo. (wikimedia ) ¿Padeció bajo el poder de Poncio Pilato? De la existencia de Jesús de Nazareth no duda ningún historiador serio. Para el historiador especializado en culturas antiguas Michael Grant, ya fallecido, hay más evidencia de que existió Jesús que la que tenemos de famosos personajes históricos paganos. También James H. Charlesworth escribió: «Jesús sí existió y sabemos más de él que de cualquier palestino judío antes del 70 d.C.». E. P. Sanders en «La figura histórica de Jesús» afirma: «Sabemos mucho sobre Jesús, bastante más que sobre Juan el Bautista, Teudas, Judas el Galileo y otra de las figuras cuyos nombre tenemos de aproximadamente la misma fecha y el mismo lugar». y F.F. Bruce, autor de «¿Son fidedignos los documentos del Nuevo Testamento?», sostiene que «para un historiador imparcial, la historicidad de Cristo es tan axiomática como la historicidad de Julio César». «La muerte en cruz es el hecho histórico mejor atestiguado de la biografía de Jesús», señala a ABC Santiago Guijarro, catedrático de Nuevo Testamento de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca. Jesús no fue considerado como significativo por los historiadores de su tiempo. Si aparece en la literatura pagana y judía de la época fue por el empuje de los cristianos que le siguieron. «Ninguno de los historiadores no cristianos se propuso escribir una historia de los comienzos del cristianismo, y por esta razón sólo mencionan los acontecimientos que tenían alguna relevancia para la historia que estaban contando. Sin embargo, el valor de estos datos puntuales es muy grande», explica Guijarro en «El relato pre-marcano de la Pasión y la historia del cristianismo». El historiador norteamericano John P. Meier relata en «Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico» cómo «cuando en conversaciones con gente de la prensa y el libro (...) ésta fue casi invariablemente la primera pregunta: Pero ¿puede usted probar que existió? Si me es posible reformular una interrogación tan amplia en una más concreta como «¿Hay pruebas extrabíblicas en el siglo I d.C. de la existencia de Jesús? Entonces creo que, gracias a Josefa (Flavio Josefo), la respuesta es sí».
    Flavio Josefo (93 d.C.) El historiador judío romanizado (37 a 110 d.C.) recoge en el texto conocido como «Testimonium flavianum» de su libro «Antigüedades judías (91-94)» una referencia a Jesús que si bien se cree que fue retocada con las frases abajo entre paréntesis, se considera auténtico: «En aquel tiempo apareció Jesús, un hombre sabio, (si es lícito llamarlo hombre); porque fue autor de hechos asombrosos, maestro de gente que recibe con gusto la verdad. Y atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego. (Él era el Mesías) Y cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los principales de entre nosotros lo condenó a la cruz, los que antes le habían amado, no dejaron de hacerlo. (Porque él se les apareció al tercer día de nuevo vivo: los profestas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él) Y hasta este mismo día la tribu de los cristianos, llamados así a causa de él, no ha desaparecido». En Ant. 20.9.1. también hace referencia a «Jesús, que es llamado Mesías» al dar cuenta de la condena a Santiago a ser apedreado.
    Tácito (116 d.C.) El historiador romano (56 a 118 d.C) menciona a «Cristo» en sus «Anales» escritos hacia el año 116 d.C. al hablar sobre Nerón y el incendio de Roma en el año 64. Informa de la sospecha que existía de que el propio emperador había ordenado el fuego y recoge cómo «para acallar el rumor, Nerón creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos a los que el vulgo llamaba "crestianos", [un grupo] odiado por sus abominables crímenes. Su nombre proviene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio, fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato. Sofocada momentáneamente, la nociva superstición se extendió de nuevo, no sólo en Judea, la tierra que originó este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde convergen y se cultivan fervientemente prácticas horrendas y vergonzosas de todas clases y de todas partes del mundo». Los historiadores consideran a Flavio Josefo y Tácito como los testimonios primitivos independientes relativos al mismo Jesús más consistentes, aunque también hay otras fuentes que recogen datos sobre los primeros cristianos:
    Plinio, el joven (112 d.C.) Procónsul en Bitinia del 111 al 113 y sobrino de Plinio el Viejo. Se conservan 10 libros de cartas que escribió. En la carta 96 del libro 10 escribe al emperador Trajano para preguntarle qué debía hacer con los cristianos, a los que condenaba si eran denunciados. En ella cita tres veces a Cristo y señala que los cristianos decían que toda su culpa consistía en reunirse un día antes del alba y cantar un himno a Cristo «como a un dios»: «Decidí dejar marcharse a los que negasen haber sido cristianos, cuando repitieron conmigo una fórmula invocando a los dioses e hicieron la ofrenda de vino e incienso a tu imagen, que a este efecto y por orden mía había sido traída al tribunal junto con las imágenes de los dioses, y cuando renegaron de Cristo (Christo male dicere). Otras gentes cuyos nombres me fueron comunicados por delatores dijeron primero que eran cristianos y luego lo negaron. Dijeron que habían dejado de ser cristianos dos o tres años antes, y algunos más de veinte. Todos ellos adoraron tu imagen y las imágenes de los dioses lo mismo que los otros y renegaron de Cristo. Mantenían que la sustancia de su culpa consistía sólo en lo siguiente: haberse reunido regularmente antes de la aurora en un día determinado y haber cantado antifonalmente un himno a Cristo como a un dios. Carmenque Christo quasi deo dicere secum invicem. Hacían voto también no de crímenes, sino de guardarse del robo, la violencia y el adulterio, de no romper ninguna promesa, y de no retener un depósito cuando se lo reclamen». Trajano contestó a Plinio diciéndole que no buscara a los cristianos, pero que, cuando se les acusara, debían ser castigados a menos que se retractaran.
    Suetonio (120 d.C.) El historiador romano (70-140 d.C.) hace una referencia en su libro «Sobre la vida de los Césares» donde narra las vidas de los doce primeros emperadores romanos. En el libro V se refiere a un tal «Chrestus» al mencionar la expulsión de los judíos de Roma ordenada por el emperador Claudio: «Expulsó de Roma a los judíos que andaban siempre organizando tumultos por instigación de un tal Chrestus». La mayoría de los historiadores coinciden en que Chrestus es Cristo porque era frecuente que los paganos confundieran Christus y Chrestus y no existe ningún testimonio sobre ningún Chrestus agitador desconocido.
    En los Hechos de los Apóstoles se recoge este acontecimiento: «[Áquila y Priscila] acababan de llegar [a Corinto] desde Italia por haber decretado Claudio que todos los judíos saliesen de Roma».
    Luciano (165 d.C.) El escritor griego Luciano de Samosata satiriza a los cristianos en su obra «La muerte de Peregrino»: «Consideraron a Peregrino un dios, un legislador y le escogieron como patrón..., sólo inferior al hombre de Palestina que fue crucificado por haber introducido esta nueva religión en la vida de los hombres (...) Su primer legislador les convenció de que eran inmortales y que serían todos hermanos si negaban los dioses griegos y daban culto a aquel sofista crucificado, viviendo según sus leyes».
    Mara Bar Sarapión (Finales del siglo I) Existe una carta de Mara Ben Sarapión en sirio a su hijo en la que se refiere así a Jesús, aunque no lo menciona por su nombre: «¿Qué provecho obtuvieron los atenienses al dar muerte a Sócrates, delito que hubieron de pagar con carestías y pestes? ¿O los habitantes de Samos al quemar a Pitágoras, si su país quedó pronto anegado en arena? ¿O los hebreos al ejecutar a su sabio rey, si al poco se vieron despojados de su reino? Un dios de justicia vengó a aquellos tres sabios. Los atenienses murieron de hambre; a los de Samos se los tragó el mar; los hebreos fueron muertos o expulsados de su tierra para vivir dispersos por doquier. Sócrates no murió gracias a Platón; tampoco Pitágoras a causa de la estatua de Era; ni el rey sabio gracias a las nuevas leyes por él promulgadas».
    Celso (175 d.C.) En «Doctrina verdadera» ataca a los cristianos. Aunque no se conserva su libro, sí muchas de sus citas por la refutación que escribió Orígenes unos 70 años después.
    «Colgado» en el Talmud El gran erudito judío Joseph Klausner ya escribió a principios del s.XX que las poquísimas referencias del Talmud a Jesús son de escaso valor histórico. En el tratado Sanhedrin 43a se menciona a «Yeshú»: «Antes pregonó un heraldo. Por tanto, sólo (inmediatamente) antes, pero no más tiempo atrás. En efecto contra esto se enseña: "En la víspera de la pascua se colgó a Jesús". Cuarenta días antes había pregonado el heraldo: "Será apedreado, porque ha practicado la hechicería y ha seducido a Israel, haciéndole apostatar. El que tenga que decir algo en su defensa, venga y dígalo". Pero como no se alegó nada en su defensa, se le colgó en la víspera de la fiesta de la pascua». «Muy probablemente el texto talmúdico se limita a reaccionar contra la tradición evangélica», considera John P. Meier en «Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico»   M. Arrizabalaga para ABC Fuente: http://www.primeroscristianos.com/index.php/temas/item/1816-testimonios-no-cristianos-de-la-existencia-de-jesus-de-nazareth
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    (Para leer el artículo completo, hacer click en el título) En una entrevista con el Corriere della Sera, que LA NACION publica en forma simultánea y exclusiva, Bergoglio habla de su revolucionario primer año al frente de la Iglesia. Un año ha transcurrido desde aquel simple  buona sera  que conmovió al mundo. El lapso de doce meses tan intensos no alcanza para contener la gran masa de novedades y signos profundos de la innovación pastoral de Francisco. Nos encontramos en un pequeño salón en Santa Marta. La única ventana da a un patio que abre un minúsculo ángulo de cielo azul. El Papa aparece de improviso por una puerta, con la cara distendida y sonriente. Se divierte con los varios grabadores que la ansiedad senil del periodista colocó sobre la mesa. "¿Funcionan todos? ¿Sí? Menos mal." ¿El balance de este año? No, los balances no le gustan. "Yo sólo hago balance cada 15 días, con mi confesor."
    Santo Padre, usted cada tanto llama por teléfono a los que le piden ayuda. ¿Y algunas veces no le creen que sea usted? Sí, ya me ha pasado. Cuando uno llama es porque tiene ganas de hablar, una pregunta que hacer, un consejo que pedir. Cuando era cura en Buenos Aires, era más fácil. Y a mí me quedó esa costumbre. Es un servicio. Me sale así. Pero es cierto que ahora no es tan fácil hacerlo, dada la cantidad de gente que me escribe.
    ¿Hay alguno de esos contactos que recuerde con particular afecto? Una señora viuda de 80 años que había perdido a su hijo. Me escribió. Y ahora le pego una llamadita una vez por mes. Ella está feliz, y yo hago de cura. Me gusta.
    Respecto de su relación con su predecesor, Benedicto XVI, ¿alguna vez le pidió un consejo? Sí, el Papa emérito no es una estatua de museo. Es una institución, a la que no estábamos acostumbrados. Sesenta o setenta años atrás, la figura del obispo emérito no existía. Eso vino después del Concilio Vaticano II, y actualmente es una institución. Lo mismo tiene que pasar con el Papa emérito. Benedicto es el primero y tal vez haya otros. No lo sabemos. Él es discreto, humilde, no quiere molestar. Lo hablamos y juntos llegamos a la conclusión de que era mejor que viera gente, que saliera y participara de la vida de la Iglesia. Una vez vino hasta acá en ocasión de la bendición de la estatua de San Miguel Arcángel, después a un almuerzo en Santa Marta, y después de Navidad le devolví la invitación a participar del consistorio, y él aceptó. Su sabiduría es un don de Dios. Algunos hubiesen querido que se retirara a una abadía benedictina muy lejos del Vaticano. Y yo pensé en los abuelos, que con su sabiduría y sus consejos le dan fuerza a la familia y no merecen terminar en una casa de retiro.
    A nosotros nos parece que su modo de gobernar la Iglesia es así: usted escucha a todos y después decide solo. Un poco como el padre general de los jesuitas. ¿El Papa es un hombre solo? Sí y no, pero entiendo lo que me quiere decir. El Papa no está solo en su trabajo porque es acompañado por el consejo de muchos. Y sería un hombre solo si decidiese sin escuchar a nadie o fingiendo que escucha. Pero hay un momento, cuando se trata de decidir, de poner la firma, en el cual queda solo con su sentido de la responsabilidad.
    Usted ha innovado, ha criticado algunas actitudes del clero, ha revolucionado la curia. Con algunas resistencias y algunas oposiciones. ¿La Iglesia ya cambió como usted quería hace un año? Yo en marzo pasado no tenía ningún proyecto para cambiar la Iglesia. No me esperaba, por decirlo de alguna manera, esta transferencia de diócesis. Empecé a gobernar buscando poner en práctica todo lo que había surgido en el debate entre los cardenales de las diversas congregaciones. Y en mis acciones espero contar con la inspiración del Señor. Le doy un ejemplo. Se había hablado de la situación espiritual de las personas que trabajan en la curia, y entonces empezaron a hacer retiros espirituales. Había que darles más importancia a los ejercicios espirituales anuales: todos tienen derecho a pasar cinco días de silencio y meditación, mientras que antes en la curia se escuchaban tres rezos al día y después algunos seguían trabajando.
    ¿La ternura y la misericordia son la esencia de su mensaje pastoral? Y del Evangelio. Son el corazón del Evangelio. De lo contrario, no se entiende a Jesucristo, ni la ternura del Padre, que lo envía a escucharnos, a curarnos, a salvarnos.
    ¿Pero ese mensaje fue comprendido? Usted dijo que la "franciscomanía" no duraría mucho. ¿Hay algo de su imagen pública que no le guste? Me gusta estar entre la gente, junto a los que sufren, y andar por las parroquias. No me gustan las interpretaciones ideológicas, una cierta mitología del papa Francisco. Cuando se dice, por ejemplo, que salgo de noche del Vaticano para ir a darles de comer a los mendigos de Via Ottaviano... Jamás se me ocurriría. Sigmund Freud decía, si no me equivoco, que en toda idealización hay una agresión. Pintar al Papa como si fuese una especie de Superman, una especie de estrella, me resulta ofensivo. El Papa es un hombre que ríe, llora, duerme tranquilo y tiene amigos como todos. Es una persona normal.
    ¿Le molestó que lo acusaran de marxista , sobre todo en Estados Unidos, tras la publicación de "Evangelii Gaudium"? Para nada. Nunca compartí la ideología marxista, porque es falsa, pero conocí a muchas personas buenas que profesaban el marxismo.
    Los escándalos que perturbaron la vida de la Iglesia ya quedaron afortunadamente atrás. Sobre el delicado tema del abuso de menores, los filósofos Besancon y Scruton, entre otros, le pidieron que alce su voz contra el fanatismo y la mala fe del mundo secularizado que respeta poco a la infancia. Quiero decir dos cosas. Los casos de abusos son tremendos porque dejan heridas profundísimas. Benedicto XVI fue muy valiente y abrió el camino. Y siguiendo ese camino la Iglesia avanzó mucho. Tal vez más que nadie. Las estadísticas sobre el fenómeno de la violencia contra los chicos son impresionantes, pero muestran también con claridad que la gran mayoría de los abusos provienen del entorno familiar y de la gente cercana. La Iglesia Católica es tal vez la única institución pública que se movió con transparencia y responsabilidad. Ningún otro hizo tanto. Y, sin embargo, la Iglesia es la única en ser atacada.
    Usted dice que "los pobres nos evangelizan". La atención puesta en la pobreza, la más fuerte impronta de su mensaje, es tomada por algunos observadores como una profesión del pauperismo. El Evangelio no condena la riqueza. Y Zaqueo era rico y caritativo. El Evangelio condena el culto a la riqueza. El pauperismo es una de las interpretaciones críticas. En el Medioevo, había muchas corrientes pauperistas. San Francisco tuvo la genialidad de colocar el tema de la pobreza en el camino evangélico. Jesús dice que no se puede servir a dos amos, Dios y el dinero. Y cuando seamos juzgados al final de los tiempos (Mateo, 25), nos preguntarán por nuestra cercanía con la pobreza. La pobreza nos aleja de la idolatría y abre las puertas a la Providencia. Zaqueo entrega la mitad de sus riquezas a los pobres. Y a quienes tienen sus graneros llenos de su propio egoísmo el Señor, al final, les pedirá cuentas. Creo haber expresado bien mi pensamiento sobre la pobreza en "Evangelii Gaudium".
    Usted identifica en la globalización, sobre todo financiera, algunos de los males que sufre la humanidad. Pero la globalización sacó de la indigencia a millones de personas. Trajo esperanza, un sentimiento que no debe confundirse con el optimismo. Es cierto, la globalización salvó de la miseria a muchas personas, pero condenó a muchas otras a morir de hambre, porque con este sistema económico se vuelve selectiva. La globalización en la que piensa la Iglesia no se parece a una esfera en la que cada punto es equidistante del centro y en la cual, por lo tanto, se pierde la particularidad de los pueblos, sino que es un poliedro, con sus diversas facetas, en el que cada pueblo conserva su propia cultura, lengua, religión, identidad. La actual globalización "esférica" económica, y sobre todo financiera, produce un pensamiento único, un pensamiento débil. Y en su centro ya no está la persona humana, sólo el dinero.
    El tema de la familia es central para la actividad del consejo de los ocho cardenales. Desde la exhortación "Familiaris Consortio", de Juan Pablo II, muchas cosas cambiaron. Se esperan grandes novedades. Y usted dijo que a los divorciados no hay que condenarlos, hay que ayudarlos. Es un largo camino que la Iglesia debe completar. Un proceso que quiere el Señor. Tres meses después de mi elección, me fueron sometidos los temas para el sínodo, y nos propusimos discutir sobre cuál es el aporte de Jesús al hombre contemporáneo. Pero al final, gradualmente -que para mí es un signo de la voluntad de Dios-, se decidió discutir sobre la familia, que atraviesa una crisis muy seria. Es difícil formar una familia. Los jóvenes ya no se casan. Hay muchas familias separadas, cuyo proyecto de vida común fracasó. Los hijos sufren mucho. Y nosotros tenemos que dar una respuesta. Pero para eso hay que reflexionar mucho y en profundidad. Es eso lo que están haciendo el consistorio y el sínodo. Hay que evitar quedarse en la superficie del tema. La tentación de resolver los problemas desde la casuística es un error, una simplificación de cosas profundas. Es lo que hacían los fariseos: una teología muy superficial. Y es a la luz de esa reflexión profunda que podrán afrontarse seriamente las situaciones particulares, también la de los divorciados.
    ¿Por qué el informe del cardenal Walter Kasper en el último consistorio (un abismo entre la doctrina sobre matrimonio y familia y la vida real de muchos cristianos) generó tanta división entre los purpurados? ¿Cree que la Iglesia podrá recorrer esos dos años de fatigoso camino para llegar a un consenso amplio y sereno? El cardenal Kasper hizo una hermosa y profunda presentación, que muy pronto será publicada en alemán, en la que aborda cinco puntos, el quinto de los cuales es el de las segundas nupcias. Más me hubiese preocupado que en el consistorio no se desatara una discusión intensa, porque no habría servido de nada. Los cardenales sabían que podían decir lo que quisieran, y presentaron puntos de vista diferentes, que siempre son enriquecedores. El debate abierto y fraterno hace crecer el pensamiento teológico y pastoral. Eso no me atemoriza. Es más: lo busco.
    En un pasado reciente, era habitual referirse a "valores no negociables", sobre todo en cuestiones de bioética y de moral sexual. Usted no ha usado esa fórmula. ¿Esa elección es señal de un estilo menos preceptivo y más respetuoso de la conciencia individual? Nunca entendí la expresión "valores no negociables". Los valores son valores y basta. No puedo decir cuál de los dedos de la mano es más útil que el resto, así que no entiendo en qué sentido podría haber valores negociables. Lo que tenía para decir sobre el tema de la vida lo he dejado por escrito en "Evangelii Gaudium".
    Muchos países regularon la unión civil. Es un camino que la Iglesia puede comprender, pero ¿hasta qué punto? El matrimonio es entre un hombre y una mujer. Los Estados laicos quieren justificar la unión civil para regular diversas situaciones de convivencia, impulsados por la necesidad de regular aspectos económicos entre las personas, como, por ejemplo, la obra social. Hay que ver cada caso y evaluarlos en su diversidad.
    ¿Cómo será promovido el rol de la mujer dentro de la Iglesia? Tampoco en esto ayuda la casuística. Es verdad que la mujer puede y debe estar más presente en los puestos de decisión de la Iglesia. Pero a esto yo lo llamaría una promoción de tipo funcional. Y sólo con eso no se avanza demasiado. Más bien hay que pensar que la Iglesia lleva el artículo femenino, "la": es femenina desde su origen. El teólogo Urs von Balthasar trabajó mucho sobre este tema: el principio mariano guía a la Iglesia de la mano del principio petrino. La Virgen es más importante que cualquier obispo y que cualquiera de los apóstoles. La profundización teologal ya está en marcha. El cardenal Rylko, junto al Consejo de los Laicos, está trabajando en esta dirección con muchas mujeres expertas.
    Medio siglo después de la encíclica "Humanae Vitae", de Pablo VI, ¿puede la Iglesia retomar el tema del control de la natalidad? Todo depende de cómo sea interpretado el texto de "Humanae Vitae". El propio Pablo VI, hacia el final, recomendaba a los confesores mucha misericordia y atención a las situaciones concretas. Pero su genialidad fue profética, pues tuvo el coraje de ir contra la mayoría, de defender la disciplina moral, de aplicar un freno cultural, de oponerse al neomalthusianismo presente y futuro. El tema no es cambiar la doctrina, sino ir a fondo y asegurarse de que la pastoral tenga en cuenta las situaciones de cada persona y lo que esa persona puede hacer. También de eso se discutirá en los preliminares del sínodo.
    La ciencia evoluciona y redibuja los confines de la vida. ¿Tiene sentido prolongar la vida en estado vegetativo? ¿El testamento biológico podría ser una solución? No soy un especialista en argumentos bioéticos, y temo equivocarme en mis palabras. La doctrina tradicional de la Iglesia dice que nadie está obligado a usar métodos extraordinarios cuando alguien está en su fase terminal. Pastoralmente, en estos casos, yo siempre he aconsejado los cuidados paliativos. En casos más específicos, de ser necesario, conviene recurrir al consejo de los especialistas.
    Ferruccio de Bortoli - Corriere della sera
    Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1669312-francisco-pintar-al-papa-comosi-fuera-una-especie-de-superman-me-resulta-ofensivo
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    (Para leer el artículo completo, hacer click en el título) Las redes sociales ofrecen la posibilidad de seguir de forma sencilla y rápida grandes eventos como la JMJ de Cracovia. Francisco estará en Polonia del 27 al 31 de julio y, para no perderse ningún detalle de este viaje, vale la pena conocer los mejores tuiteros. Un perfil imprescindible es el oficial de la JMJ. Está en 9 idiomas y permite mantener contacto directo con la organización para recibir noticias, curiosidades y avisos. Además, ofrece información continua en otras redes sociales como Instagram o Foursquare, donde se comparten consejos y reseñas planes que se pueden hacer en Polonia. Además la cuenta del Papa en Twitter e Instagram se actualizará diariamente con sus mensajes y fotos de la visita. Sus seguidores aumentan considerablemente después de cada viaje. En la actualidad la cuenta de Twitter de Francisco en 9 idiomas suma casi 30 millones de seguidores. @ConElPapa fue la cuenta oficial del viaje del Papa a México y es uno de los perfiles más activos y originales para estar al tanto de lo que hace Francisco y sacar consecuencias prácticas para la vida diaria. También los obispos americanos han lanzado la cuenta "World Youth Day USA” (@WYDUSA) con propuestas especiales en Cracovia abiertas a todos los peregrinos en su "Mercy Centre”. Allí habrá catequesis, encuentros y mucha música. También vale la pena la cuenta Net for God @NetForGod, que propone vídeos y contenidos especiales para preparar la JMJ, especialmente en inglés y en francés. Hay muchas más cuentas interesantes: @CurasOnline y sus mensajes diarios que llegan a más de 50.000 seguidores; @BishopBarron, que siempre desafía con propuestas innovadoras, o @FOCUScatholic que propone buenos recursos para conocer mejor la fe. Además, Rome Reports realizará una cobertura especial de todos los actos en donde participe Francisco. Desde su viaje en avión hasta el anuncio de la sede de la próxima JMJ. Además de Twitter o Facebook, en YouTube encontrará resúmenes diarios de los principales eventos. Por supuesto, desde Primeros Cristianos también seguiremos la actualidad de esta próxima JMJ. Síganos en nuestra cuentas de Facebook y Twitter. También en inglés: Early Christians en Facebook y @1stChristians  en Twitter. El Papa llegará el miércoles 27 de julio a Polonia. Durante los casi 5 días que permanecerá allí visitará Auschwitz y los santuarios de Czestochowa y de la Divina Misericordia. También presidirá grandes eventos con los jóvenes como un Vía Crucis, una Vigilia de Oración y una Misa de clausura de la JMJ. Fuente: Primeros Cristianos.
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    (Para leer el artículo completo, hacer click en el título) Francisco ha insistido en que la alegría es compatible con “las dificultades e incluso con la hostilidad”. Francisco ha rezado con unos quince mil fieles por las víctimas de los atentados en Dacca y Bagdad y por sus familias, incluyendo también en esa plegaria la petición de que Dios “convierta el corazón de los violentos”. Acatarrado y ligeramente afónico, el Papa Francisco ha afirmado este domingo que “todos nosotros, pastores y fieles, estamos llamados a aprender cada vez mejor el arte de estar alegres”. El Santo Padre ha insistido en que la alegría es compatible con “las dificultades e incluso con la hostilidad” puesto que llega como un don para cada cristiano “por medio del Espíritu Santo”. El Papa había reconocido que los seguidores de Jesús “son conscientes de las dificultades que les esperan, incluida a veces las persecuciones”. En el mundo coexisten el bien y el mal, y Francisco ha rezado con unos quince mil fieles por las víctimas de los atentados en Dacca y Bagdad y por sus familias, incluyendo también en esa plegaria la petición de que Dios “convierta el corazón de los violentos”. A pesar del intenso calor, el número de peregrinos que participaban en el Ángelus del domingo era muy alto para el mes de julio. El Papa saludó especialmente al “grupo de jóvenes de Ibiza que se preparan para la confirmación”, y a peregrinos llegado a pie desde Ascoli Piceno, a caballo desde varios lugares de Europa incluida Cracovia, y en moto y bicicleta desde Nápoles. A pesar del catarro, el Papa estaba de muy buen humor y, citando el Evangelio del día animó a pedir a Dios “que envíe operarios a su mies”, refiriéndose a vocaciones para los movimientos, las congregaciones religiosas y el sacerdocio Fuente: http://www.primeroscristianos.com/index.php/noticias-del-papa/item/2902-el-papa-invita-a-aprender-cada-vez-mejor-el-arte-de-estar-alegres
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    (Para leer el artículo completo, hacer click en el título) DISCERNIR LA LLAMADA DE DIOS Nos lo explican los primeros escritores cristianos ¿Cómo descubrir la propia vocación, la misión para la que Dios nos ha creado? ¿Cómo conocer cuál es la voluntad de Dios para cada uno? El camino es la oración, entrar en diálogo con Él, para que nos lo pueda hacer ver. Y después, pedir consejo a quien conozca bien el itinerario. ¿Y cómo ser capaz de responder con generosidad? ¿Por qué se siente miedo y vértigo ante la llamada? ”No quieras torcer la voluntad de Dios para acomodarla a la tuya” (SAN AGUSTÍN, Siglo IV) Desde los comienzos, en el nacimiento de la Iglesia, entre los cristianos se hace frecuente entregarse totalmente al servicio del Señor: como sacerdotes, como diáconos, vírgenes… pero también existen hombres y mujeres que deciden vivir célibes (San Justino –filósofo-, San Sebastián –soldado romano-, Santa Inés, …) en medio del mundo, para dedicarse con más disponibilidad al apostolado y a la atención de los demás, o para llevar la fe a otros lugares. También en el matrimonio vivían esa entrega total al apostolado, con la disponibilidad adecuada a su estado y condición (Aquila y Priscila, etc.). Para las familias cristianas de los primeros siglos era un inmenso honor que el Señor llamara a alguno de sus miembros a su servicio. Cada familia procuraba ser un auténtico semillero de vocaciones de entrega a Dios. Hoy, quizá más que en otras épocas, el Señor necesita mucha gente entregada y totalmente disponible para sacar adelante la Iglesia. ¿Vivimos momentos de “crisis de vocaciones”? Lo que en realidad faltan son respuestas valientes a las numerosas llamadas de Dios. Procuremos seguir el ejemplo de los primeros cristianos que, con valentía, demostraron que vale la pena entregar la vida a Dios. Porque, además, Él siempre es mucho más generoso de lo que nosotros podamos ser. Reproducimos los apartados principales de un capítulo del libro Orar con los Primeros Cristianos (Gabriel Larrauri, 2011) sobre el discernimiento de la propia vocación. ¿Qué quiere Dios de mí? - Descubrir y amar su Voluntad 1. (San Clemente Romano, en el año 96, exhorta a los fieles de Corinto a amar y cumplir la voluntad de Dios en todo…) Consideremos cuán cerca está el Señor de nosotros y cómo no se le oculta ninguno de nuestros pensamientos ni de nuestras palabras. Justo es, por tanto, que no nos apartemos nunca de su voluntad. (SAN CLEMENTE ROMANO, Carta a los Corintios, 21, 1) 2. Entreguémonos con diligencia al cumplimiento de la voluntad de Dios, pongamos todo nuestro esfuerzo en practicar el bien. (SAN CLEMENTE ROMANO, Carta a los Corintios, 33) 3. Esforcémonos en guardar sus mandamientos, para que su Voluntad sea nuestra delicia. (EPÍSTOLA DE BERNABÉ, 2) 4. Ya que sabemos que con Dios no se juega, nuestro deber es caminar de una manera digna de sus mandamientos y de su voluntad. (SAN POLICARPO DE ESMIRNA, carta a los Filipenses, 3,1-5,2) 5. (San Cipriano, obispo de Cartago del 248 al 258, nos anima a pedir a Dios la gracia para poder cumplir su voluntad, que a veces nos costará aceptar, como a Cristo en la oración en el huerto de Getsemaní antes de su Pasión…) Pedimos a continuación: Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, no en el sentido de que Dios haga lo que quiera, sino de que nosotros seamos capaces de hacer lo que Dios quiere. ¿Quién, en efecto, puede impedir que Dios haga lo que quiere? Pero a nosotros sí que el diablo puede impedirnos nuestra total sumisión a Dios en sentimientos y acciones; por esto pedimos que se haga en nosotros la voluntad de Dios, y para ello necesitamos de su protección y ayuda, ya que nadie puede confiar en sus propias fuerzas, sino que la seguridad nos viene de la benignidad y misericordia divinas. Además, el Señor, dando pruebas de la debilidad humana, que él había asumido, dice: Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mi ese cáliz, Y, para dar ejemplo a sus discípulos de que hay que anteponer la voluntad de Dios a la propia, añade: Pero, no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres. (SAN CIPRIANO DE CARTAGO, Del tratado sobre el Padrenuestro, 17) 6. La voluntad de Dios es la que Cristo cumplió y enseñó. (…) El amar al Señor de todo corazón, amarlo en cuanto Padre, temerlo en cuanto Dios; el no anteponer nada a Cristo, ya que Él nada antepuso a nosotros; el mantenernos inseparablemente unidos a su amor, el estar junto a su cruz con fortaleza y confianza; (…) Esto es querer ser coherederos de Cristo, esto es cumplir el precepto de Dios y la voluntad del Padre. (SAN CIPRIANO DE CARTAGO, Del tratado sobre el Padrenuestro, 19) 7. (A veces cuando vemos que Dios nos llama, nos resistimos y luchamos. El Señor respeta nuestra libertad y espera nuestra respuesta…) Nunca debemos olvidar que nosotros no hemos de cumplir nuestra propia voluntad, sino la de Dios, tal como el Señor nos mandó pedir en nuestra oración cotidiana. ¡Qué contrasentido y qué desviación es no someterse inmediatamente al imperio de la voluntad del Señor, cuando Él nos llama…! Nos resistimos y luchamos... (SAN CIPRIANODE CARTAGO, Tratado sobre la muerte, 18, 24) 8. El camino del Reino de los cielos es la obediencia a la voluntad de Dios, no el repetir su nombre. (SAN HILARIO DE POITIERS, Tratado de los Misterios, 37) 9. (Lo único que debe importarnos de verdad en esta vida es cumplir la voluntad de Dios para nosotros…) Renunciar a la propia vida significa no buscar nunca la propia voluntad sino la voluntad de Dios, y hacer del querer divino la norma única de la propia conducta. (SAN GREGORIO DE NISA, Sobre la conducta cristiana, 47) 10. (Dios siempre quiere lo mejor para nosotros, aunque nos pueda costar. ¿Lo quieres Señor? Pues, yo también lo quiero…) En toda ocasión yo digo: «Señor, hágase tu voluntad: no lo que quiere éste o aquél, sino lo que Tú quieres que haga». Este es mi alcázar, ésta es mi roca inamovible, éste es mi báculo seguro. Si esto es lo que quiere Dios, que así se haga. (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía antes del exilio, 1-3) 11. (Hablando sobre la vocación de San Mateo…) Ya que habéis visto el poder del que llama, considerad también la obediencia del llamado. Porque Mateo no opuso ni un momento de resistencia, ni dijo, dudando: ¿Qué es esto? ¿No será una ilusión que me llame a mí, que soy un pobre hombre? Humildad, por cierto, que hubiera estado totalmente fuera de lugar. (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Sobre San Mateo, 30) 12. ¿Quiénes son los rectos de corazón? Los que quieren lo que Dios quiere [...]. No quieras torcer la voluntad de Dios para acomodarla a la tuya; corrige en cambio tu voluntad para acomodarla a la voluntad de Dios. (SAN AGUSTÍN, Comentario sobre el Salmo 93, 6) 13. Cuando decimos: Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo pedimos que el Señor nos otorgue la virtud de la obediencia, para que así cumplamos su voluntad como la cumplen sus ángeles en el cielo. (SAN AGUSTÍN, Carta a Proba, 130) 14. Tienes una tarea -nos dice san Gregorio también a nosotros-, la tarea de encontrar la verdadera luz, de encontrar la verdadera altura de tu vida. Y tu vida consiste en encontrarte con Dios, que tiene sed de nuestra sed. (BENEDICTO XVI presenta a San Gregorio Nacianceno, 22 agosto 2007) 15. Al catecúmeno, le dice: «Caíste en las redes de la Iglesia (Cf. Mateo 13,47): con vida serás cogido; no huyas; es Jesús quien te ha echado el anzuelo… Muere a los pecados y vive para Él; hazlo desde hoy» («Procatequesis» 5).   (BENEDICTO XVI, presenta a San Cirilo de Jerusalén, 20 junio 2007) Fuente: http://www.primeroscristianos.com/index.php/temas/item/2907-como-descubrir-la-propia-vocacion-la-mision-para-la-que-dios-nos-ha-creado
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    (Para leer el artículo completo, hacer click en el título) Francisco anima a la Iglesia a seguir el ejemplo de los primeros cristianos En su homilía en Casa Santa Marta, el Papa dijo que cada comunidad cristiana debe vivir en paz, dando testimonio de Dios y ayudando a los necesitados, como hacían los primeros cristianos. FRANCISCO "Porque el único que puede hacer esto es el Espíritu Santo. Esta es obra del Espíritu. La Iglesia la hace el Espíritu. El Espíritu hace la unidad. El Espíritu te impulsa hacia el testimonio. El Espíritu te hace pobre, porque Él es la riqueza y hace que tú te ocupes de los pobres”. Francisco añadió que quienes no siguen esta forma de vida, no van por el camino de Dios. EXTRACTO DE LA HOMILÍA DEL PAPA (Fuente: Radio Vaticana) "‘Tenía un solo corazón y una sola alma’. La paz. Una comunidad en paz. Esto significa que en aquella comunidad no había lugar para los chismes, para las envidias, para las calumnias, para las difamaciones. Paz. El perdón: ‘El amor lo cubría todo’. Para calificar a una comunidad cristiana sobre esto, debemos preguntarnos cómo es la actitud de los cristianos. ¿Son mansos, humildes? En esa comunidad ¿hay peleas entre ellos por el poder? ¿Peleas de envidia? ¿Hay chismes? No están por el camino de Jesucristo. Esta característica es muy importante, muy importante, porque el demonio trata de dividirnos siempre. Es el padre de la división”. "¿Es una comunidad que da testimonio de la resurrección de Jesucristo? Esta parroquia, esta comunidad, esta diócesis ¿cree verdaderamente que Jesucristo ha resucitado? O dice: ‘Sí, ha resucitado, pero de esta parte’, porque lo cree aquí solamente, con el corazón lejos de esta fuerza. Dar testimonio de que Jesús está vivo, está entre nosotros. Y así se puede verificar cómo va una comunidad”. "Primero: ¿Cómo es tu actitud o la actitud de esta comunidad con los pobres? Y segundo: Esta comunidad ¿es pobre? ¿Pobre de corazón, pobre de espíritu? ¿O pone su confianza en las riquezas? ¿En el poder? Armonía, testimonio, pobreza y atender a los pobres. Y esto es lo que Jesús explicaba a Nicodemo: este nacer desde lo Alto. Porque el único que puede hacer esto es el Espíritu. Esta es obra del opera del Espíritu. A la Iglesia la hace el Espíritu. El Espíritu hace la unidad. El Espíritu te impulsa hacia el testimonio. El Espíritu te hace pobre, porque Él es la riqueza y hace que tú te ocupes de los pobres”. http://www.romereports.com Fuente: http://www.primeroscristianos.com/index.php/noticias/item/1714-la-iglesia-debe-seguir-el-ejemplo-de-los-primeros-cristianos-papa-francisco
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    (Para leer el artículo completo, hacer click en el título) Aprovechará estas semanas para dedicarse más a la lectura, la oración y el estudio. Su descanso es, en realidad, una actividad pública menos intensa pero el Papa sigue trabajando desde Casa Santa Marta. Es verano en Roma y también el Papa se toma sus vacaciones... Aunque son unas vacaciones al "estilo Francisco”. Su descanso es, en realidad, una actividad pública menos intensa pero el Papa sigue trabajando desde Casa Santa Marta. Su horario no cambia. Continúa despertándose poco antes de las cinco de la mañana. Sin embargo, estas semanas aprovechará para dedicarse más a la lectura, la oración y el estudio. Seguramente también preparará los discursos para sus próximos viajes. No habrá audiencia general de los miércoles durante el mes de julio pero sí rezo del Ángelus desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico. Recibirá a algunos grupos y visitas en el Vaticano pero su agenda no será tan intensa como el resto del año. Sin embargo, este mes de julio no será como el de otros años. Del 27 al 31 viajará a Polonia para clausurar la Jornada Mundial de la Juventud. Será un viaje importante en el que visitará además el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau y el Santuario de la Divina Misericordia. Agosto también comenzará con un viaje, aunque esta vez de un solo día y dentro de Italia. El Papa visitará Asís para conmemorar el 800 aniversario del llamado "perdón de Asís”. Se trata de la posibilidad de ganar la indulgencia plenaria durante los dos primeros días de agosto para todos los peregrinos que visiten una iglesia franciscana y las parroquias de Asís. En agosto también vuelve la audiencia general de los miércoles que se celebrará en el Aula Pablo VI para evitar el intenso calor de Roma. Ya en septiembre, el Papa volverá a celebrar la misa diaria en Casa Santa Marta en compañía de peregrinos y retomará su habitual ritmo cotidiano. Rome Reports Fuente: http://www.primeroscristianos.com/index.php/noticias-del-papa/item/2905-el-papa-comienza-sus-particulares-vacaciones-con-la-agenda-repleta
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    (Para leer el artículo completo, hacer click en el título)  Sala situada en el piso alto de la casa donde Cristo celebró la última Cena; del latín coenaculum; en griego anogeon, anágaion mega o hiperoon, que indican sala superior con distintos matices; en árabe `uliyya, que significa lo mismo; la traducción hebrea es tardía y tiene el mismo sentido: `aliyyáh.   "Una habitación en el piso de arriba, grande, ya lista y dispuesta" La víspera de la fiesta de Pascua, como Jesús sabía que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin (Jn 13, 1). Estas palabras solemnes de san Juan, que resuenan con familiaridad en nuestros oídos, nos introducen en la intimidad del Cenáculo.                 (Imagen de la izquierda: Jerusalén en el año 70 y la Ciudad Vieja en la actualidad. Gráfico: J. Gil) ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua? (Mc 14, 12), habían preguntado los discípulos. Id a la ciudad —respondió el Señor— y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidle, y allí donde entre decidle al dueño de la casa: «El Maestro dice: "¿Dónde tengo la sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?"» Y él os mostrará una habitación en el piso de arriba, grande, ya lista y dispuesta. Preparádnosla allí (Mc 14, 13-15). Conocemos los acontecimientos que sucedieron después, durante la Última Cena del Señor con sus discípulos: la institución de la Eucaristía y de los Apóstoles como sacerdotes de la Nueva Alianza; la discusión entre ellos sobre quién se consideraba el mayor; el anuncio de la traición de Judas, del abandono de los discípulos y de las negaciones de Pedro; la enseñanza del mandamiento nuevo y el lavatorio de los pies; el discurso de despedida y la oración sacerdotal de Jesús... El Cenáculo sería ya digno de veneración solo por lo que ocurrió entre sus paredes aquella noche, pero además allí el Señor resucitado se apareció en dos ocasiones a los Apóstoles, que se habían escondido dentro con las puertas cerradas por miedo a los judíos (Cfr. Jn 20, 19-29); la segunda vez, Tomás rectificó su incredulidad con un acto de fe en la divinidad de Jesús: ¡Señor mío y Dios mío! (Jn 20, 28). Los Hechos de los Apóstoles nos han transmitido también que la Iglesia, en sus orígenes, se reunía en el Cenáculo, donde vivían Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago de Alfeo y Simón el Zelotes, y Judas el de Santiago. Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y con María, la madre de Jesús, y sus hermanos (Hch 1, 13-14). El día de Pentecostés, en aquella sala recibieron el Espíritu Santo, que les impulsó a ir y predicar la buena nueva. (Imagen de la izquierda: Panorámica de Jerusalén desde la vertiente oriental del torrente Cedrón, junto al monte de los Olivos. En el lado izquierdo de la imagen, se recorta la cúpula y la torre de la basílica de la Dormición. Firma: Leobard Hinfelaar) Los evangelistas no aportan datos que permitan identificar este lugar, pero la tradición lo sitúa en el extremo suroccidental de Jerusalén, sobre una colina que empezó a llamarse Sión solo en época cristiana. Originalmente, este nombre se había aplicado a la fortaleza jebusea que conquistó David; después, al monte del Templo, donde se custodiaba el Arca de la Alianza; y más tarde, en los salmos y los libros proféticos de la Biblia, a la entera ciudad y sus habitantes; tras el destierro en Babilonia, el término adquirió un significado escatológico y mesiánico, para indicar el origen de nuestra salvación. Recogiendo este sentido espiritual, cuando el Templo fue destruido en el año 70, la primera comunidad cristiana lo asignó al monte donde se hallaba el Cenáculo, por su relación con el nacimiento de la Iglesia. Recibimos testimonio de esta tradición a través de san Epifanio de Salamina, que vivió a finales del siglo IV, fue monje en Palestina y obispo en Chipre. Relata que el emperador Adriano, cuando viajó a oriente en el año 138, «encontró Jerusalén completamente arrasada y el templo de Dios destruido y profanado, con excepción de unos pocos edificios y de aquella pequeña iglesia de los Cristianos, que se hallaba en el lugar del cenáculo, adonde los discípulos subieron tras regresar del monte de los Olivos, desde el que el Salvador ascendió a los cielos. Estaba construida en la zona de Sión que sobrevivió a la ciudad, con algunos edificios cercanos a Sión y siete sinagogas, que quedaron en el monte como cabañas; parece que solo una de estas se conservó hasta la época del obispo Máximo y el emperador Constantino» (San Epifanio di Salamina, De mensuris et ponderibus, 14). (Imagen de la derecha: Saliendo de la ciudad por la puerta de Sión, una calle conduce al Cenáculo —hacia la izquierda— y a la basílica de la Dormición —hacia la derecha—. Firma: Leobard Hinfelaar) Este testimonio coincide con otros del siglo IV: el transmitido por Eusebio de Cesarea, que elenca veintinueve obispos con sede en Sión desde la era apostólica hasta su propio tiempo; el peregrino anónimo de Burdeos, que vio la última de las siete sinagogas; san Cirilo de Jerusalén, que se refiere a la iglesia superior donde se recordaba la venida del Espíritu Santo; y la peregrina Egeria, que describe una liturgia celebrada allí en memoria de las apariciones del Señor resucitado. Por diversas fuentes históricas, litúrgicas y arqueológicas, sabemos que durante la segunda mitad del siglo IV la pequeña iglesia fue sustituida por una gran basílica, llamada Santa Sión y considerada la madre de todas las iglesias. Además del Cenáculo, incluía el lugar de la Dormición de la Virgen, que la tradición situaba en una vivienda cercana; también conservaba la columna de la flagelación y las reliquias de san Esteban, y el 26 de diciembre se conmemoraba allí al rey David y a Santiago, el primer obispo de Jerusalén. Se conoce poco de la planta de este templo, que fue incendiado por los persas en el siglo VII, restaurado posteriormente y de nuevo dañado por los árabes. Los cruzados Cuando los cruzados llegaron a Tierra Santa, en el siglo XII, reconstruyeron la basílica y la llamaron Santa María del Monte Sión. En la nave sur de la iglesia estaba el Cenáculo, que seguía teniendo dos pisos, cada uno dividido en dos capillas: en el superior, las dedicadas a la institución de la Eucaristía y la venida del Espíritu Santo; y en el inferior, las del lavatorio de los pies y las apariciones de Jesús resucitado. En esta planta se colocó un cenotafio —monumento funerario en el que no está el cadáver del personaje al que se dedica— en honor de David. Reconquistada la Ciudad Santa por Saladino en 1187, la basílica no sufrió daños, e incluso se permitieron las peregrinaciones y el culto. Sin embargo, esta situación no duró mucho: en 1244, la iglesia fue definitivamente destruida y solo se salvó el Cenáculo, cuyos restos han llegado hasta nosotros.     (imagen de la izquierda: En la planta baja se conserva parte del claustro del convento franciscano del siglo XIV. En la imagen se aprecian, en el primer piso, las tres ventanas del Cenáculo. Firma: Alfred Driessen)   La sala gótica actual data del siglo XIV y se debe a la restauración realizada por los franciscanos, sus dueños legítimos desde 1342. Los frailes se habían hecho cargo del santuario siete años antes y habían edificado un convento junto al lado sur. En la fecha citada, por bula papal, quedó constituida la Custodia de Tierra Santa y les fue cedida la propiedad del Santo Sepulcro y el Cenáculo por los reyes de Nápoles, que a su vez la habían adquirido al Sultán de Egipto. No sin dificultades, los franciscanos habitaron en Sión durante más de dos siglos, hasta que fueron expulsados por la autoridad turca en 1551. Ya antes, en 1524, les había sido usurpado el Cenáculo, que quedó convertido en mezquita con el argumento de que allí se encontraría enterrado el rey David, considerado profeta por los musulmanes. Así permaneció hasta 1948, cuando pasó a manos del estado de Israel, que lo administra todavía. Se accede al Cenáculo a través de un edificio anexo, subiendo unas escaleras interiores y atravesando una terraza a cielo abierto. Se trata de una sala de unos 15 metros de largo y 10 de ancho, prácticamente vacía de adornos y mobiliario. Varias pilastras en las paredes y dos columnas en el centro, con capiteles antiguos reutilizados, sostienen un techo abovedado. En las claves quedan restos de relieves con figuras de animales; en particular, se reconoce un cordero. (Imagen de la izquierda: En una de las claves son visibles los restos de un cordero. Firma: Alfred Driessen) Algunos añadidos son evidentes, como la construcción hecha en 1920 para la plegaria islámica en la pared central, que tapa una de las tres ventanas, o un baldaquino de época turca sobre la escalera que lleva al nivel inferior; este dosel se apoya en una columnita cuyo capitel es cristiano, pues está adornado con el motivo eucarístico del pelícano que alimenta a sus crías. La pared de la izquierda conserva partes que se remontan a la era bizantina; a través de una escalera y una puerta, se sube a la pequeña sala donde se recuerda la venida del Espíritu Santo. En el lado opuesto a la entrada, hay una salida hacia otra terraza, que comunica a su vez con la azotea y se asoma al claustro del convento franciscano del siglo XIV. En la actualidad no es posible el culto en el Cenáculo. Solamente el beato Juan Pablo II gozó del privilegio de celebrar la Santa Misa en esta sala, el 23 de marzo de 2000. Cuando Benedicto XVI viajó a Tierra Santa en mayo de 2009, rezó allí el Regina coeli junto con los Ordinarios del país. Debido a la existencia del cenotafio en honor de David, que se veneraba como la tumba del rey bíblico, muchos judíos acuden al nivel inferior para rezar ante ese monumento. La presencia cristiana en el monte Sión pervive en la basílica de la Dormición de la Virgen —que incluye una abadía benedictina— y el convento de San Francisco. La primera fue construida en 1910 sobre unos terrenos que obtuvo Guillermo II, emperador de Alemania; la cúpula del santuario, con un tambor muy esbelto, se distingue desde muchos puntos de la ciudad. En el convento franciscano, fundado en 1936, se encuentra el Cenacolino o iglesia del Cenáculo, el lugar de culto más cercano a la sala de la Última Cena. ¿Qué distingue esta noche de todas las noches? Fijaos ahora en el Maestro reunido con sus discípulos, en la intimidad del Cenáculo. Al acercarse el momento de su Pasión, el Corazón de Cristo, rodeado por los que Él ama, estalla en llamaradas inefables (Amigos de Dios, 222). Ardientemente había deseado que llegara esa Pascua (Cfr. Lc 22, 15), la más importante de las fiestas anuales de Israel, en la que se revivía la liberación de la esclavitud en Egipto. Estaba unida a otra celebración, la de los Ácimos, en recuerdo de los panes sin levadura que el pueblo debió tomar durante su huida precipitada del país del Nilo. Aunque la ceremonia principal de aquellas fiestas consistía en una cena familiar, esta poseía un carácter religioso fuerte: «era conmemoración del pasado, pero, al mismo tiempo, también memoria profética, es decir, anuncio de una liberación futura» (Benedicto XVI, Exhort. apost. Sacramentum caritatis, 10). (Imagen de la derecha: La sala del Cenáculo conserva la arquitectura gótica con que fue restaurada en el siglo XIV. En la fotografía, hecha desde la zona de la entrada, se ve la construcción para la plegaria musulmana en el muro de la derecha, y la escalera y la puerta que conducen a la capilla de la venida del Espíritu Santo en la pared del fondo. Firma: Jasón Harman (www.jasonharman.com) Durante esa celebración, el momento decisivo era el relato de la Pascua o hagadá pascual. Empezaba con una pregunta del más joven de los hijos al padre: —¿Qué distingue esta noche de todas las noches? La respuesta daba ocasión para narrar con detalle la salida de Egipto. El cabeza de familia tomaba la palabra en primera persona, para simbolizar que no solo se recordaban aquellos hechos, sino que se hacían presentes en el ritual. Al terminar, se entonaba un gran cántico de alabanza, compuesto por los salmos 113 y 114, y se bebía una copa de vino, llamada de la hagadá. Después, se bendecía la mesa, empezando por el pan ácimo. El principal lo tomaba y daba un trozo a cada uno con la carne del cordero. Una vez tomada la cena, se retiraban los platos y todos se lavaban las manos para continuar la sobremesa. La conclusión solemne se comenzaba sirviendo el cáliz de bendición, una copa que contenía vino mezclado con agua. Antes de beberlo, el que presidía, puesto en pie, recitaba una larga acción de gracias. Al tener la Última Cena con los Apóstoles en el contexto del antiguo banquete pascual, el Señor lo transformó y le dio su sentido definitivo: «en efecto, el paso de Jesús a su Padre por su muerte y su resurrección, la Pascua nueva, es anticipada en la Cena y celebrada en la Eucaristía que da cumplimiento a la pascua judía y anticipa la pascua final de la Iglesia en la gloria del Reino» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1340). (Imagen de la izquierda: Sala donde se recordaba la venida del Espíritu Santo. Se abre muy pocas veces al año; por ejemplo, el día de Pentecostés. Firma: Marie-Armelle Beaulieu/CTS) Cuando el Señor en la Última Cena instituyó la Sagrada Eucaristía, era de noche (...). Se hacía noche en el mundo, porque los viejos ritos, los antiguos signos de la misericordia infinita de Dios con la humanidad iban a realizarse plenamente, abriendo el camino a un verdadero amanecer: la nueva Pascua. La Eucaristía fue instituida durante la noche, preparando de antemano la mañana de la Resurrección (Es Cristo que pasa, 155). En la intimidad del Cenáculo, Jesús hizo algo sorprendente, totalmente inédito: tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: —Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros. Haced esto en memoria mía (Lc 22, 19). Sus palabras expresan la radical novedad de esta cena con respecto a las anteriores celebraciones pascuales. Cuando pasó el pan ácimo a los discípulos, no les entregó pan, sino una realidad distinta: esto es mi cuerpo. «En el pan partido, el Señor se reparte a sí mismo (...). Al agradecer y bendecir, Jesús transforma el pan, y ya no es pan terrenal lo que da, sino la comunión consigo mismo» (Benedicto XVI, Homilía de la Misa in Cena Domini, 9-IV-2009). Y al mismo tiempo que instituyó la Eucaristía, donó a los Apóstoles el poder de perpetuarla, por el sacerdocio. También con el cáliz Jesús hizo algo de singular relevancia: tomó del mismo modo el cáliz, después de haber cenado, y se lo pasó diciendo: —Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros (Lc 22, 20). Ante este misterio, el beato Juan Pablo II planteaba: «¿Qué más podía hacer Jesús por nosotros? Verdaderamente, en la Eucaristía nos muestra un amor que llega "hasta el extremo" (Jn 13, 1), un amor que no conoce medida. Este aspecto de caridad universal del Sacramento eucarístico se funda en las palabras mismas del Salvador. Al instituirlo, no se limitó a decir "Éste es mi cuerpo", "Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre", sino que añadió "entregado por vosotros... derramada por vosotros" (Lc 22, 19-20). No afirmó solamente que lo que les daba de comer y beber era su cuerpo y su sangre, sino que manifestó su valor sacrificial, haciendo presente de modo sacramental su sacrificio, que cumpliría después en la cruz algunas horas más tarde, para la salvación de todos» (Beato Juan Pablo II, Litt. enc. Ecclesia de Eucharistia, 17-IV-2003, 11-12). Benedicto XVI, dirigiéndose a los Ordinarios de Tierra Santa en el mismo lugar de la Última Cena, enseñaba: «en el Cenáculo el misterio de gracia y salvación, del que somos destinatarios y también heraldos y ministros, solo se puede expresar en términos de amor» (Benedicto XVI, Rezo del Regina Coeli con los Ordinarios de Tierra Santa): el de Dios, que nos ha amado primero y se ha quedado realmente presente en la Eucaristía, y el de nuestra respuesta, que nos lleve a entregarnos generosamente al Señor y a los demás. Ante Jesús Sacramentado —¡cómo me gusta hacer un acto de fe explícita en la presencia real del Señor en la Eucaristía!—, fomentad en vuestros corazones el afán de transmitir, con vuestra oración, un latido lleno de fortaleza que llegue a todos los lugares de la tierra, hasta el último rincón del planeta donde haya un hombre que gaste generosamente su existencia en servicio de Dios y de las almas (Amigos de Dios, 154). Fuente: http://www.primeroscristianos.com/index.php/tierra-santa/item/2857-el-cenaculo-jerusalen-el-lugar-de-la-ultima-cena
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    (Para leer el artículo completo, hacer click en el título) El Papa Francisco explicó durante la audiencia general en qué consiste el "don del Consejo”. Dijo que es un don que "ilumina nuestro corazón y nos hace más sensibles a la voz del Espíritu”. "En los momentos delicados necesitamos personas sabias y que nos quieran bien, Dios mismo nos aconseja en nuestro interior en la intimidad con él y a través de la voz y el testimonio de los hermanos". Para recibir esta gracia el Papa recomendó rezar también de un modo directo y personal porque así se llega a una intimidad más profunda con Dios. RESUMEN DE LA CATEQUESIS DEL PAPA EN ESPAÑOL: Hoy consideramos el don de consejo. Éste es el don con el que el Espíritu Santo nos ayuda a tomar decisiones en nuestra vida concreta, siguiendo la lógica de Jesús y su Evangelio. Ilumina nuestro corazón y nos hace más sensibles a la voz del Espíritu, para que en nuestros pensamientos, sentimientos e intenciones no nos dejemos llevar del egoísmo o de nuestro modo de ver las cosas, sino de lo que Dios quiere. Al mismo tiempo, nos lleva a conformarnos cada vez más con Jesús, como modelo de nuestro obrar. ¿Qué podemos hacer para ser más dóciles a este don de Consejo? La condición esencial es la oración. Gracias a la intimidad con Dios y a la escucha de su Palabra va madurando en nosotros una sintonía con el Señor, que nos lleva a preguntarnos constantemente: ¿Qué es lo que el Señor desea? ¿Qué es lo que a él le gusta? ¿Cuál es su voluntad? Por otra parte, el don de consejo, como los demás dones, constituye un tesoro para toda la comunidad cristiana. Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, México, Guatemala, Colombia, Perú, Uruguay, Venezuela, Argentina y otros países latinoamericanos. Que la intercesión de la Virgen María, en este mes de mayo, nos ayude a vivir nuestra vida cristiana con más docilidad a la voz y al amor del Espíritu Santo. Muchas gracias, que Dios los bendiga y la Virgen los cuide. Fuente:  Primeros Cristianos.
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    (Para leer el artículo completo, hacer click en el título) «En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén» Cada vez que nos santiguamos llevamos a la práctica una gran lección de teología en la vida diaria: ponemos la cruz de Cristo desde nuestra cabeza a nuestro corazón y del hombro izquierdo al derecho, para que Jesús bendiga nuestros pensamientos, nuestros amores y el trabajo de nuestras manos, a la vez que invocamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, tres personas distintas en la unidad de un solo Dios verdadero. La historia de la señal de la cruz tiene su origen en un pasado tan lejano como Tertuliano, el padre de la iglesia primitiva que vivió entre los años 160 a 220 d.C. Tertuliano escribió, “En todos nuestros viajes y movimientos, en todas nuestras salidas y llegadas, al ponernos nuestros zapatos, al tomar un baño, en la mesa, al prender nuestras velas, al acostarnos, al sentarnos, en cualquiera de las tareas en que nos ocupemos, marcamos nuestras frentes con el signo de la cruz.” Originalmente, se trazaba una pequeña cruz en la frente con el pulgar o un dedo. Mientras que resulta difícil señalar exactamente cuándo se cambió el trazo de la pequeña cruz en la frente a la moderna práctica de trazar una larga cruz desde la frente hasta el pecho y de hombro a hombro, lo que si sabemos es que este cambio ocurrió por el siglo XI d.C., cuando el Libro de Oración del Rey Enrique menciona una instrucción de “marcar con la santa cruz los cuatro lados del cuerpo.” La señal de la Cruz en la vida del cristiano Hacer la señal de la cruz, santiguarse, es una costumbre cristiana que tiene sus raíces en los primeros tiempos de la Iglesia, como vemos en los textos que aparecen a continuación… 1. Haced la señal de la cruz al comer, al beber, cuando os sentáis y cuando os acostáis, y para decirlo en una palabra, en todos tiempos y en todas ocasiones. (SAN CIRILO DE JERUSALÉN, Catequesis 4, 3) 2. En todas las cosas de nuestra religión nos valemos de la señal de la cruz. Por esto la cruz se llama signo, porque usamos de ella con el fin de que no se acerque mal alguno que nos infecte.  (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Sobre la adoración de la preciosa Cruz, 257) 3. Que nadie se avergüence de los símbolos sagrados de nuestra salvación [...]; llevemos mas bien por todas partes, como una corona, la Cruz de Cristo. Todo, en efecto, entra en nosotros por la Cruz. Cuando hemos de regenerarnos, allí esta presente la Cruz; cuando nos alimentamos de la mística comida; cuando se nos consagra ministros del altar; cuando se cumple cualquier otro misterio, allí esta siempre este símbolo de victoria. De ahí el fervor con que lo inscribimos y dibujamos, en nuestras casas, sobre las paredes, sobre las ventanas, sobre nuestra frente y en el corazón. Porque este es el signo de nuestra salvación, el signo de la libertad del genero humano, el signo de la bondad de Dios para con nosotros (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre San Mateo, 54) 4. Todos los suplicios parecen crueles, pero sólo el de la cruz atrae maldición: Maledictus a Deo est qui pendet in ligno (Deut. 21, 23). Pero he aquí que lo que era maldición se ha convertido en objeto de amor y de deseo. No hay mejor joya en la corona imperial que la cruz que la remata [...]. En las casas, en las calles, en el desierto, en los caminos, en los montes, en las cascadas, en las colinas, en el mar, en el bosque, en las islas, en los lechos y en los vestidos, en las armas y en los talamos, en los convites y en los vasos religiosos, en las joyas y en las paredes decoradas, en los cuerpos de los animales enfermos, en los cuerpos de los hombres posesos, en la guerra, en la paz, en el día y en la noche..., todos buscan su inefable gracia. Nadie se avergüenza de este signo de la cruz. (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre San Mateo, 54) 5. La cruz nos trae admirable utilidad: ella nos sirve de arma saludable y es un escudo impenetrable contra los ataques del demonio. Armémonos con la cruz en la guerra que nos hace, no llevándola solamente como estandarte, sino sufriendo los trabajos que son el verdadero aparato de la cruz. (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre la Epístola a los Filipenses, 13, 355) 6. Los fieles tienen la costumbre de armarse con la señal de la santa cruz, y nosotros nos hemos servido siempre de ella para destruir los enredos y celadas del demonio y resistir a sus ataques, porque consideramos la cruz como un muro impenetrable; en ella ponemos toda nuestra gloria, y creemos que nos procura la salud: por esto el grande Doctor, San Pablo, escribe que sentiría gloriarse en otra cosa que no fuese la cruz de Jesucristo. (SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, Sobre Isaías, 4,  6) 7. (Jesús…) Caminaba hacia el lugar donde iba a ser sacrificado llevando su Cruz. Gran espectáculo; pero si lo mira la impiedad, gran burla; si lo mira la piedad, gran misterio; si lo mira la impiedad, prueba de ignominia enorme; si lo mira la piedad, gran fundamento de nuestra fe; si lo mira la impiedad, se reirá viendo al Rey llevar un leño en lugar de un cetro; si lo mira la piedad, verá que el Rey lleva el madero donde ha de ser clavado, el mismo madero que después será colocado en la frente de los reyes. Despreciado ante los ojos de los impíos en lo mismo que se glorían después los corazones de los santos. Pablo habrá de decir: Lejos de mí gloriarme como no sea en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo (Gal 6, 14). Cargaba sobre sus hombros la misma Cruz y llevaba en alto el candelero de esa antorcha que ha de arder sin que se coloque debajo del celemín. (SAN AGUSTÍN, Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 117) 8. El madero en que están fijos los miembros del hombre que muere, es también la cátedra del maestro que enseña. (SAN AGUSTÍN, Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 119) Fuente:  “ORAR CON LOS PRIMEROS CRISTIANOS” Gabriel Larrauri Aguirre Fuente:  http://www.primeroscristianos.com/index.php/temas/item/2904-la-senal-de-la-cruz-santiguarse-cuando-nacio-esta-costumbre
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    Los invitamos a unirnos en oración en la Hora Santa  de adoración eucarística todos los primeros lunes de cada mes a las 5 de la tarde en la capilla del Santísimo.
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    Los esperamos todos los miércoles a las 4.30 de la tarde en el templo para el rezo del rosario.
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    (Si desea leer la noticia completa, haga click en el título) El manuscrito más antiguo de los Ejercicios Espirituales ha sido restaurado. Acompañado de anotaciones a mano de Ignacio de Loyola, el manuscrito fue presentado en una conferencia de la Universidad Gregoriana en Roma. Melania Zanetti de la Università Cattolica del Sacro Cuore explicó el minucioso proceso de la restauración del manuscrito. El proyecto fue financiado por la Fundación Gondra-Barandiarán de Getxo, de Vizcaya,  una provincial del País Vasco. La restauración fue diseñada por Carlo Federici del Ca 'Foscari de la Universidad de Venecia y el “Vatican School of Library Science”. La restauración  fue encargada por el Archivum Romanum Societatis Iesu donde el manuscrito se encuentra ahora protegido. (Fuente: Noticias Curia Jesuita de Roma) Fuente: Noticias para los amigos/Jesuitas del Perú/jesuitas.pe https://mail.google.com/mail/u/0/#inbox/1548815259b04cc1
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    (Si desea leer la noticia completa, haga click en el título) El Voluntariado MAGIS viene desarrollando Talleres de Formación en Lima y provincias sobre temas como liderazgo y el manejo de conductas para mejorar la capacidad de trabajo y colaboración. El domingo 24 de abril se desarrolló el taller de formación sobre el tema del acompañamiento a voluntarios y la identidad ignaciana del MAGIS. Al mismo tiempo se dieron pautas sobre cómo trabajar con niños y niñas en situación de vulnerabilidad. Este taller fue dirigido por el P. Miguel Arrieta SJ y la coordinadora nacional del voluntariado MAGIS, la Srta Sonia Távara. Talleres similares se han desarrollado en Arequipa y Ayacucho. Por otro lado el sábado 30 de abril se realizó el primer taller de capacitación del semestre para voluntarios de Lima. El tema fue “Manejo de conductas: cómo reaccionan los niños y qué hacer”, a cargo de la psicóloga Kathleen Siu. Estos talleres de capacitación buscan brindar herramientas a los jóvenes voluntarios que trabajan con niños en situación de vulnerabilidad en siete zonas de Lima. Habrá en total seis talleres a lo largo de todo este año. (Fuente: P. Miguel Arrieta SJ) Fuente: Noticias para los amigos/Jesuitas del Perú/jesuitas.pe https://mail.google.com/mail/u/0/#inbox/1548815259b04cc1
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    (Si desea leer la noticia, haga click en el título) Del miércoles 27 al domingo 1º de mayo jóvenes sacerdotes y hermanos de la Compañía de Jesús se dieron cita en el Colegio de la Inmaculada para desarrollar un taller sobre la lectura de los balances económicos dirigidos por el P. Gerardo Aste SJ, además de estar presentes en la reunión semestral de neo sacerdotes y hermanos en formación, a la espera de los últimos Votos, con la participación del P. Provincial Juan Carlos Morante SJ. Fuente: Noticias para los amigos/Jesuitas del Perú/jesuitas.pe: https://mail.google.com/mail/u/0/#inbox/15478a263a0c1030
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    (Si desea leer la noticia completa, haga click en el título) El jesuita y poeta estadounidense Daniel J. Berrigan SJ, reconocido activista contra la guerra de Vietnam que le llevó a ser encarcelado, falleció este sábado en Nueva York a los 94 años, informó  The New York Times. Su muerte fue confirmada por el reverendo James Martin SJ, sacerdote jesuita y editor general de la revista America, una revista católica nacional publicada por los jesuitas, según el diario neoyorquino. El padre Berrigan falleció en Murray-Weigel Hall, la enfermería jesuita en la Universidad de Fordham en el Bronx. El sacerdote jesuita fue reconocido en la década de 1960 como un intelectual católico progresista que luchaba en contra de la guerra.
    (Fuente: Noticias La Nación) Noticias para los amigos/Jesuitas del Perú/ jesuitas.pe: https://mail.google.com/mail/u/0/#inbox/15478a263a0c1030
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    (Si desea leer el artículo completo, haga click en el título) El pueblo cristiano siempre ha sentido la necesidad de la mediación de María,  canal de la gracia: se multiplican así a lo largo de los siglos las devociones marianas, tanto litúrgicas coma populares. Sin embargo, entre las devociones a María, con el paso de los años, una se destaca claramente: el Santo Rosario, el ejercicio piadoso por excelencia en honor de la Santísima Virgen María, Madre de Dios. ANTECEDENTES HISTÓRICOS En la antigüedad, los romanos y los griegos solían coronar con rosas a las estatuas que representaban a sus dioses como símbolo del ofrecimiento de sus corazones. La palabra rosario significa "corona de rosas". Siguiendo esta tradición, las mujeres cristianas que eran llevadas al martirio por los romanos, marchaban por el Coliseo vestidas con sus ropas más vistosas y con sus cabezas adornadas de coronas de rosas, como símbolo de alegría y de la entrega de sus corazones al ir al encuentro de Dios. Por la noche, los cristianos recogían sus coronas y por cada rosa, recitaban una oración o un salmo por el eterno descanso del alma de las mártires. ORIGEN Y DESARROLLO En la Edad Media, se saluda a la Virgen María con el título de rosa, símbolo de la alegría. El bienaventurado Hermann le dirá: «Alégrate, Tú, la misma belleza. / Yo te digo: Rosa, Rosa», y en un manuscrito francés medieval se lee: «cuando la bella rosa María comienza a florecer, el invierno de nuestras tribulaciones se desvanece y el verano de la eterna alegría comienza a brillar». Se adornan las imágenes de la Virgen con una «corona de rosas» y se canta a María como «jardín de rosas» (en latín medieval rosarium); así se explica la etimología del nombre que ha llegado a nuestros días. En esa época, los que no sabían recitar los 150 salmos del Oficio divino los sustituían por 150 Avemarías, acompañadas de genuflexiones, sirviéndose para contarlas de granos enhebrados por decenas o de nudos hechos en una cuerda. A la vez se meditaba y se predicaba la vida de la Virgen. En el s. XIII, en Inglaterra, el abad cisterciense Étienne de Sallai escribe unas meditaciones en donde aparecen 15 gozos de Nuestra Señora, terminando cada una de ellas con un Avemaría. Sin entrar en una discusión crítico-histórica pormenorizada sobre los detalles del origen último del Rosario en su estructura actual, podemos afirmar que es, sin duda, Santo Domingo de Guzmán el hombre que en su época más contribuyó a la formación del Rosario y a su propagación, no sin inspiración de Santa María Virgen. Motivo fue el extenderse la herejía albigense, a la que combatió, «no con la fuerza de las armas, sino con la más acendrada fe en la devoción del Santo Rosario, que fue el primero en propagar, y que personalmente y por sus hijos llevó a los cuatro ángulos del mundo...» (León XIII, Enc. Supremi apostolatus, 1 sept. 1883). A finales del s. XV los dominicos Alain de la Rochelle en Flandes, Santiago de Sprenger y Félix Fabre en Colonia, dan al Rosario una estructura similar a la de hoy: se rezan cinco o quince misterios, cada uno compuesto por diez Avemarías. Se estructura la contemplación de los misterios, que se dividen en gozosos, dolorosos y gloriosos, repasando así en el ciclo semanal los hechos centrales de la vida de Jesús y de María, como en un compendio del año litúrgico y de todo el Evangelio. Por último se fija el rezo de las letanías, cuyo origen en la Iglesia es muy antiguo. La devoción al Rosario adquirió un notable impulso en tiempos de León XIII añadiéndose a las letanías lauretanas la invocación «Reina del Santísimo Rosario». En los últimos tiempos ha contribuido de manera especial a la fundamentación y propagación de esta devoción mariana los hechos milagrosos de Lourdes y Fátima: «la misma Santísima Virgen, en nuestros tiempos, quiso recomendar con insistencia esta práctica cuando se apareció en la gruta de Lourdes y enseñó a aquella joven la manera de rezar el Rosario. ESTRUCTURA La forma típica y plenaria del rezo del Rosario, con 150 Avemarías, se ha distribuido en tres ciclos de misterios, gozosos, dolorosos y gloriosos a lo largo de la semana, dando lugar a la forma habitual del rezo de cinco decenas de Avemarías, contemplando cinco misterios -diarios (la costumbre suele asignar al domingo, miércoles y sábado los gloriosos; los gozosos al lunes y jueves y los dolorosos al martes y viernes), rezándose al final de los cinco misterios las letanías lauretanas. Juan Pablo II añadió el ciclo de misterios luminosos los jueves. Los tres grupos de misterios nos recuerdan los tres grandes misterios de la salvación. El misterio de la Encarnación nos lo evocan los gozos de la Anunciación, de la Visitación, de la Natividad del Señor, su Presentación en el templo y la Purificación de su Madre y, por último, su encuentro entre los doctores en el Templo. El misterio de la Redención está representado por los diversos momentos de la Pasión: la oración y agonía en el huerto de Getsemaní, la flagelación, la coronación de espinas, el camino del Calvario con la Cruz a cuestas y la crucifixión. El misterio de la vida eterna nos lo evoca la Resurrección del Señor, su Ascensión, Pentecostés, la Asunción de María y su Coronación como Reina. «Todo el Credo pasa, pues, ante nuestros ojos, no de una manera abstracta, con fórmulas dogmáticas, sino de una manera concreta en la vida de Cristo, que desciende a nosotros y sube a su Padre para conducirnos a Él. Es todo el dogma cristiano, en toda su profundidad y esplendor, para que podamos de esta manera y todos los días, comprenderlo, saborearlo y alimentar nuestra alma con él» (R. Garrigou-Lagrange, La Madre del Salvador y nuestra vida interior, 3 ed. Buenos Aires 1954, 261). Juan Pablo II  incluyó en el rezo del Rosario los Misterios de Luz, que incluye varias escenas de la vida de Jesús que faltaban por considerar: el Bautismo, las Bodas de Caná, el Anuncio del Reino, la Transfiguración y la institución de la Eucaristía. INSTITUCIÓN DE LA FIESTA DEL SANTO ROSARIO El 7 de octubre de 1571 se llevó a cabo la batalla naval de Lepanto, en la cual los cristianos vencieron a los turcos. Los cristianos sabían que si perdían esta batalla, su religión podía peligrar y por esta razón confiaron en la ayuda de Dios a través de la intercesión de la Santísima Virgen. El Papa San Pío V pidió a los cristianos rezar el rosario por la flota. Días más tarde llegaron los mensajeros con la noticia oficial del triunfo cristiano. Posteriormente, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre. Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de Octubre (día en que se había ganado la batalla). Actualmente se celebra la fiesta del Rosario el 7 de Octubre y algunos dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes. J. Ferrer Serrate , M. Garcia Miralles (Ger) Fuente: http://www.primeroscristianos.com/index.php/temas/item/2302-mes-de-mayo-historia-del-rosario
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    (Si desea leer la noticia completa, haga click en el título) Celebramos con júbilo los 50 años en la Compañía de Jesús del P. Alfredo del Risco SJ, jesuita y miembro del cuerpo de bomberos voluntarios al servicio de Dios, la educación y las personas más necesitadas. Ingresó a la Compañía de Jesús en 1966, hizo sus dos años de noviciado en Huachipa, sus estudios de Humanidades en Universidad Católica y sus estudios de Teología en la Facultad de Teología de Lima. Luego de su Tercera Probación ha trabajado en varias áreas educativas tanto en el Colegio de la Inmaculada como en los colegios Fe y Alegría, además ser Brigadier General CBP del Cuerpo de Bomberos del Perú, Ministro de la Comunidad de Fátima en Miraflores y fundador de la enfermería de los jesuitas del Perú. Actualmente es Ministro de la Comunidad de San Pedro Canisio y Director de la Enfermería de la Delegación de las Casas Internacionales de Roma.   Publicado en Noticias para los amigos - Jesuitas del Perú - jesuitas.pe Fuente: https://mail.google.com/mail/u/0/#inbox/1538bbdc0271fb3e
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    (Si desea leer la noticia completa, haga click en el título) El jueves 17 la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM) inauguró el Año Académico 2016. A las 10:30 am, el P. Provincial Juan Carlos Morante SJ presidió la concelebración Eucarística en la Iglesia San Lucas. A las 11:30 am, ya en el Auditorio Vicente Santuc  SJ, el profesor Hildebrando Pérez Grande tuvo la Lección Inaugural: "José María Arguedas entre el jet y la calandria". Luego, las palabras del Rector, P. Ernesto Cavassa SJ, y la Inauguración del Año Académico, a cargo del P. Provincial. Después de la ceremonia, se sirvió un Vino de honor. Fuente: https://mail.google.com/mail/u/0/#inbox/1538bbdc0271fb3e
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    (Si desea leer el artículo completo, haga click en el título) La Virgen María gastaría muchas horas de su día en las labores domésticas Dice San Lucas en su Evangelio que el ángel Gabriel fue enviado por Dios a Nazaret (cfr. Lc 1, 26), a una virgen llamada María, para anunciarle que iba a ser la madre del Mesías que todos los judíos esperaban, el Salvador. Hace unos dos mil años Nazaret era una aldea desconocida para casi todos los habitantes de la tierra. En ese momento la Roma imperial brillaba llena de esplendor. Había muchas ciudades prósperas en las orillas del Mediterráneo. El bullicio de mercaderes y marineros inundaba muchas calles y plazas de ciudades portuarias o emporios comerciales. Nazaret, en cambio, era un puñado de pobres casas clavadas en unos promontorios de roca en la Baja Galilea. Ni siquiera en su región tenía una gran importancia. A algo más de dos horas de camino a pie se podía llegar a la ciudad de Séforis, donde se concentraba la mayor parte de la actividad comercial de la zona. Era una ciudad próspera, con ricas construcciones y un cierto nivel cultural. Sus habitantes hablaban griego y tenían buenas relaciones con el mundo intelectual greco-latino. En cambio, en Nazaret vivían unas pocas familias judías, que hablaban en arameo. La mayor parte de sus habitantes se dedicaban a la agricultura y la ganadería, pero no faltaba algún artesano como José, que con su ingenio y esfuerzo prestaba un buen servicio a sus conciudadanos haciendo trabajos de carpintería o herrería. La casa de María La casa de María era modesta, como la de sus vecinos. Tenía dos habitaciones. La interior, era una cueva que servía como granero y despensa. Tres paredes de adobe o mampostería adosadas a la roca delante de esa habitación interior sostenían un entramado de ramas, maderas y hojas que servía de techo, y formaban la habitación exterior de la casa. La luz entraba por la puerta. Allí tenían algunos útiles de trabajo y pocos muebles. Gran parte de la vida de familia se hacía fuera, a la puerta de la casa, tal vez a la sombra de una parra que ayudaría a templar el calor del verano. Casi todos sus vecinos tenían una casa similar. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz parte del antiguo Nazaret. En las casas se aprovechaban las numerosas cuevas que presenta el terreno para acondicionar en ellas sin realizar muchas modificaciones alguna bodega, silo o cisterna. El suelo se aplanaba un poco delante de la cueva, y ese recinto se cerraba con unas paredes elementales. Posiblemente las familias utilizarían el suelo de esa habitación para dormir. Oraciones de la mañana La jornada comenzaba con la salida del sol. Alguna oración sencilla, como el Shemá, y enseguida se iniciaba la dura faena. El Shemá es una oración, tomada de la Biblia, que comienza en hebreo por esa palabra, y dice así: “Shemá Israel (Escucha Israel), el Señor nuestro Dios es uno solo Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma  y con todas tus fuerzas. Guarda en tu corazón estas palabras que hoy te digo. Incúlcaselas a tus hijos y háblales de ellas estando en casa o yendo de viaje, acostado o levantado. Átalas a tu mano como signo, ponlas en tu frente como señal. Escríbelas en las jambas de tu casa y en tus puertas” (Dt 6, 4-9). Preparación de la comida Una de las primeras tareas a realizar cada jornada, después de la oración, era la preparación del pan, alimento básico de cada día. Para eso, María, como solían hacer las mujeres, comenzaría por moler el grano de trigo o cebada para hacer la harina. Se han encontrado algunos molinos domésticos, de piedra, de la época de nuestro Señor, que se utilizaban para esta tarea. Después la harina se mezclaba con agua y un poco de sal para formar la masa, a la que se añadía —excepto durante la fiesta de la Pascua— una pizca de levadura. Con la masa fermentada se hacían unas tortas muy delgadas, o unos panecillos, que se cocían en el horno o enterrados en unas brasas, y se comían recién hechos. La comida de cada día sería bastante parecida a la que conocemos actualmente en las regiones mediterráneas. El pan se partía con la mano, sin utilizar cuchillo, y se tomaba solo o con aceite, y acompañado por vino, leche, fruta, y cuando era posible por algo de carne o pescado. La leche se solía guardar en odres hechos con pieles de cabra cosidas, y se bebía directamente de los mismos. Lo más probable es que casi siempre al tomarla estuviese ácida. De la leche también se obtenían la mantequilla y el queso, que eran alimentos básicos allí donde había ganados, como en Galilea. Otro elemento importante en la alimentación de aquellas gentes era el aceite. Y también se tomaban las aceitunas conservadas en salmuera. El aceite se llevaba incluso cuando se iba de viaje, en unas botellitas planas de arcilla de forma parecida a una cantimplora. También era frecuente beber vino, que solía ser fuerte, y por eso se tomaba habitualmente rebajado con agua, y a veces mezclado con algunas especias, o endulzado con miel. Entre los guisos más habituales estaban los de garbanzos o lentejas. Las verduras más conocidas eran las habas, los guisantes, los puerros, las cebollas, los ajos, y los pepinos. La carne que más se solía comer era la de cordero o cabra, y algo la de gallina. Las frutas más habituales eran los higos, los dátiles, las sandías y las granadas. Las naranjas, hoy tan abundantes en aquella zona, todavía no eran conocidas en la Galilea en la que vivió Santa María. Antes de comer cada día, se solían recitar unas oraciones para dar gracias a Dios por los alimentos recibidos de su bondad. La bendición de la mesa se hacía más o menos en estos términos: “Benditos seas, Señor, Dios nuestro, rey del Universo, que nos has dado hoy para comer el pan, fruto de la tierra”. Y se respondía: “Amén”. Transporte del agua y lavado de la ropa Para la preparación de la comida, un trabajo duro que era necesario realizar cada día era el transporte del agua. La fuente de Nazaret estaba a cierta distancia, algo más de quince minutos andando desde las casas de la aldea. Posiblemente María iría allí cada mañana a llenar su cántaro, y regresaría a su hogar cargándolo sobre la cabeza, como es costumbre en la zona, para seguir su trabajo. Y algunos días tal vez tuviera que volver a sus inmediaciones en otros momentos del día, para lavar la ropa. La ropa que tendría que lavar María sería la que utilizaban ella, José y Jesús. La vestimenta habitual estaba compuesta por un vestido o túnica interior, amplia, que solía ser de lino. Caía hasta las rodillas o pantorrillas. Podía ser sin mangas o con mangas hasta la mitad del brazo. La túnica se ceñía al cuerpo con una especia de faja, hecha con una franja larga y ancha de lino, que se enrollaba varias veces alrededor del cuerpo, pero no siempre ajustada de modo liso, sino que en algunas de esas vueltas se formaban pliegues, que podían utilizarse para llevar el dinero. Sobre la túnica se llevaba el vestido exterior, o manto, de forma cuadrada o redondeada, que habitualmente era de lana. La mayor parte de los días de María fueron, sin duda, totalmente normales. Gastaba muchas horas en las tareas domésticas: preparación de la comida, limpieza de la casa y de la ropa, e incluso ir tejiendo la lana o el lino y confeccionando la ropa necesaria para su familia. Llegaría agotada al final del día, pero con el gozo de quien sabe que esas tareas aparentemente sencillas tienen una eficacia sobrenatural maravillosa, y que haciendo bien su trabajo estaba realizando una tarea de primera magnitud en la obra de la Redención. Escrito por  Francisco Varo Sábado, 30 Abril 2016 00:00
    Fuente: http://www.primeroscristianos.com/index.php/blogs/francisco-varo-pineda/item/1362-un-dia-en-la-vida-de-la-virgen
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    (Si desea leer el artículo completo, hacer click en el título) 8:00 p m| 28 abr 16 (AGENCIAS/BV).- Amoris Laetitia está dedicada al amor. Basta prestar atención al subtítulo: “sobre el amor en la familia”. En la introducción, dice que los dos capítulos centrales (IV y V) son los que están “dedicados al amor”. Al mismo tiempo, al inicio del capítulo IV, después de resumir la doctrina sobre el matrimonio y la familia, afirma con contundencia: “Todo lo dicho no basta para manifestar el evangelio del matrimonio y de la familia si no nos detenemos especialmente a hablar de amor”. Y en torno al gran tema del amor, hay dos grandes preocupaciones del Papa con respecto al matrimonio que atraviesan todo el documento: i) Desarrollar una “pedagogía del amor que no ignore la sensibilidad actual de los jóvenes”, y que los oriente hacia el matrimonio, tocando sus fibras más íntimas, “allí donde son más capaces de generosidad, de compromiso y de amor. ii) Más acentuado aún el eje que busca estimular el crecimiento del amor de los esposos. Por eso Francisco destaca que más importante que una pastoral de los fracasos es el esfuerzo pastoral para consolidar los matrimonios y prevenir rupturas. Y para eso es clave percatarse de sus limitaciones, dificultades, luchas y desafíos. ————————————————————————— El asunto es que “el amor matrimonial no se cuida ante todo hablando de la indisolubilidad como una obligación, o repitiendo una doctrina, sino afianzándolo gracias a un crecimiento constante bajo el impulso de la gracia” (134). Nunca “podremos alentar un camino de fidelidad y de entrega recíproca si no estimulamos el crecimiento, la consolidación y la profundización del amor conyugal y familiar” (89). Entonces el gran objetivo es alentar “acciones pastorales tendientes a ayudar a los matrimonios a crecer en el amor” (208), desarrollar “ante todo una pastoral del vínculo, donde se aporten elementos que ayuden tanto a madurar el amor como a superar los momentos duros” (211). Del mismo modo, “la espiritualidad matrimonial es una espiritualidad del vínculo habitado por el amor divino” (315). Francisco insiste a diestra y siniestra que “todo esto se realiza en un camino de permanente crecimiento. Esta forma tan particular de amor que es el matrimonio, está llamada a una constante maduración” (134). Nos recuerda que “el amor que no crece comienza a correr riesgos, y sólo podemos crecer respondiendo a la gracia divina con más actos de amor, con actos de cariño más frecuentes, más intensos, más generosos, más tiernos, más alegres” (134). En ese camino del amor no se excluyen la sexualidad y el erotismo, ya que “Dios mismo creó la sexualidad, que es un regalo maravilloso” (150) y la dimensión erótica del amor es “don de Dios que embellece el encuentro de los esposos” (152). Francisco asombra a muchos al decir que la unión sexual es “camino de crecimiento en la vida de la gracia para los esposos” (74). Por lo tanto, la educación y maduración de la sexualidad conyugal “no es la negación o destrucción del deseo sino su dilatación y su perfeccionamiento” (149). Invitando a los esposos a hacer renacer el amor en cada nueva etapa, les insiste que “de ningún modo hay que resignarse a una curva descendente, a un deterioro inevitable, a una soportable mediocridad” (232). El amor conyugal tiene que “renacer, reinventarse y empezar de nuevo hasta la muerte” (124). Si no captamos y aplicamos esos dos grandes ejes, se nos escaparán las grandes preocupaciones del Sínodo y del Papa: Todo a la luz del amor El capítulo IV, especialmente dedicado al amor conyugal, contiene una gran riqueza orientada a estimular el cuidado y el crecimiento de ese amor. Partiendo de una exégesis existencial del himno al amor (1 Cor 13, 4-7) el Papa busca todas las motivaciones y consejos posibles en orden a lograr ese gran objetivo. El lenguaje práctico, cercano, esperanzador y existencial, nunca antes visto en el Magisterio, convierte a este capítulo en una preciosa ayuda para el camino de maduración en la caridad conyugal. Lo mismo podemos decir de lo que desarrolla en el capítulo VI sobre las crisis matrimoniales (231-240) o sobre la espiritualidad que propone en el Capítulo IX. Pero el tema del amor atraviesa todos los capítulos. También cuando habla de la fecundidad procreativa (cap. V), se preocupa por situar esta temática a la luz del amor y como consecuencia de él. Por eso explica que el hijo “está presente desde el inicio del amor como una característica esencial que no puede ser negada sin mutilar el mismo amor. Desde el comienzo, el amor rechaza todo impulso de cerrarse en sí mismo, y se abre a una fecundidad que lo prolonga más allá de su propia existencia” (80). Pero es interesante advertir que en este capítulo, después de hablar con mucha ternura del amor en el embarazo y del amor de los padres, se detiene a hablar de otras formas de fecundidad que tiene el amor, propias de una familia abierta al pueblo. Ese es el sentido del poema de Mario Benedetti, que recoge allí: “Si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos” (181). En esta misma línea, el capítulo II, que describe la situación actual de las familias, pone el acento en algo que afecta directamente al amor, que es la “cultura de lo provisorio”. Lamenta “la velocidad con la que las personas pasan de una relación afectiva a otra. Creen que el amor, como en las redes sociales, se puede conectar o desconectar a gusto del consumidor e incluso bloquear rápidamente… Se traslada a las relaciones afectivas lo que sucede con los objetos y el medio ambiente: todo es descartable, cada uno usa y tira, gasta y rompe, aprovecha y estruja mientras sirva. Después adiós” (39). En el capítulo III, dedicado a la doctrina, retoma la enseñanza de Evangelii Gaudium sobre el primer anuncio, anuncio “de amor y de ternura” a la luz del cual “nuestra enseñanza sobre el matrimonio y la familia no puede dejar de inspirarse y de transfigurarse”, de manera que la enseñanza sobre la familia no se vuelva “una mera defensa de una doctrina fría y sin vida”. Es el anuncio “del infinito amor del Padre, que se manifestó en Cristo” (59). Aun en el capítulo VIII, dedicado a quienes viven en situaciones irregulares, se detiene a proponerles el camino del amor misericordioso con los demás, la “via caritatis”, porque “la caridad fraterna es la primera ley de los cristianos” (306) y “el amor cubre multitud de pecados” (1 Pe 4, 8). Allí recuerda que “siempre se debe poner especial cuidado en destacar y alentar los valores más altos y centrales del Evangelio, particularmente el primado de la caridad como respuesta a la iniciativa gratuita del amor de Dios” (311). Como vemos, toda la exhortación es una propuesta de amor. En el capítulo IX, donde propone una “espiritualidad del vínculo”, muestra la experiencia del amor familiar como un camino místico: “Una comunión familiar bien vivida es un verdadero camino de santificación en la vida ordinaria y de crecimiento místico, un medio para la unión íntima con Dios. Porque las exigencias fraternas y comunitarias de la vida en familia son una ocasión para abrir más y más el corazón” (316). Al mismo tiempo, sostiene que “el amor social, reflejo de la Trinidad, es en realidad lo que unifica el sentido espiritual de la familia y su misión fuera de sí” (324). Situaciones irregulares Con respecto a las situaciones “irregulares”, el Papa recuerda que el camino de la Iglesia “es siempre el camino de Jesús, el de la misericordia y de la integración… es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero… Porque la caridad verdadera siempre es inmerecida, incondicional y gratuita. Entonces hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y hay que estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición” (296). Este capítulo se refiere a todas las posibles situaciones “irregulares”. Pero al hablar concretamente de los divorciados en nueva unión, recuerda que “pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un adecuado discernimiento personal y pastoral”. Así “puede comprenderse que no debía esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa general de tipo canónica, aplicable a todos los casos. Sólo cabe un nuevo aliento a un responsable discernimiento personal y pastoral de los casos particulares” (298.300). Este discernimiento “debería reconocer que, puesto que el grado de responsabilidad no es igual en todos los casos, las consecuencias o efectos de una norma no necesariamente deben ser siempre las mismas” (300). No se puede aplicar a todos exactamente la misma vara, y en la nota al pie Francisco explica: “Tampoco en lo referente a la disciplina sacramental, puesto que el discernimiento puede reconocer que en una situación particular no hay culpa grave”. En este punto ya se abre una posibilidad de acceso a los sacramentos, concretamente cuando un discernimiento reconozca que “no hay culpa grave”. Luego explica que esto puede ocurrir debido a los condicionamientos que viven las personas y a las circunstancias atenuantes, de las cuales ya hablaba el Catecismo al indicar que diversos factores psíquicos o sociales pueden disminuir y hasta reducir al mínimo la culpabilidad de la persona (CCE 1735 y 2352). El Papa afirma que, a causa de estos condicionamientos “ya no es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada ´irregular’ viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante” (301). Es decir, un divorciado en nueva unión puede estar limitado en sus posibilidades de tomar otra decisión y volver atrás, por lo cual su culpabilidad está disminuida. Por consiguiente, aunque esté en una situación irregular, no está privado de la gracia de Dios. Si es así, podría confesarse y comulgar. El gran paso que se da aquí es que se admite que un discernimiento pastoral desde el fuero interno pueda tener consecuencias prácticas en el ámbito externo, en la aplicación de la disciplina de la Iglesia. Algunos objetan que esto de los condicionamientos no vale para los divorciados en nueva unión porque ellos saben perfectamente que su situación no responde a lo que la Iglesia enseña, o que en todo caso bastaría con hacerles ver que están viviendo en pecado. Pero el Papa explica que “los límites no tienen que ver solamente con un eventual desconocimiento de la norma. Un sujeto, aun conociendo bien la norma, puede tener una gran dificultad para comprender ‘los valores inherentes a la norma’ o puede estar en condiciones concretas que no le permiten obrar de manera diferente y tomar otras decisiones sin una nueva culpa. Como bien expresaron los Padres sinodales, puede haber factores que limitan la capacidad de decisión” (301). Se habla de sujetos que “no están en condiciones sea de comprender, de valorar o de practicar plenamente las exigencias objetivas de la ley” (295). En otro párrafo lo reafirma con fuerza: “Un juicio negativo sobre una situación objetiva no implica un juicio sobre la imputabilidad o la culpabilidad de la persona involucrada… En determinadas circunstancias, las personas encuentran grandes dificultades para actuar en modo diverso. El discernimiento pastoral, aun teniendo en cuenta la conciencia rectamente formada de las personas, debe hacerse cargo de estas situaciones. Tampoco las consecuencias de los actos realizados son necesariamente las mismas en todos los casos” (302). Por si quedaran dudas, vuelve a afirmarlo más adelante: “A causa de los condicionamientos o factores atenuantes, es posible que, en medio de una situación objetiva de pecado -que no sea subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno- se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia” (305). Y en la nota al pie agrega: “En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos. Por eso, ‘a los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor’: EG 44. Igualmente destaco que la Eucaristía ‘no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles’: EG 47”. Está claro que no se refiere simplemente a dos que están bajo el mismo techo, pero que viven castamente como hermanos, porque el Papa habla aquí de una “situación objetiva de pecado”. Sin embargo, comprende que ellos no pueden tomar otra decisión sin sentir que cometen una nueva culpa, porque exponen a los hijos de la unión a una ruptura familiar y a provocarles un enorme daño. Por esto se puede decir que están condicionados en su capacidad de decisión y por consiguiente esta situación no los priva de la vida de la gracia santificante. Esto supone, por supuesto, que lleven una vida cristiana comprometida y generosa, que sean honestos en su trabajo, etc. A veces nos cuesta asumir estos desafíos, nos cuesta arriesgar optando por la misericordia gratuita, porque quizás preferimos que todo sea claro, bien reglamentado, “blanco o negro” (305). El Papa reconoce que “a veces nos cuesta mucho dar lugar en la pastoral al amor incondicional de Dios. Ponemos tantas condiciones a la misericordia que la vaciamos de sentido concreto y de significación real, y esa es la peor manera de licuar el Evangelio. Es verdad, por ejemplo, que la misericordia no excluye la justicia y la verdad, pero ante todo tenemos que decir que la misericordia es la plenitud de la justicia y la manifestación más luminosa de la verdad de Dios” (311). En este punto, el Papa retoma una afirmación de la Comisión Teológica Internacional que invita a no encerrar a Dios en nuestros limitados esquemas. Por ello, siempre conviene considerar “inadecuada cualquier concepción teológica que en último término ponga en duda la omnipotencia de Dios y, en especial, su misericordia” (311). No un permiso sino un camino Pero no se trata de un permiso rápido que otorga un sacerdote. Es un camino que hace la persona, o la pareja, en diálogo con el sacerdote. El Papa utiliza palabras muy fuertes al decir que “nos cuesta dejar espacio a la conciencia de los fieles, que muchas veces responden lo mejor posible al Evangelio en medio de sus límites y pueden desarrollar su propio discernimiento ante situaciones donde se rompen todos los esquemas. Estamos llamados a formar las conciencias, pero no a pretender sustituirlas” (37). También dice que el discernimiento pastoral debe hacerse cargo de estas situaciones “teniendo en cuenta la conciencia rectamente formada de las personas” (302). Se trata de un itinerario de discernimiento “que orienta a estos fieles a la toma de conciencia de su situación ante Dios. La conversación con el sacerdote, en el fuero interno, contribuye a la formación de un juicio correcto sobre aquello que obstaculiza la posibilidad de una participación más plena en la vida de la Iglesia y sobre los pasos que pueden favorecerla y hacerla crecer” (300). En este proceso, que puede ser largo, “la conciencia puede reconocer no sólo que una situación no responde objetivamente a la propuesta general del Evangelio. También puede reconocer con sinceridad y honestidad aquello que, por ahora, es la respuesta generosa que se puede ofrecer a Dios, y descubrir con cierta seguridad moral que esa es la entrega que Dios mismo está reclamando en medio de la complejidad concreta de los límites, aunque todavía no sea plenamente el ideal objetivo” (303). Es decir, siempre hay algo que se puede ofrecer a Dios. Cuando no se puede todo, siempre es posible dar algún paso, ofrecer algo más como respuesta su amor. El discernimiento ayuda a encontrar siempre “los posibles caminos de respuesta a Dios y de crecimiento en medio de los límites. Por creer que todo es blanco o negro a veces cerramos el camino de la gracia y del crecimiento, y desalentamos caminos de santificación que dan gloria a Dios. Recordemos que un pequeño paso, en medio de grandes límites humanos, puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente correcta de quien transcurre sus días sin enfrentar importantes dificultades” (305). Por todo lo dicho, hay que recordar también que este discernimiento nunca se cierra, sino que permanece abierto a ulteriores desarrollos y a una respuesta siempre más plena a Dios, según la “ley de la gradualidad”. Algunas posibles objeciones Este pedido del Papa, que llama a los pastores a tener en cuenta los condicionamientos que pueden disminuir la culpabilidad de las personas, no pretende negar que la situación de la nueva unión no responde objetivamente al proyecto de Dios sobre el matrimonio indisoluble. Pero suelen aparecer otras objeciones contra la posibilidad de que algunos divorciados en nueva unión puedan acceder a la comunión eucarística. Veamos algunas de ellas. 1) Una de las objeciones plantea que no puede recibir la Eucaristía quien no expresa en su propia vida y en sus relaciones el misterio de la unión entre Cristo y la Iglesia, y que esa unión se contradice especialmente cuando se ha formado una nueva unión después de un divorcio. Ante este tipo de argumentaciones el Papa dice que hay formas de unión que realizan el ideal del matrimonio “al menos de modo parcial y análogo. Los Padres sinodales expresaron que la Iglesia no deja de valorar los elementos constructivos en aquellas situaciones que todavía no corresponden o ya no corresponden a su enseñanza sobre el matrimonio” (292). Al mismo tiempo, el Papa dice que esa analogía entre la pareja marido-mujer y Cristo-Iglesia es “una analogía imperfecta” (73) y que la pareja siempre es un “signo imperfecto” (72). Por ello, “no conviene confundir planos diferentes: no hay que arrojar sobre dos personas limitadas el tremendo peso de tener que reproducir de manera perfecta la unión que existe entre Cristo y su Iglesia” (122). Es particularmente elocuente en el punto 2 del documento, cuando rechaza que se deriven “conclusiones excesivas de algunas reflexiones teológicas”. Más bien recuerda que “cuanto más se desciende a lo particular, tanto más aumenta la indeterminación. Es verdad que las normas generales presentan un bien que nunca se debe desatender ni descuidar, pero en su formulación no pueden abarcar absolutamente todas las situaciones particulares… Por ello, un pastor no puede sentirse satisfecho sólo aplicando leyes morales a quienes viven en situaciones irregulares” (305). 2) Muchas veces se ha utilizado el texto de 1 Cor 11, 17-34 para decir que, si se permitiera a algún divorciado vuelto a casar la posibilidad de comulgar, eso sería recibir la Eucaristía “indignamente”. Pero al comentar ese texto, el Papa invita a no “descuidar su sentido más inmediato y directo, que es marcadamente social” (185). Concretamente, allí san Pablo está hablando del ágape que en la antigüedad se realizaba unido a la celebración de la Eucaristía, y constataba que los ricos comían sus manjares mientras los hermanos pobres de la comunidad se quedaban mirándolos. Eran esos ricos insensibles los que recibían indignamente la Eucaristía, por no reconocer que formaban un solo cuerpo con los hermanos pobres. Por lo tanto, concluye el Papa: “Este texto bíblico es una seria advertencia para las familias que se encierran en su propia comodidad y se aíslan, pero más particularmente para las familias que permanecen indiferentes ante el sufrimiento de las familias pobres y más necesitadas. La celebración eucarística se convierte así en un constante llamado para «que cada cual se examine» (v. 28) en orden a abrir las puertas de la propia familia a una mayor comunión con los descartables de la sociedad, y, entonces sí, recibir el Sacramento del amor eucarístico que nos hace un sólo cuerpo […] Cuando quienes comulgan se resisten a dejarse impulsar en un compromiso con los pobres y sufrientes, o consienten distintas formas de división, de desprecio y de inequidad, la Eucaristía es recibida indignamente.” (186) 3) Otros insisten en que necesariamente los divorciados en nueva unión deben separarse o vivir “como hermanos”. Francisco, retomando Familiaris Consortio, dice que “la Iglesia reconoce situaciones en que «cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, -como, por ejemplo, la educación de los hijos- no pueden cumplir la obligación de la separación»” (298). Allí mismo, en una nota al pie, se muestra muy comprensivo de las dificultades concretas de esas parejas y explica que “en estas situaciones, muchos, conociendo y aceptando la posibilidad de convivir «como hermanos» que la Iglesia les ofrece, destacan que si faltan algunas expresiones de intimidad «puede poner en peligro no raras veces el bien de la fidelidad y el bien de la prole» (Gaudium et spes, 51)”. Particularmente cuando uno de los dos no es creyente o practicante, se dan situaciones en que el otro no puede exigirle una convivencia “como hermanos” para evitar el riesgo de infidelidad y de abandono que afectaría a los hijos. 4) En situaciones como la descrita, algunos plantean que debe existir un firme propósito de evitar toda intimidad conyugal. Respondiendo a esta posición, en el punto 311, al referirse al amor incondicional de Dios “en la pastoral” aparece otra nota al pie de página en la cual se desarrolla una importantísima afirmación de san Juan Pablo II: “Quizás por escrúpulo, oculto detrás de un gran deseo de fidelidad a la verdad, algunos sacerdotes exigen a los penitentes un propósito de enmienda sin sombra alguna, con lo cual la misericordia se esfuma debajo de la búsqueda de una justicia supuestamente pura. Por ello, vale la pena recordar la enseñanza de san Juan Pablo II, quien afirmaba que la previsibilidad de una nueva caída ‘no prejuzga la autenticidad del propósito’: Carta al Card. William W. Baum, 22 marzo 1996, 5”. De este modo, Francisco orienta a los sacerdotes para que acepten el propósito de enmienda de la persona que se acerca a la confesión, aun cuando se pueda prever una nueva caída. Esto debería tenerse en cuenta también en los casos en que los divorciados vueltos a casar intenten vivir “como hermanos” y por debilidad caen reiteradamente. Vemos así que el amor incondicional de Dios expresado “en la pastoral” (311) tiene importantes consecuencias prácticas. El Papa invita “a los pastores a escuchar con afecto y serenidad, con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas y de comprender su punto de vista, para ayudarles a vivir mejor y a reconocer su propio lugar en la Iglesia” (312). 5) En algunos artículos hay quienes, pretendiendo interpretar el documento, afirman que el Papa mismo ha negado toda posibilidad de “excepciones” y que todo sigue igual a lo que afirmaba Familiaris Consortio, sin cambio alguno ni en la doctrina ni en la praxis. Porque parten de una lectura parcial del punto 300, donde se pide “evitar el grave riesgo de mensajes equivocados, como la idea de que algún sacerdote puede conceder rápidamente ‘excepciones'” (300). Olvidan que el texto dice “rápidamente”, con lo cual re refiere a la rapidez irresponsable con que algunos evitan un discernimiento serio. Al cuestionar esta rapidez superficial, el Papa pide que se eviten facilismos que no respetan ni la seriedad del asunto ni la dignidad de la personas. Se trata de un proceso de discernimiento que toma en cuenta las distintas situaciones y que necesita tiempo. Pero es claro que Francisco, respondiendo a una pregunta que le hicieron en el viaje de regreso de Lesbos, sostuvo que en este tema realmente “hay nuevas posibilidades concretas que no existían antes de la publicación de la Exhortación” (esa era la pregunta precisa), y recomendó leer la explicación que dio el Cardenal Schönborn en la presentación del documento, donde éste afirmó que “se puede dar también la ayuda de los sacramentos en casos de situaciones irregulares”. Entonces, parece ridículo decir que no ha cambiado nada. 6) Hay sacerdotes que afirman que a partir de ahora todo será lo mismo, y que se terminará admitiendo a la comunión a todos los divorciados en nueva unión. Pero el Papa es claro al decir que no es todo igual. Afirma que hay algunas situaciones que deben ser consideradas con apertura y misericordia, como la de quien sufrió un abandono injusto o la de quien hace mucho tiempo formó una segunda unión con nuevos hijos, pero también dice que “otra cosa es la nueva unión que viene de un reciente divorcio, con todas las consecuencias de sufrimiento y de confusión que afectan a familias enteras, o la situación de alguien que reiteradamente ha fallado a sus compromisos familiares” (298). A los pastores les corresponde una tarea delicada de discernir “bien las situaciones” (ibíd). 7) Finalmente, algunos simplemente no están de acuerdo, por más explicaciones que se den. A veces son sacerdotes, pero también pueden ser laicos que exigen a sus pastores una pastoral rígida y sin matices. El Papa no ignora que existen estas posturas, y por ello se expresa así: “Comprendo a quienes prefieren una pastoral más rígida que no dé lugar a confusión alguna. Pero creo sinceramente que Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino. Los pastores, que proponen a los fieles el ideal pleno del Evangelio y la doctrina de la Iglesia, deben ayudarles también a asumir la lógica de la compasión con los frágiles y a evitar persecuciones o juicios demasiado duros o impacientes. El mismo Evangelio nos reclama que no juzguemos ni condenemos” (308). *** De hecho, todo lo que hemos dicho no ilumina sólo la situación de los divorciados en nueva unión, sino que nos otorga criterios generales para desarrollar un determinado estilo pastoral a la hora de enfrentar todas las circunstancias complejas donde se rompen los esquemas generales. Es una pastoral decidida siempre a “acompañar, discernir e integrar”, con misericordia, paciencia y audacia, sin importar en qué situación se encuentre la persona. Por esta razón Francisco ha preferido referirse al tema acotado de un eventual acceso a los sacramentos de algunos divorciados vueltos a casar sólo en dos notas a pie de página. El conjunto del capítulo VIII va mucho más allá de ese asunto, e implica un gran desafío para la renovación de la moral y de la pastoral. En todas las situaciones, se procura poner mejor en íntima relación las normas generales con la conciencia de cada uno, la experiencia de vida y la práctica pastoral: “Es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general” (304). Por otra parte, todo esto no niega que también es parte de la misericordia pastoral proponer con convicción el ideal pleno del matrimonio y particularmente ayudar a fortalecer el amor de los esposos: “Hoy, más importante que una pastoral de los fracasos es el esfuerzo pastoral para consolidar los matrimonios y así prevenir las rupturas” (307). Cada ruptura es una herida también para la Iglesia, y es causa de muchos sufrimientos que hay que evitar. Esto nos remite nuevamente a los dos grandes ejes del documento, que dan sentido al conjunto de la propuesta. El Obispo y la Iglesia local Terminemos reconociendo el enorme lugar que Francisco otorga a la Iglesia local y al Obispo diocesano en este documento. Al referirse a la pastoral familiar afirma que “serán las distintas comunidades quienes deberán elaborar propuestas más prácticas y eficaces, que tengan en cuenta tanto las enseñanzas de la Iglesia como las necesidades y los desafíos locales” (199). Da algunas orientaciones generales sobre la preparación al matrimonio, como la necesidad de “una formación adecuada que al mismo tiempo no aleje a los jóvenes del sacramento” (207) o su indicación de que “no se trata de darles todo el Catecismo ni de saturarlos… Se trata de una suerte de iniciación al sacramento del matrimonio que les aporte los elementos necesarios para poder recibirlo con las mejores disposiciones y comenzar con cierta solidez la vida familiar” (207). Pero al mismo tiempo dice que “hay diversas maneras legítimas de organizar la preparación próxima al matrimonio, y cada Iglesia local discernirá lo que sea mejor” (207). Con respecto al discernimiento de la situación de los divorciados en nueva unión, afirma que “los presbíteros tienen la tarea de acompañar a las personas interesadas en el camino del discernimiento de acuerdo a la enseñanza de la Iglesia y las orientaciones del Obispo” (300). Aquí se otorga al Obispo una gran libertad y un papel fundamental. El Papa respeta que pueda haber diversos estilos, distintos acentos, diferentes líneas pastorales, también en este tema. Escuché a un teólogo comentar que las orientaciones de los Obispos en sus Diócesis pueden ser muy variadas, siempre manteniendo la adhesión general a lo que el Papa propone. Un Obispo, por ejemplo, podría pedir que los sacerdotes le consulten caso por caso antes de que se tome alguna decisión relacionada con los Sacramentos. Otro Obispo podría confiar en sus sacerdotes brindándoles una serie de criterios claros a seguir. Otro podría delegar las consultas en su Vicario general. Otro Obispo podría solicitar que cada caso sea dialogado en el Decanato o Vicaría con los sacerdotes vecinos. Otro podría exigir que algún eventual acceso a la comunión eucarística sólo se efectúe fuera de la propia comunidad o incluso de manera reservada. Otro podría establecer que, para esos casos muy particulares, la comunión sólo se admita en algunas celebraciones especiales. Es verdad que podrían acordarse orientaciones comunes dentro de una región pastoral, pero en último término el Papa otorga al Obispo diocesano una función que hace honor al lugar privilegiado que siempre tuvo la Iglesia local en la Tradición de la Iglesia. Fuente: http://blog.pucp.edu.pe/blog/buenavoz/2016/04/28/la-novedad-de-amoris-laetitia/
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    (Si desea leer el artículo completo, hacer click en el título) ¿Cómo eran las mujeres judías de entonces? ¿Qué costumbres tenían? La Virgen María se comportaría como una más entre ellas. Las mujeres judías hablaban solamente en arameo, porque estaba mal visto que tuviesen relaciones con personas de otra raza. Sin embargo María hablaría otras lenguas por su estancia en Egipto y, además, hablaría también el griego, por sus visitas a la ciudad cercana de Séforis, que estaba muy helenizada. Desde niñas se las educaba en la religión judía. Esta instrucción era inculcada en el seno familiar por las costumbres que observaban y también en la escuela de la sinagoga, donde les enseñaban a leer y aprenderse de memoria las escrituras. Debían cumplir con la ley de Moisés. Antes de la puesta del sol de los viernes se preparaban para celebrar el Shabbat. Para ello barrían y limpiaban la casa, mudaban la ropa de la cama y de la mesa. Se purificaban lavándose en una tinaja en casa. Se ponían el mejor vestido. Por la noche celebraban el Shabbat en una cena familiar con todos sus hijos y familiares próximos. Al día siguiente, como les estaba prohibido trabajar, comían de lo que les sobraba la noche anterior. Así se ha hecho siempre. Esta fiesta servía para reunir a los familiares periódicamente y trasmitir la tradición judaica. Respecto a sus costumbres religiosas viajaban a Jerusalén tres veces al año con motivo de las fiestas de Pascua, Pentecostés y Tabernáculos, y permanecían una semana allí. Rezaban mañana y tarde largas oraciones. Las más fervorosas ayunaban a pan y agua dos veces a la semana, los días 2º y 5º. También lo hacían los fariseos, como dice el evangelio, pero estos solo lo hacían para que se les viese, no actuaban con sinceridad. Jesús les atacó mucho por este motivo. Otras costumbres que tenían las mujeres es que podían estar un tanto obsesionadas con cualquier cosa que rompiese la pureza legal. Por ejemplo tenían que hacer abluciones antes de comer (lavarse las manos). No podían tocar sangre humana, comer carne de cerdo, la carne debía de ser exangüe… Eran las encargadas de lavar a conciencia a sus difuntos, además de cortarles las uñas y de afeitarles el pelo. Se explica por qué la Virgen María estaría dentro del sepulcro arreglando la cabeza martirizada de su Hijo. Las demás mujeres que la acompañaban, Salomé, María de Cleofás y María Magdalena quedaron fuera simplemente porque no cabían dentro del sepulcro. El trabajo manual era prácticamente obligatorio. No podían estar ociosas en sus casas, tenían que hacer trabajos de hilandería o de costura. El fruto de su trabajo era para el marido. Lo más apropiado para una mujer era permanecer en casa. Por esto estaba muy mal visto que una mujer judía estuviese sola en la calle. Si salía de casa, debía cubrirse la cabeza con un velo. Una mujer en casa debía madrugar para preparar en el fuego el pan cada día para que su esposo lo encontrase listo y caliente para comer cuando éste se levantaba. Tenía que ir a la fuente del pueblo a por agua en un cántaro. Debía dar de comer a las bestias que tuviese. Era la responsable de todo lo concerniente al hogar, la comida, el huerto del jardín, comprar en el mercado, la educación de los hijos. Tenían una hospitalidad proverbial, por fraternidad, con sus hermanos judíos y por cuestiones religiosas. Escrito por Carlos Llorente. Martes, 08 Marzo 2016 00:00 Fuente: http://www.primeroscristianos.com/index.php/noticias/item/912-la-mujer-judia-en-tiempos-de-jesus-como-vivia-la-virgen-maria
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    (Si desea leer la noticia completa, hacer click en el título) En su homilía en Casa Santa Marta, el Papa dijo que cada comunidad cristiana debe vivir en paz, dando testimonio de Dios y ayudando a los necesitados, como hacían los primeros cristianos. FRANCISCO "Porque el único que puede hacer esto es el Espíritu Santo. Esta es obra del Espíritu. La Iglesia la hace el Espíritu. El Espíritu hace la unidad. El Espíritu te impulsa hacia el testimonio. El Espíritu te hace pobre, porque Él es la riqueza y hace que tú te ocupes de los pobres”. Francisco añadió que quienes no siguen esta forma de vida, no van por el camino de Dios. EXTRACTO DE LA HOMILÍA DEL PAPA (Fuente: Radio Vaticana) "‘Tenía un solo corazón y una sola alma’. La paz. Una comunidad en paz. Esto significa que en aquella comunidad no había lugar para los chismes, para las envidias, para las calumnias, para las difamaciones. Paz. El perdón: ‘El amor lo cubría todo’. Para calificar a una comunidad cristiana sobre esto, debemos preguntarnos cómo es la actitud de los cristianos. ¿Son mansos, humildes? En esa comunidad ¿hay peleas entre ellos por el poder? ¿Peleas de envidia? ¿Hay chismes? No están por el camino de Jesucristo. Esta característica es muy importante, muy importante, porque el demonio trata de dividirnos siempre. Es el padre de la división”. "¿Es una comunidad que da testimonio de la resurrección de Jesucristo? Esta parroquia, esta comunidad, esta diócesis ¿cree verdaderamente que Jesucristo ha resucitado? O dice: ‘Sí, ha resucitado, pero de esta parte’, porque lo cree aquí solamente, con el corazón lejos de esta fuerza. Dar testimonio de que Jesús está vivo, está entre nosotros. Y así se puede verificar cómo va una comunidad”. "Primero: ¿Cómo es tu actitud o la actitud de esta comunidad con los pobres? Y segundo: Esta comunidad ¿es pobre? ¿Pobre de corazón, pobre de espíritu? ¿O pone su confianza en las riquezas? ¿En el poder? Armonía, testimonio, pobreza y atender a los pobres. Y esto es lo que Jesús explicaba a Nicodemo: este nacer desde lo Alto. Porque el único que puede hacer esto es el Espíritu. Esta es obra del opera del Espíritu. A la Iglesia la hace el Espíritu. El Espíritu hace la unidad. El Espíritu te impulsa hacia el testimonio. El Espíritu te hace pobre, porque Él es la riqueza y hace que tú te ocupes de los pobres”. Martes, 29 Abril 2014 00:00 Escrito por  Primeros Cristianos http://www.romereports.com Fuente: http://www.primeroscristianos.com/index.php/noticias/item/1714-la-iglesia-debe-seguir-el-ejemplo-de-los-primeros-cristianos-papa-francisco
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    (Si desea leer el artículo completo, hacer click en el título) Hoy es un buen día para acordarnos de San José, que es Patrono de la Iglesia Universal. Sobre todo, de su faceta como trabajador, que compartía con su Hijo, y en la que sí nos parecemos a ambos: como ellos, también nosotros encontramos a Dios en nuestro trabajo... Por Alfonso Méndiz La pregunta que formulamos en el titular afecta de modo especial al Hijo de Dios: ¿fue Jesús de profesión carpintero? Esa ha sido la creencia popular. Que José fue el carpintero de Nazaret y transmitió su oficio a Jesús, quien ejerció también esa profesión hasta el comienzo de su vida pública. Pero ¿es eso lo que nos dicen los Evangelios? El relato de S. Mateo incluye un versículo en el original griego (“oùj oûtos estin ho toû téktonos huiós”) que durante siglos se ha traducido así: “¿No es éste el hijo del carpintero?” (Mt 13,55). Una expresión muy parecida se recoge también en S. Marcos: “¿No es éste el carpintero, el hijo de María?” (“oûj oûtos estin ho tekton, ho huiòs tes Marías”). En ambos lugares, la palabra griega “tekton” se ha traducido como carpintero, pues se trataba de un trabajador manual que trabajaba la madera para confeccionar muebles, puertas, etc. Recientes investigaciones han puesto de manifiesto que con esa expresión se designaba en general al profesional que trabajaba artesanalmente la madera y la piedra, especialmente en la construcción; de modo que al imaginarnos el oficio de José y de Jesús hemos de pensar más bien en lo que hoy sería una mezcla de albañil y artesano, y no tanto en un carpintero como los de hoy. De ahí que la frase del Evangelio que hemos citado al principio habría que traducirla así: “¿No es éste el hijo del artesano?”, tal como leemos hoy en las ediciones modernas. De hecho, la palabra “arquitecto” designaba a aquel jefe de obra que dirigía a los diversos “tectones” que intervenían en la construcción. Esa es, justamente, la imagen del oficio de Jesús que muestra “El hombre que hacía milagros”. En la primera secuencia de ese filme vemos a Jesús trabajando la piedra y la madera en las obras de la sinagoga de… Séforis. Y uno podría preguntarse: “¿Pero Jesús no vivía en Nazaret?”. En efecto, así lo refieren los Evangelios. Pero las últimas excavaciones arqueológicas han revelado, por una parte, que Nazaret era entonces un pueblo pequeño y pobre, en el que dudosamente habría trabajo para un carpintero durante todo el año; y, por otra, han situado en Séforis la residencia de Herodes Antipas. Antipas, tetrarca de Galilea y Perea entre los años 4-39 d.C. (es decir, toda la infancia y la juventud de Jesús), había hecho de Séforis la capital de aquel territorio: la había fortificado y la había embellecido con grandes obras públicas, para lo que había sido preciso contratar a cientos de obreros, carpinteros y artesanos. A esto se añade que Séforis se encuentra a sólo 5 Km. de Nazaret: es decir, a una hora a pie. Si imaginamos a Jesús y a José, artesanos que sabía trabajar la piedra y la madera, en una pequeña aldea en la que no había mucho trabajo... es bastante verosímil pensar que ambos hubieran trabajado allí, esporádicamente o de modo estable, justo en los años anteriores al comienzo de la vida pública de Jesús. De hecho, esto es lo que nos muestra el principio de “El hombre que hacía milagros”. Así pues, José y Jesús fueron carpinteros, pero algo más que eso. Fueron artistas que sirvieron con su trabajo a una población mucho más amplia que la de Nazaret. Y con ese oficio se santificaron y santificaron también la realidad que les tocó vivir. A diferencia de la película animada que comento, la mayoría de los filmes -desde la época muda hasta ahora- ha preferido representar a Jesús como carpintero. Así lo vemos en  película "La pasión de Cristo", en el que la Virgen, sin dejar un momento sus tareas en el hogar, sigue con atención el trabajo de su hijo en la carpintería de Nazaret. Ella le vio trabajar la madera durante años, consciente de que también así estaba obrando su Hijo la redención en el mundo. Fuente: http://jesucristoenelcine.blogspot.com.es
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    (Para leer la noticia completa, hacer click en el título) 8:00 pm / 26 abr 16 (AGENCIAS/BV).- Los laicos, son parte del Santo Pueblo fiel de Dios y por lo tanto, los protagonistas de la Iglesia y del mundo, a los que los pastores están llamados a servir y no a servirse de ellos, recuerda el Papa, que envió una Carta al Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL). En el documento, firmado el 19 de marzo de este año, Francisco recuerda el encuentro que mantuvo con los participantes en la Asamblea Plenaria de la CAL, sobre el tema: “Indispensable compromiso de los fieles laicos en la vida pública de los países latinoamericanos”. ————————————————————————— El Papa ha lamentado que en la Iglesia se ha creado una “élite” de laicos que creen que son solo ellos los que trabajan en las obras de la Iglesia y/o en las cosas de la parroquia o de la diócesis, en un carta enviada al cardenal Ouellet y publicada hoy por el Vaticano. En este sentido, en la misiva alerta del olvido o el descuido ante el creyente que muchas veces “quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe”. “La Iglesia no es una élite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios”, ha subrayado. Francisco ha advertido de que “no es el pastor el que le dice al laico lo que tiene que hacer o decir, ellos lo saben tanto o mejor que nosotros”. Recientemente, el Papa participó en el encuentro de la Comisión para América Latina y el Caribe en el que se abordó el tema de la participación de los laicos en la vida de nuestros pueblos. “No es el pastor el que tiene que determinar lo que tienen que decir en los distintos ámbitos los fieles. Como pastores, unidos a nuestro pueblo, nos hace bien preguntamos cómo estamos estimulando y promoviendo la caridad y la fraternidad, el deseo del bien, de la verdad y la justicia. Cómo hacemos para que la corrupción no anide en nuestros corazones”, ha exclamado. Francisco ha precisado que el pastor es pastor de un pueblo, y al pueblo se lo sirve “desde dentro”. “Mirar al Pueblo de Dios es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos”, ha agregado. Asimismo ha invitado a la Iglesia de Latinoamérica a enfrentar “el clericalismo”. “Esta actitud no solo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente”, ha manifestado. Por otro lado, ha reconocido que el laico, por su propia realidad e identidad, “tiene exigencias de nuevas formas de organización y de celebración de la fe”. “Los ritmos actuales son tan distintos (no digo mejor o peor) a los que se vivían 30 años atrás”, ha comentado. Por último, ha alertado de que los pastores cuando se desarraigan, se pierden. Texto completo de la Carta del Papa Francisco A Su Eminencia Cardenal Marc Armand Ouellet, P.S.S. Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina Eminencia: Al finalizar el encuentro de la Comisión para América Latina y el Caribe tuve la oportunidad de encontrarme con todos los participantes de la asamblea donde se intercambiaron ideas e impresiones sobre la participación pública del laicado en la vida de nuestros pueblos. Quisiera recoger lo compartido en esa instancia y continuar por este medio la reflexión vivida en esos días para que el espíritu de discernimiento y reflexión “no caiga en saco roto”; nos ayude y siga estimulando a servir mejor al Santo Pueblo fiel de Dios. Precisamente es desde esta imagen, desde donde me gustaría partir para nuestra reflexión sobre la actividad pública de los laicos en nuestro contexto latinoamericano. Evocar al Santo Pueblo fiel de Dios, es evocar el horizonte al que estamos invitados a mirar y desde donde reflexionar. El Santo Pueblo fiel de Dios es al que como pastores estamos continuamente invitados a mirar, proteger, acompañar, sostener y servir. Un padre no se entiende a sí mismo sin sus hijos. Puede ser un muy buen trabajador, profesional, esposo, amigo pero lo que lo hace padre tiene rostro: son sus hijos. Lo mismo sucede con nosotros, somos pastores. Un pastor no se concibe sin un rebaño al que está llamado a servir. El pastor, es pastor de un pueblo, y al pueblo se lo sirve desde dentro. Muchas veces se va adelante marcando el camino, otras detrás para que ninguno quede rezagado, y no pocas veces se está en el medio para sentir bien el palpitar de la gente. Mirar al Santo Pueblo fiel de Dios y sentirnos parte integrante del mismo nos posiciona en la vida y, por lo tanto, en los temas que tratamos de una manera diferente. Esto nos ayuda a no caer en reflexiones que pueden, en sí mismas, ser muy buenas pero que terminan funcionalizando la vida de nuestra gente, o teorizando tanto que la especulación termina matando la acción. Mirar continuamente al Pueblo de Dios nos salva de ciertos nominalismos declaracionistas (slogans) que son bellas frases pero no logran sostener la vida de nuestras comunidades. Por ejemplo, recuerdo ahora la famosa expresión: “es la hora de los laicos” pero pareciera que el reloj se ha parado. Mirar al Pueblo de Dios, es recordar que todos ingresamos a la Iglesia como laicos. El primer sacramento, el que sella para siempre nuestra identidad y del que tendríamos que estar siempre orgullosos es el del bautismo. Por él y con la unción del Espíritu Santo, (los fieles) quedan consagradas como casa espiritual y sacerdocio santo (LG 10). Nuestra primera y fundamental consagración hunde sus raíces en nuestro bautismo. A nadie han bautizado cura, ni obispo. Nos han bautizados laicos y es el signo indeleble que nunca nadie podrá eliminar. Nos hace bien recordar que la Iglesia no es una elite de los sacerdotes, de los consagrados, de los obispos, sino que todos formamos el Santo Pueblo fiel de Dios. Olvidarnos de esto acarrea varios riesgos y/o deformaciones en nuestra propia vivencia personal como comunitaria del ministerio que la Iglesia nos ha confiado. Somos, como bien lo señala el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, cuya identidad es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo (LG 9). El Santo Pueblo fiel de Dios está ungido con la gracia del Espíritu Santo, por tanto, a la hora de reflexionar, pensar, evaluar, discernir, debemos estar muy atentos a esta unción. A su vez, debo sumar otro elemento que considero fruto de una mala vivencia de la eclesiología planteada por el Vaticano II. No podemos reflexionar el tema del laicado ignorando una de las deformaciones más fuertes que América Latina tiene que enfrentar -y a las que les pido una especial atención- el clericalismo. Esta actitud no sólo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente. El clericalismo lleva a la funcionalización del laicado; tratándolo como “mandaderos”, coarta las distintas iniciativas, esfuerzos y hasta me animo a decir, osadías necesarios para poder llevar la Buena Nueva del Evangelio a todos los ámbitos del quehacer social y especialmente político. El clericalismo lejos de impulsar los distintos aportes, propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos. El clericalismo se olvida que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios (cfr. LG 9-14) Y no solo a unos pocos elegidos e iluminados. Hay un fenómeno muy interesante que se ha producido en nuestra América Latina y me animo a decir, creo que es de los pocos espacios donde el pueblo de Dios fue soberano de la influencia del clericalismo: me refiero a la pastoral popular. Ha sido de los pocos espacios donde el pueblo (incluyendo a sus pastores) y el Espíritu Santo se han podido encontrar sin el clericalismo que busca controlar y frenar la unción de Dios sobre los suyos. Sabemos que la pastoral popular como bien lo ha escrito Pablo VI en la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, tiene ciertamente sus límites. Está expuesta frecuentemente a muchas deformaciones de la religión, pero prosigue, cuando está bien orientada, sobre todo mediante una pedagogía de evangelización, contiene muchos valores. Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción. Teniendo en cuenta esos aspectos, la llamamos gustosamente “piedad popular”, es decir, religión del pueblo, más bien que religiosidad … Bien orientada, esta religiosidad popular puede ser cada vez más, para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo. (EN 48) El Papa Pablo usa una expresión que considero es clave, la fe de nuestro pueblo, sus orientaciones, búsquedas, deseo, anhelos, cuando se logran escuchar y orientar nos terminan manifestando una genuina presencia del Espíritu. Confiemos en nuestro Pueblo, en su memoria y en su “olfato”, confiemos que el Espíritu Santo actúa en y con ellos, y que este Espíritu no es solo “propiedad” de la jerarquía eclesial. He tomado este ejemplo de la pastoral popular como clave hermenéutica que nos puede ayudar a comprender mejor la acción que se genera cuando el Santo Pueblo fiel de Dios reza y actúa. Una acción que no queda ligada a la esfera íntima de la persona sino por el contrario se transforma en cultura; una cultura popular evangelizada contiene valores de fe y de solidaridad que pueden provocar el desarrollo de una sociedad más justa y creyente, y posee una sabiduría peculiar que hay que saber reconocer con una mirada agradecida. (EG 68) Entonces desde aquí podemos preguntarnos, ¿qué significa que los laicos estén trabajando en la vida pública? Hoy en día muchas de nuestras ciudades se han convertidos en verdaderos lugares de supervivencia. Lugares donde la cultura del descarte parece haberse instalado y deja poco espacio para una aparente esperanza. Ahí encontramos a nuestros hermanos, inmersos en esas luchas, con sus familias, intentando no solo sobrevivir, sino que en medio de las contradicciones e injusticias, buscan al Señor y quieren testimoniar lo. ¿Qué significa para nosotros pastores que los laicos estén trabajando en la vida pública? Significa buscar la manera de poder alentar, acompañar y estimular todo los intentos, esfuerzos que ya hoy se hacen por mantener viva la esperanza y la fe en un mundo lleno de contradicciones especialmente para los más pobres, especialmente con los más pobres. Significa como pastores comprometernos en medio de nuestro pueblo y, con nuestro pueblo sostener la fe y su esperanza. Abriendo puertas, trabajando con ellos, soñando con ellos, reflexionando y especialmente rezando con ellos. Necesitamos reconocer la ciudad –y por lo tanto todos los espacios donde se desarrolla la vida de nuestra gente– desde una mirada contemplativa, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas… Él vive entre los ciudadanos promoviendo la caridad, la fraternidad, el deseo del bien, de verdad, de justicia. Esa presencia no debe ser fabricada sino descubierta, develada. Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero. (EG 71) No es nunca el pastor el que le dice al laico lo que tiene que hacer o decir, ellos lo saben tanto o mejor que nosotros. No es el pastor el que tiene que determinar lo que tienen que decir en los distintos ámbitos los fieles. Como pastores, unidos a nuestro pueblo, nos hace bien preguntamos cómo estamos estimulando y promoviendo la caridad y la fraternidad, el deseo del bien, de la verdad y la justicia. Cómo hacemos para que la corrupción no anide en nuestros corazones. Muchas veces hemos caído en la tentación de pensar que el laico comprometido es aquel que trabaja en las obras de la Iglesia y/o en las cosas de la parroquia o de la diócesis y poco hemos reflexionado como acompañar a un bautizado en su vida pública y cotidiana; cómo él, en su quehacer cotidiano, con las responsabilidades que tiene se compromete como cristiano en la vida pública. Sin darnos cuenta, hemos generado una elite laical creyendo que son laicos comprometidos solo aquellos que trabajan en cosas “de los curas” y hemos olvidado, descuidado al creyente que muchas veces quema su esperanza en la lucha cotidiana por vivir la fe. Estas son las situaciones que el clericalismo no puede ver, ya que está muy preocupado por dominar espacios más que por generar procesos. Por eso, debemos reconocer que el laico por su propia realidad, por su propia identidad, por estar inmerso en el corazón de la vida social, pública y política, por estar en medio de nuevas formas culturales que se gestan continuamente tiene exigencias de nuevas formas de organización y de celebración de la fe. ¡Los ritmos actuales son tan distintos (no digo mejor o peor) a los que se vivían 30 años atrás! Esto requiere imaginar espacios de oración y de comunión con características novedosas, más atractivas y significativas –especialmente–para los habitantes urbanos. (EG 73) Es obvio, y hasta imposible, pensar que nosotros como pastores tendríamos que tener el monopolio de las soluciones para los múltiples desafíos que la vida contemporánea nos presenta. Al contrario, tenemos que estar al lado de nuestra gente, acompañándolos en sus búsquedas y estimulando esta imaginación capaz de responder a la problemática actual. Y esto discerniendo con nuestra gente y nunca por nuestra gente o sin nuestra gente. Como diría San Ignacio, “según los lugares, tiempos y personas”. Es decir, no uniformizando. No se pueden dar directivas generales para una organización del pueblo de Dios al interno de su vida pública. La inculturación es un proceso que los pastores estamos llamados a estimular alentado a la gente a vivir su fe en donde está y con quién está. La inculturación es aprender a descubrir cómo una determinada porción del pueblo de hoy, en el aquí y ahora de la historia, vive, celebra y anuncia su fe. Con la idiosincrasia particular y de acuerdo a los problemas que tiene que enfrentar, así como todos los motivos que tiene para celebrar. La inculturación es un trabajo de artesanos y no una fábrica de producción en serie de procesos que se dedicarían a “fabricar mundos o espacios cristianos”. Dos memorias se nos pide cuidar en nuestro pueblo. La memoria de Jesucristo y la memoria de nuestros antepasados. La fe, la hemos recibido, ha sido un regalo que nos ha llegado en muchos casos de las manos de nuestras madres, de nuestras abuelas. Ellas han sido, la memoria viva de Jesucristo en el seno de nuestros hogares. Fue en el silencio de la vida familiar, donde la mayoría de nosotros aprendió a rezar, a amar, a vivir la fe. Fue al in terno de una vida familiar, que después tomó forma de parroquia, colegio, comunidades que la fe fue llegando a nuestra vida y haciéndose carne. Ha sido también esa fe sencilla la que muchas veces nos ha acompañado en los distintos avatares del camino. Perder la memoria es desarraigarnos de donde venimos y por lo tanto, nos sabremos tampoco a donde vamos. Esto es clave, cuando desarraigamos a un laico de su fe, de la de sus orígenes; cuando lo desarraigamos del Santo Pueblo fiel de Dios, lo desarraigamos de su identidad bautismal y así le privamos la gracia del Espíritu Santo. Lo mismo nos pasa a nosotros, cuando nos desarraigamos como pastores de nuestro pueblo, nos perdemos. Nuestro rol, nuestra alegría, la alegría del pastor está precisamente en ayudar y estimular, al igual que hicieron muchos antes que nosotros, sean las madres, las abuelas, los padres los verdaderos protagonistas de la historia. No por una concesión nuestra de buena voluntad, sino por propio derecho y estatuto. Los laicos son parte del Santo Pueblo fiel de Dios y por lo tanto, los protagonistas de la Iglesia y del mundo; a los que nosotros estamos llamados a servir y no de los cuales tenemos que servirnos. En mi reciente viaje a la tierra de México tuve la oportunidad de estar a solas con la Madre, dejándome mirar por ella. En ese espacio de oración pude presentarle también mi corazón de hijo. En ese momento estuvieron también ustedes con sus comunidades. En ese momento de oración, le pedí a María que no dejara de sostener, como lo hizo con la primera comunidad, la fe de nuestro pueblo. Que la Virgen Santa interceda por ustedes, los cuide y acompañe siempre, Fuentes: http://blog.pucp.edu.pe/blog/buenavoz/2016/04/26/francisco-el-clericalismo-apaga-el-fuego-profetico-de-la-iglesia/ Radio Vaticana / Religión Digital
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    (Si desea leer el artículo completo, haga click en el título) ¿Qué es el Jubileo Extraordinario de la Misericordia? Es un año especial de  gracia y perdón, convocado por el Papa Francisco para la conversión de nuestros pecados y la reconciliación con Dios, con los hermanos y con nosotros mismos. Una invitación a ser misericordiosos con el Padre. ¿Qué es una indulgencia plenaria? Es una completa remisión de todos los pecados y todas las penas del purgatorio, como consecuencias de los pecados cometidos durante nuestra vida. Es una gracia que la Iglesia concede por los méritos de Cristo y la comunión de los santos. ¿Qué debo hacer para ganar una indulgencia plenaria? Peregrinar a una Iglesia Jubilar y cruzar la Puerta de la Misericordia Tener un verdadero arrepentimiento y desapego total del pecado Acercarme a la confesión y a la comunión sacramental, si no puedo el mismo día, al menos unos días antes o después de la peregrinación. Recitar el Credo y orar por el Papa y sus intenciones (Padre Nuestro, Ave María y Gloria). Será conveniente acompañar la oración con una reflexión sobre la misericordia, como,  por ejemplo, leer Lc 15 o rezar la oración del Papa. Realizar, al menos, una obra de misericordia corporal o espiritual. Solo se puede ganar una indulgencia plenaria una vez al día. Las indulgencias siempre se pueden aplicar por uno mismo o por las almas de los difuntos, pero no pueden ser aplicadas a otras personas vivas. ¿Por qué es tan importante peregrinar y cruzar la puerta? La vida terrena es una peregrinación y la Iglesia es el Pueblo de Dios que peregrina a la casa del Padre.  La misericordia es también una meta que requiere compromiso y sacrificio. Cruzar la Puerta de la Misericordia significa vivir la Pascua, el paso de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, volver a la casa del Padre y sentir el abrazo misericordioso que nos devuelve a la dignidad de la filiación divina. Dejar caer el rencor, la rabia y la venganza para mirar con ojos de misericordia a todos los seres humanos, siendo misericordiosos como el padre, practicando las obras de misericordia. ¿Cuáles son las Iglesias Jubilares en la Arquidiócesis de Lima? Son en total 15 iglesias o santuarios. La más importante es la Catedral. Las 14 restantes son: Nuestra Señora de los Ángeles (Alameda de los Descalzos) Santuario del Señor de los Milagros (Las Nazarenas, Av. Tacna) San Pedro (Jr. Azángaro 451, Cercado de Lima) San José (Rep. Dominicana  458, Jesús María) Sagrado Corazón de Jesús (Benito Lazo 517, Magdalena del Mar) Nuestra Señora de Fátima (Av. Armedáriz 350, Miraflores) María Auxiliadora (Av. Brasil 210, Breña) Santa María Magdalena (Av. San Martín 1138, Pueblo Libre) Nuestra Señora de Guadalupe (P. Unión Panamericana, Balconcillo) Señor de la Divina Misericordia (Av. Caminos del Inca, Surco) Sagrado Corazón de Jesús (Av. Grau 1280, Barranco) San Pedro (Av. Mariscal Castilla 296, Chorrillos) Nuestra Señora de la Reconciliación (Calle Los Pinos 291, La Molina) Iglesia Virgen del Rosario (Plaza Huertos de Manchay) ¿Cuáles son las obras de la Misericordia? CORPORALES: Visitar a los enfermos Dar de comer al hambriento Dar de beber al sediento Dar posada al peregrino Vestir al desnudo Visitar a los presos Enterrar a los difuntos ESPIRITUALES: Enseñar al que no sabe Dar buen consejo al que lo necesita Corregir al que se equivoca Perdonar al que nos ofende Consolar al triste Sufrir con paciencia los defectos del prójimo Rezar a Dios por los vivos y por los difuntos ¿Cuáles son los pasos para una buena confesión? Hacer un buen examen de conciencia Tener un sincero dolor de corazón Tener un firme propósito de enmienda Confesar al sacerdote todos los pecados mortales cometidos desde la última confesión Cumplir la penitencia impuesta por el sacerdote ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO POR EL JUBILEO DE LA MISERICORDIA Señor Jesucristo, tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo, y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él. Muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación. Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo de la esclavitud del dinero; a la adúltera y a la Magdalena de buscar la felicidad solamente en una creatura; hizo llorar a Pedro luego de la traición y aseguró el Paraiso al ladrón arrepentido. Haz que cada uno de nosotros escuche, como propia, la palabra que dijiste a la samaritana: ¡Si conocieras el don de Dios! Tú eres el rostro visible del Padre invisible, del Dios que manifiesta su omnipotencia sobre todo con el perdón y la misericordia: haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro visible de Ti, su Señor, resucitado y glorioso. Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error: haz que  quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios. Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción para que el Jubileo de la Misericordia sea un año de gracia del Señor y tu iglesia pueda, con renovado entusiasmo , llevar la Buena Nueva a los pobres, proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos, y restituir la vista a los ciegos. Te lo pedimos, por intercesión de María, Madre de la Misericordia, a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén. (Material preparado por el Arzobispado de Lima)
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    (Si desea leer la noticia completa, haga click en el título) 6:00 pm| 20 abr 16 (AGENCIAS/BV).- “Quiero decirles que no están solos. Vine para escuchar sus historias”. Fueron las simples palabras que pronunció el Papa Francisco en esta isla del Mar Egeo, símbolo del drama humanitario de cientos de miles de refugiados que llegaron aquí en los últimos meses escapando de guerras y miseria, desde donde imploró a la comunidad internacional a encontrar una solución digna a “la peor catástrofe humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial”. En las cinco horas que duró su visita, Francisco logró visitar el campo de refugiados, saludar personalmente a muchos y almorzar con otro grupo más. Luego les dirigió un mensaje y firmó una declaración conjunta, en la que denunció, como en su visita a Lampedusa, la indiferencia para con el sufrimiento de los demás. Firmaron también quienes él mismo llama “hermanos” ortodoxos, el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé, y el arzobispo de Atenas, Ieronymos, que además acompañaron al Papa durante toda su visita. Por último se dirigió al puerto, donde oró en memoria de las víctimas de las migraciones. ————————————————————————— Francisco dirigió su primer mensaje desde un lugar que contagia tristeza: el campo de refugiados de Moria, que en realidad es un campo de detención más parecido a un campo de concentración, rodeado de alambras de púas, paredones de cemento, del cual los 3000 refugiados presentes no pueden salir. El lugar fue “embellecido” para la ocasión: se levantaron carpas y podios especiales, hubo una limpieza entre sus containers, y algunos “huéspedes” recibieron ropa nueva, es lo que contaron a los medios algunos refugiados sirios detenidos allí. En este campo, que se levanta a 16 kilómetros de Mytilene, en medio de un paisaje idílico de olivares centenarios, el Papa saludó, uno por uno, a centenares de personas, adolescentes, mujeres, niños. Un encuentro atravesado por la emoción Los 3000 refugiados allí detenidos, -muchos sirios, pero también paquistaníes, afganos, iraquíes, africanos, kurdos, yazidis-, lo esperaban con carteles de bienvenida -“Pakistani christians welcome Pope Francis”- y, también de reclamo de ayuda, escritos con biromes sobre pedazos de papel: “Help the yazidi people”, “Freedom of movement”. Hubo aplausos para el Papa, que besó niños, estrechó manos, sonriente, y saludó a las mujeres musulmanes presentes, con el pelo cubierto por un pañuelo, inclinándose y tocándose el pecho, en señal de respeto. Hubo escenas de dolor cuando, en una carpa blanca -donde se reunió brevemente con 150 menores y 250 adultos que le contaban sus historias de terror-, un refugiado paquistaní se postró a sus pies y estalló en llanto. “¡Bless me father, bless me!”, sollozó el joven, mientras también agradecía la visita: “Thank you! Thank you!”. Lo mismo sucedió con una niña, que también se arrodilló a sus pies, llorando, mientras su mamá le relataba, en árabe, a través de un intérprete, su odisea; y otra señora. El Papa, que se dejó sacar fotos y selfies, y como es costumbre rompió el protocolo y estrechó cuanta mano pudo al recorrer el lugar, mientras los refugiados coreaban: “¡Freedom! ¡Freedom!” (¡Libertad!). Todo el mundo lo llamaba para recibir su atención, un saludo, una bendición y estaba visiblemente emocionado. Cuando unos niños le regalaron unos dibujos emblemáticos de su sufrimiento, le dijo a un colaborador suyo que los guardara porque los iba a mostrar a los periodistas en el vuelo de regreso a Roma. Conflicto y persecución “En estas semanas y meses, han sufrido mucho en su búsqueda de una vida mejor. Muchos se han visto obligados a huir de situaciones de conflicto y persecución, sobre todo por el bien de sus hijos. Conocen el sufrimiento de dejar todo lo que aman y, quizás lo más difícil, no saber qué les deparará el futuro. Son muchos los que como ustedes aguardan en campos o ciudades, con la esperanza de construir una nueva vida en este Continente”, dijo el Papa a la hora de los discursos, hablando en un podio levantado en el patio donde suelen ser registrados los migrantes. Luego de ser recibido a las 10 de una jornada de cielo límpido, sin nubes, por el primer ministro griego, Alexis Tsipras, en el aeropuerto de Mytilene -donde también tuvo una reunión privada con él-, el Papa se desplazó al campo de Moria no en el habitual papamóvil, sino en un minibus blanco. Junto a él y en un fiel reflejo del significado ecuménico de esta visita relámpago, también estaban sus “hermanos”, el Patriarca Ortodoxo de Constantinopla, Bartolomé y el arzobispo de Atenas y toda Grecia, Ieronymos. Grave crisis humanitaria “Hemos venido para atraer la atención del mundo ante esta grave crisis humanitaria y para implorar la solución de la misma”, dijo Francisco en su discurso, pronunciado en italiano, pero traducido al inglés. “Como hombres de fe, deseamos unir nuestras voces para hablar abiertamente en su nombre. Esperamos que el mundo preste atención a estas situaciones de necesidad trágica y verdaderamente desesperadas, y responda de un modo digno de nuestra humanidad común”, pidió.   Discursos completos del arzobispo Ieronymos, del Patriarca Bartolomé y del Papa Francisco Francisco -que en julio de 2013, en su primer viaje como Papa, visitó la isla de Lampedusa, al sur de Sicilia, para llamar la atención ante el mismo fenómeno-, volvió a denunciar la indiferencia ante el mismo. “Todos sabemos por experiencia con qué facilidad algunos ignoran los sufrimientos de los demás o, incluso, llegan a aprovecharse de su vulnerabilidad”, acusó. “Pero también somos conscientes de que estas crisis pueden despertar lo mejor de nosotros, agregó, al subrayar cómo el pueblo griego respondió generosamente a sus necesidades “a pesar de sus propias dificultades”. En Grecia, que debido al cierre de fronteras de Europa se ha convertido en una suerte de prisión a cielo abierto, hay 60.000 refugiados en 40 campos, según dijo Maurice Joyeux, jefe del Servicio Jesuita para los refugiados de este país. Gestos Francisco, que el jueves santo pasado le lavó los pies a refugidos de un centro de las afueras de Roma, también remarcó la solidaridad demostrada por decenas de ongs y de voluntarios que vinieron hasta aquí desde todo el mundo para dar una mano. “Sí, todavía queda mucho por hacer. Pero demos gracias a Dios porque nunca nos deja solos en nuestro sufrimiento. Siempre hay alguien que puede extender la mano para ayudarnos. Este es el mensaje que les quiero dejar hoy: ¡No pierdan la esperanza! El mayor don que nos podemos ofrecer es el amor: una mirada misericordiosa, la solicitud para escucharnos y entendernos, una palabra de aliento, una oración”, recordó. En la declaración conjunta firmada más tarde por el Papa y sus dos “hermanos” ortodoxos, Bartolomé y Ieronymos -que también almorzaron junto a ocho refugiados en un container-, también un hubo un llamamiento a la comunidad internacional “para que responda con valentía, afrontando esta crisis humanitaria masiva y sus causas subyacentes, a través de iniciativas diplomáticas, políticas y de beneficencia, como también a través de esfuerzos coordinados entre Oriente Medio y Europa”. Declaración conjunta y oración del Papa Francisco, el arzobispo Ieronymos y del Patriarca Bartolomé Y a los líderes políticos, para “que empleen todos los medios para asegurar que las personas y las comunidades, incluidos los cristianos, permanezcan en su patria y gocen del derecho fundamental de vivir en paz y seguridad”. Recordando a los que murieron en su travesía El Papa, Bartolomeo y Ieronymos lanzan coronas de laurel con la mirada fija en el mar frente a ellos. Es el momento de recordar y rezar por los que no lograron llegar, por los que murieron en el mar. En el puerto de Mitylene (en la isla de Lesbos) Francisco y compañía de los otros dos líderes religiosos recitan una breve oración por las víctimas de las migraciones, antes de un minuto de silencio y de recibir de tres niños las coronas de laurel que arrojaron al mar. “Dios de Misericordia, te pedimos por todos los hombres, mujeres y niños que han muerto después de haber dejado su tierra, buscando una vida mejor. Aunque muchas de sus tumbas no tienen nombre, para ti cada uno es conocido, amado y predilecto. Que jamás los olvidemos, sino que honremos su sacrificio con obras más que con palabras”, fue la oración del Papa. El Papa lanza un llamado: “Para ser realmente solidarios con quien se ve obligado a huir de su propia tierra, hay que esforzarse en eliminar las causas de esta dramática realidad: no basta con limitarse a salir al paso de la emergencia del momento, sino que hay que desarrollar políticas de gran alcance, no unilaterales”. E indicó que “en primer lugar, es necesario construir la paz allí donde la guerra ha traído muerte y destrucción, e impedir que este cáncer se propague a otras partes. Para ello, hay que oponerse firmemente a la proliferación y al tráfico de armas, y sus tramas a menudo ocultas; hay que dejar sin apoyos a todos los que conciben proyectos de odio y de violencia”. Francisco se lleva a 12 refugiados A mitad de la tarde el Papa emprendía el regreso a Roma… pero no solo; además del séquito habitual y de los periodistas que le acompañan, se llevaba en su propio avión a tres familias sirias (dos de ellas procedentes de Damasco y una de Deir Azzor); en total, doce personas, de los cuales seis son niños. Esta singular iniciativa ha sido tratada por la Secretaría de Estado vaticana y las autoridades griegas e italianas; una vez en Roma, se ocupará de acogerles la Comunidad de San Egidio, pero será la Santa Sede, el Papa, quien correrá con todos los gastos. Es la primera vez que esto sucede y es una prueba mas del interés personal de Bergoglio por “ejemplarizar” con sus actitudes el comportamiento de otros gobiernos. Francisco no es un papa triunfalista, por eso no ha dudado en calificar su visita a Lesbos como un “viaje triste”. “Para mí –ha dicho a la vuelta– ha sido demasiado fuerte. Era para echarse a llorar”. Pero ha sido un viaje ejemplarizador. Dentro de sus posibilidades, el Vaticano abre sus puertas a familias de refugiados. Con las tres anteriormente acogidas más las actuales, ya tiene casi tantos refugiados como España… y otros países europeos.   Conferencia de prensa del Santo Padre durante el vuelo de regreso a Roma -Inés San Martín: Santo Padre, espero que no le moleste, pero voy a hacerle dos preguntas sobre dos temas distintos. La primera es específicamente sobre el viaje. Este viaje se da luego de un acuerdo entre la Unión Europea y Turquía para tratar de solucionar la cuestión de los refugiados en Grecia. ¿A usted le parece que es un plan que puede funcionar o es sólo una cuestión política para tratar de ganar tiempo y ver qué se hace? La segunda pregunta, si me permite: Esta mañana usted se encontró con el candidato presidencial Bernie Sanders de los Estados Unidos, en Santa Marta. Quería preguntarle su sensación sobre el encuentro y si es su manera de intervenir en la política norteamericana. Francisco: No, ante todo no existe ninguna especulación política porque esos acuerdos entre Turquía y Grecia yo no los conocía bien. Lo he visto en los diarios, pero es algo puramente humano [se refiere a la iniciativa de acoger un grupo de prófugos]. Es un hecho humanitario. Fue una inspiración que le vino hace una semana a un colaborador mío. Yo acepté en seguida, en seguida, porque vi que era el Espíritu quien hablaba. Todo se hizo según las reglas: estas personas vienen con documentos, los tres gobiernos –el Estado de la Ciudad del Vaticano, el Gobierno italiano y el Gobierno griego– han verificado todo, todo, y concedieron el visado. Los recibe el Vaticano. Será el Vaticano, con la colaboración de la Comunidad de San Egidio, quien les busque un empleo, si se encuentra; o, en caso contrario, se encargará de su sustento. Son huéspedes del Vaticano, y se añaden a las dos familias sirias que ya han sido acogidas por las dos parroquias vaticanas. Segundo. Esta mañana, cuando yo salía, allí estaba el Senador Sanders, que vino al Convenio de la Fundación Centesimus Annus. Sabía que yo me iba a aquella hora y tuvo la amabilidad de saludarme. Lo saludé, le di la mano a él, a su mujer y a otra pareja que estaba con él. Estaban alojados en Santa Marta, porque todos los miembros del convenio, excepto los dos Presidentes participantes, que creo se alojaban en sus embajadas, estaban hospedados en Santa Marta. Y cuando yo bajaba, él se presentó, me saludó, le di la mano y nada más. Esta es buena educación. Se llama educación y no meterse en política. Y si alguien piensa que saludar sea meterse en política, le aconsejaría que mejor se buscara un psiquiatra. -Franca Giansoldati: Gracias, Santidad, usted habla mucho de “acogida”, pero tal vez muy poco de “integración”. Viendo lo que está sucediendo en Europa, sobre todo con este consistente flujo de inmigrantes, nos damos cuenta que hay varias ciudades que tienen barrios-gueto… De todo esto, emerge claramente que a los inmigrantes musulmanes les resulta más difícil integrarse a nuestros valores, a los valores occidentales. Le quisiera preguntar, ¿no sería tal vez más útil para la integración dar prioridad a la llegada de inmigrantes no musulmanes? Y luego, ¿por qué usted hoy, con ese gesto tan hermoso y tan noble, ha favorecido a tres familias todas ellas musulmanas? Francisco: No hice ninguna selección entre cristianos y musulmanes. Estas tres familias tenían los papeles en regla, los documentos en regla, y era factible. En la primera lista, por ejemplo, había dos familias cristianas, pero no tenían los documentos en regla. No se trata, pues, de un privilegio; estas doce personas son también hijos de Dios. El “privilegio” es ser hijos de Dios, esto es verdad. Sobre la integración, es muy inteligente lo que usted dice y le agradezco que lo haya dicho. Ha mencionado una palabra que, en nuestra cultura actual, parece haber sido olvidada después de la segunda guerra mundial. Hoy siguen existiendo guetos. Algunos de los extremistas que han perpetrado atentados terroristas – algunos –, son hijos y nietos de personas nacidas en el país, en Europa. ¿Qué es lo que ha pasado? Que no ha habido ninguna política de integración, y esto para mí es fundamental; hasta el punto que usted ve que en la exhortación postsinodal sobre la familia –aun cuando se trate de otra problemática–, una de las tres dimensiones pastorales para las familias en dificultad es su integración en la vida de la Iglesia. Porque a Europa han llegado muchos nómadas, como los Normandos y mucha otra gente, y los ha integrado y ha enriquecido su cultura. Creo que tenemos necesidad de una enseñanza y de una educación a la integración. Gracias. -Elena Pinardi – European Broadcasting Union: Santo Padre, se oye hablar de reforzar las fronteras de varios países europeos, de vigilancia, e incluso de despliegue de batallones a lo largo de las fronteras de Europa. ¿Es el final de Schengen y del sueño europeo? Francisco: No lo sé. Entiendo a los gobiernos y también a los pueblos que tienen un cierto temor. Esto lo comprendo y debemos tener una gran responsabilidad en la acogida. Uno de los aspectos de dicha responsabilidad es este: cómo hacer posible integrarnos nosotros y estas personas. Siempre he dicho que construir muros no es la solución. En el siglo pasado vimos la caída de uno. No se resuelve nada. Debemos construir puentes. Pero los puentes se construyen inteligentemente, se hacen con el diálogo, con la integración. Y por eso comprendo que haya un cierto temor. Pero cerrar las fronteras no resuelve nada, porque la clausura, a la larga, perjudica al propio pueblo. Europa debe elaborar urgentemente políticas de acogida, de integración, de crecimiento, de trabajo y de reforma de la economía. Todas estas cosas son los puentes que nos llevarán a no construir muros. El miedo tiene toda mi comprensión, pero después de todo lo que he visto –y cambio de tema, pero quiero decirlo ahora–, y que también ustedes mismos han visto en ese campo de refugiados, daban ganas de llorar. Los niños… Traje estos dibujos conmigo para enseñárselos, los niños me han regalado muchos [el Papa muestra varios dibujos, uno después del otro, y los comenta] Uno; ¿qué quieren estos niños? Paz, porque sufren. Allí, en el campo, tienen cursos de educación. Pero, ¡qué no han visto esos niños! Miren esto: han visto también ahogarse a un niño. Esto lo llevan en su corazón. Hoy, de verdad, daban ganas de llorar. Daban ganas de llorar. El mismo tema lo dibujó también este niño de Afganistán: se ve que la barcaza que viene de Afganistán regresa a Grecia. Los niños tiene esto en la memoria. Se necesitará tiempo para que lo elaboren. Miren este otro dibujo: el sol que observa y llora. Y si el sol es capaz de llorar, también nosotros lo somos. Nos haría bien una lágrima. -Fanny Carrier, Agence France Presse: Buenos días. ¿Por qué no hace usted ninguna diferencia entre quienes huyen de la guerra y quienes huyen del hambre? ¿Puede Europa acoger toda la miseria del mundo? Francisco: Es verdad. Hoy dije en mi discurso que “algunos huyen de las guerras y otros, del hambre”. Ambas situaciones son efecto de la explotación. También de la explotación de la tierra. Hace más o menos un mes, un jefe de gobierno de África me decía que la primera decisión de su gobierno fue la reforestación, porque la tierra se había muerto por la explotación de los bosques. Hay que hacer obras buenas con ambas categorías. Porque algunos huyen del hambre y otros de la guerra. Yo invitaría a los traficantes de armas –porque las armas, es verdad que hay acuerdos, hasta cierto punto se fabrican;  pero los traficantes, los que trafican para hacer la guerra en diversas partes, como en Siria, por ejemplo, ¿quién arma a los diversos grupos?– los invitaría a que pasaran un día en ese campo de refugiados. Creo que sería saludable para ellos. -Néstor Pongutá, Radio Colombia: Santidad, muy buenas tardes. Esta mañana ha dicho usted algo muy especial, que nos ha llamado mucho la atención: que éste era un viaje triste, y ha demostrado con sus palabras que está muy conmovido. Pero algo debe haber cambiado también en su corazón, sabiendo que trae doce personas, y que con este pequeño gesto ha dado una lección a aquellos que a veces voltean la mirada frente a tanto dolor, a esta Tercera Guerra Mundial en pedazos, que usted ha denunciado. Francisco: Voy a hacer un plagio y a responder con una frase que no es mía. La misma cosa le preguntaron a la Madre Teresa de Calcuta. ¿Por qué tanto esfuerzo, tanto trabajo, sólo para acompañar a las personas a morir? ¡Eso que usted hace no sirve para nada! El mar es inmenso. Y ella contestó: sí, es una gota de agua en el mar, pero después de esa gota, el mar ya no será el mismo. Es un pequeño gesto. Pero son pequeños gestos los que debemos hacer todos nosotros, hombres y mujeres, para tender la mano quien lo necesita. -Joshua Mc Elwee, National Catholic Reporter: Gracias Santo Padre. Hemos venido a un país de inmigración, pero también de política económica de austeridad. ¿Quisiera preguntarle cuál es su concepto de economía de austeridad? También en lo que se refiere a otra isla, Puerto Rico. Si tiene usted un concepto sobre esta política de austeridad. Francisco: La palabra austeridad tiene diferentes significados, según el punto de vista desde el que se vea: económicamente significa un capítulo de un programa; políticamente es otra cosa; espiritual y cristianamente es otra. Cuando yo hablo de austeridad, lo hago en contraste con el desperdicio. Escuché en la FAO –creo que fue en una reunión de la FAO– que con la comida desperdiciada se podría resolver el problema del hambre en el mundo. Y nosotros, en nuestra casa, cuánto desperdiciamos sin quererlo. Esta es la cultura del descarte y del desperdicio. Yo hablo de austeridad en este sentido, en sentido cristiano. Detengámonos aquí y vivamos más austeramente. -Francisco Romero, Rome Reports: Santidad, usted ha dicho que esta crisis de refugiados es la peor crisis después de la de la Segunda Guerra Mundial. Quisiera preguntarle ¿Qué piensa usted sobre la crisis de los inmigrantes que llegan a los Estados Unidos, de México y de otros países de América Latina? Francisco: Lo mismo. Es lo mismo, porque llegan allí huyendo, sobre todo del hambre. Se trata del mismo problema. En Ciudad Juárez celebré la Misa a cien metros, o tal vez menos, de la valla. Del otro lado, había unos cincuenta Obispo de Estados Unidos y un estadio con cincuenta mil personas que seguían la Misa en pantallas gigantes. Del lado mexicano, aquel campo lleno de gente. Pero se trata de los mismo. Llegan a México, de Centro América. ¿Se acuerda de hace dos meses? Hubo un conflicto con Nicaragua, porque no quería que los refugiados transitaran por su territorio. Al final, se resolvió. Los llevaban en avión al otro país, sin pasar por Nicaragua. Es un problema mundial. Yo se lo dije a los Obispos mexicanos. Pedí que se hicieran cargo de los refugiados. -Francis Rocca, Wall Street Journal: Gracias, Santo Padre. Veo que ya le hicieron las preguntas sobre la inmigración que yo tenía en mente. Y usted ha respondido muy bien. Si me permite, quisiera hacerle una pregunta sobre otro acontecimiento de los días pasados: su exhortación apostólica. Como usted bien sabe, después de su publicación ha habido muchas discusiones sobre uno de los puntos – y se han concentrado particularmente en este –. Algunos sostienen que no ha cambiado nada sobre la disciplina que regula el acceso a los sacramentos para los divorciados que se han vuelto a casar; que la ley y la praxis, y obviamente también la doctrina, no han sido tocadas. Otros, en cambio, sostienen que ha cambiado mucho y que hay muchas nuevas aperturas y posibilidades. Mi pregunta sería: para una persona, para un católico, ¿hay nuevas posibilidades concretas que no existían antes de la publicación de la exhortación o no? Francisco: Podría decir que sí, y punto. Pero sería una respuesta muy simplificada. Les recomiendo que lean la presentación del documento que hizo el cardenal Schönborn, que es un gran teólogo. Es miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe y conoce bien la doctrina de la Iglesia. Ahí encontrarça usted la respuesta a su pregunta. Gracias. -Guénois, Le Figaro: Tenía la misma pregunta, pero le hago, en cambio, una pregunta complementaria: No se ha entendido bien por qué haya puesto usted en esa famosa nota al pie de página, la nota 351, en la Amoris Laetitia, lo que concierne a los problemas de los divorciados vueltos a casar. ¿Por qué una cuestión tan importante se trata en una pequeña nota al pie de página? ¿Es porque ha previsto oposición, o porque ha querido que no se le diera mucha importancia a ese punto? Francisco: Escuche, uno de los últimos Papas, hablando sobre el Concilio, dijo que había habido dos concilios: el Vaticano II, en la Basílica de San Pedro, y el otro, el “concilio de los medios de comunicación”. Cuando convoqué el primer Sínodo, la gran preocupación de la mayor parte de los medios de comunicación era: ¿podrían recibir la comunión los divorciados que se han vuelto a casar? Y como yo no soy santo, eso me molestó un poco y también me dio un poco de tristeza. Porque yo pienso: pero esos medios de comunicación, que dicen tantas cosas, ¿no se dan cuenta de que no es ese el problema principal? ¿Acaso no se dan cuenta que la familia, en todo el mundo, está en crisis? Y la familia es la base de la sociedad. ¿No se percatan de que los jóvenes no quieren casarse? ¿No ven que la disminución de la natalidad en Europa es como para ponerse a llorar? ¿No saben que la falta de trabajo y la dificultad para encontrarlo obligan a que el padre y la madre tengan dos empleos, y que los niños crezcan solos, sin aprender a crecer en diálogo con papá y mamá? Estos son los grandes problemas. No me recuerdo de esa nota, pero si una cuestión como la que usted señala está en una nota, es porque fue dicha en la Evangelii gaudium. Seguro. Debe tratarse de una cita de la Evangelii gaudium. No recuerdo el número, pero seguro que es así. Fuente: http://blog.pucp.edu.pe/blog/buenavoz/2016/04/20/francisco-visito-campo-de-refugiados-en-isla-griega-lesbos/
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    (Si desea leer la noticia completa, haga click en el título) Del viernes 22 al sábado 23 de abril se llevó a cabo el Encuentro de Plataformas del Sur en Andahuailillas, Cusco. Se reunieron 46 personas entre jesuitas, laicos y religiosas. Participaron jesuitas de las cuatro comunidades, equipos directivos de nuestras obras y coordinadores de movimientos o redes de las plataformas de Tacna-Ilo, Arequipa, Cusco-Quispicanchi y Ayacucho. Los asistentes llegaron al Cusco un día antes de la reunión con el objeto de hacer un recorrido y así conocer la acción de las distintas obras de la Compañía en Quispicanchi. La agenda de la reunión se centró en trabajar los planes operativos de cada plataforma, validar sus funciones y conocer el documento de colaboración de la Provincia publicado en febrero de este año. En este contexto de encuentro de colaboración, en la Eucaristía y almuerzo final se celebraron los 50 años de Compañía del P. Benjamín Crespo SJ.
    Fuente: Noticias Jesuitas: https://mail.google.com/mail/u/0/#inbox/1545495a14834624
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    Hoy día hay padres que prefieren esperar a que sus hijos crezcan para que, cuando tengan suficiente capacidad de tomar decisiones propias, puedan decidir libremente si se bautizan o no. La razón parece lógica: las decisiones que tienen consecuencias importantes han de ser libremente tomadas, y pocas cosas hay más importantes en la vida que incorporarse o no a la Iglesia, que ser cristiano o no. En cambio, muchos padres católicos bautizan a sus hijos a los pocos días de nacer, y no piensan que estén coartando la libertad de sus hijos, ni condicionando injustamente su futuro. Parecen personas razonables. ¿Lo son realmente? ¿Qué implica el Bautismo? Dios ha diseñado para cada ser humano una historia de amor, que se va desvelado poco a poco a lo largo de la vida. En la medida que tengamos un trato cercano con Él, esa historia se irá desvelando y tomando cuerpo. Y el primer paso para que se esa cercanía sea eficaz se da en el Bautismo. La fe cristiana considera el Bautismo como el sacramento fundamental, ya que es condición previa para poder recibir cualquier otro sacramento. Nos une a Jesucristo, configurándonos con Él en su triunfo sobre el pecado y la muerte. En la antigüedad se administraba por inmersión. El que se iba a bautizar se sumergía por completo en agua. Así como Jesucristo murió, fue sepultado y resucitó, el nuevo cristiano se introducía simbólicamente en un sepulcro de agua, para despojarse del pecado y sus consecuencias, y renacer a una nueva vida. El bautismo es, en efecto, el sacramento que nos une a Jesucristo, introduciéndonos en su muerte salvífica en la Cruz, y por ello nos libera del poder del pecado original y de todos los pecados personales, y nos permite resucitar con él a una vida sin fin. Desde el momento de su recepción, se participa de la vida divina mediante la gracia, que va ayudando a crecer en madurez espiritual. En el bautismo nos convertimos en miembros del Cuerpo de Cristo, en hermanos y hermanas de nuestro Salvador, y en hijos de Dios. Somos liberados del pecado, arrancados de la muerte eterna, y destinados desde ese instante a una vida en la alegría de los redimidos. «Mediante el bautismo cada niño es admitido en un círculo de amigos que nunca le abandonará, ni en la vida ni en la muerte. Ese círculo de amigos, esta familia de Dios en la que el niño se integra desde ese momento, le acompaña continuamente, también en los días de dolor, en las noches oscuras de la vida; le dará consuelo, tranquilidad y luz» (Benedicto XVI, 8 de enero de 2006). ¿Por qué la Iglesia mantiene la práctica del bautismo de niños? Esta práctica es de tiempo inmemorial. Cuando los primeros cristianos recibían la fe, y eran conscientes del gran don de Dios de que habían sido objeto, no querían privar a sus hijos de esos beneficios. La Iglesia sigue manteniendo la práctica del bautismo de niños por una razón fundamental: antes de que nosotros optemos por Dios, él ya ha optado por nosotros. Nos ha hecho y nos ha llamado a ser felices. El bautismo no es una carga, al contrario, es una gracia, un regalo inmerecido que recibimos de Dios. Los padres cristianos, desde los primeros siglos, aplicaron el sentido común. Así como  la madre no deliberaba largamente sobre si debía dar el pecho a su hijo recién nacido, sino que lo alimentaba cuando el niño lo requería, así como lo lavaban cuando estaba manchado, lo vestían y lo abrigaban para protegerlo de los rigores del frío, así como le hablaban y le daban cariño,  también le proporcionaban la mejor ayuda que cualquiera criatura humana necesita para desarrollar la vida en plenitud: la limpieza del alma, la gracia de Dios, una gran familia sobrenatural, y una apertura al lenguaje de Dios, de modo que cuando vaya despertando su sensibilidad y su inteligencia contemplen el mundo con la luz de la fe, aquella que permite conocer la realidad tal y como es. Fuente: http://www.primeroscristianos.com/index.php/blogs/francisco-varo-pineda/item/1724-por-que-bautizar-a-los-ninos-pequenos-no-es-mejor-esperar-a-que-ellos-puedan-decidir
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    (Si desea leer la noticia completa, haga click en el título) El Papa Francisco, con ocasión del Año Santo de la Misericordia, exhorta a las parroquias a convertirse en “espacios de misericordia”. Asimismo nos pide: “Redescubramos las obras de la misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al  forastero, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de la misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia a las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos” Para facilitar la práctica de estas buenas obras durante el Año Santo, la Parroquia ha organizado equipos en los que puedes participar, según tus preferencias. Un determinado grupo parroquial te ofrecerá sugerencias y apoyos logísticos para que puedas llevar a la práctica tu buen propósito. Así, por ejemplo, si lo que deseas es “Enseñar al que no sabe” puedes inscribirte en el equipo correspondiente y participar en sus reuniones para ver cómo y con qué medios podrás practicar esta obra de misericordia. Este mismo modo de proceder se aplicará a las demás obras espirituales o corporales. A continuación puedes ver los equipos que se están formando y algunas de las acciones que se buscan realizar realizar: Enseñar al que no sabe. Clases, catequesis, alfabetización… Se podrá colaborar con la Comunidad de San Egidio en sus Escuelas de la Paz para niños en situación de riesgo. Dar buen consejo al que lo necesita y Corregir al que se equivoca. En la propia casa puede practicarse. Pueden también organizarse actividades de colaboración o de apoyo a los grupos de Alcohólicos Anónimos y ALANON (para familiares de alcohólicos), Narcóticos Anónimos, Ludópatas Anónimos, que funcionan en la parroquia. Perdonar al que nos ofende y Sufrir con paciencia los defectos del prójimo. Lo mismo, en la propia casa o con familiares. Además, con ayuda del grupo de Pastoral de la Salud de la parroquia se podrán  planificar acciones para el cuidado paciente de personas ancianas y enfermas… Consolar al triste. En la parroquia funcionan los servicios: Psicología de Jóvenes y Adultos, Orientación familiar, Centro de Escucha y el grupo que ofrece los Talleres de Duelo. Con ellos se verá la forma de practicar de manera efectiva esta obra de misericordia. Rogar a Dios por vivos y difuntos y Enterrar a los muertos. Se podrán organizar Jornadas o Momentos de oración, pedir celebrar misas por difuntos, o crear un fondo para que las parroquias pobres ayuden a quienes no tienen para el entierro de sus familiares. El grupo que ofrece los Talleres de Duelo podrá asesorar en este campo. Visitar a los enfermos. Ya se ofrece ese tipo de servicio por medio de la Pastoral de Salud de la  parroquia. Con ayuda de las personas de este grupo se podrán organizar visitas domiciliarias, visitas a hospitales y centros de salud, o campañas de recojo de medicinas y otras iniciativas al respecto. Dar de comer al hambriento y Dar de beber al sediento. La parroquia recoge víveres para personas necesitadas. Se puede colaborar en la tarea de recoger y distribuir los alimentos. En cuando a dar de beber al sediento, y pensando en el grave problema del agua, se podrán organizar campañas en favor del ahorro y uso responsable del agua. Acoger al forastero. Implica encarar el problema de los pobres sin techo. El equipo correspondiente a esta obra de misericordia podría, por ejemplo, empadronar a las personas indigentes que duermen en las calles y buscar solución a su problema. Vestir al desnudo. En la parroquia ha funcionado un Ropero Parroquial. Se podría potenciarlo para recoger más ropa y distribuirla conforme a las necesidades. Visitar a los encarcelados. En coordinación con las personas que se dedican a la Pastoral Carcelaria, se podrá ver la manera de apoyar su labor, conforme a las necesidades que ellas encuentran en los penales. Inscríbete y participa. Puedes hacerlo en uno o más equipos. Acércate a nuestro despacho parroquial.
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    (Si desea leer la noticia, haga click en el título) El P. Antonio Spadaro SJ, Director de la revista “La Civiltà Cattolica”, estuvo en Lima del domingo 10 al jueves 14 de abril dictando en la Conferencia de Superioras y Superiores Mayores del Perú (CONFER) el curso “Evangelizar en tiempo de la red”. Presentó lo que llama los diez desafíos del mundo digital para nuestro trabajo de evangelización. Además, el lunes se reunió en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) con la Comisión de Comunicación de la Provincia y el equipo del Boletín electrónico “Buena Voz”. Después de la reunión, fue a comer a la Casa San Juan Berchmans, donde tuvo una larga conversación con los estudiantes jesuitas. El martes visitó la Iglesia de San Pedro, guiado por el P. Enrique Rodríguez SJ. El miércoles visitó la Parroquia de Fátima, donde fue recibido por el P. Carlos Cardó SJ, visitando también la Enfermería de la Provincia. El curso fue coordinado por la presidenta de la CONFER, Hna. Gloria Luz Patiño FMA, Hijas de María Auxiliadora. Participaron alrededor de 120 religiosos, entre los cuales estuvieron tres estudiantes jesuitas de Breña.
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    (Si desea el artículo completo, haga click en el título) La exhortación apostólica Amoris laetitia recientemente publicada por el Papa Francisco representa un giro -insinuado en algunos asuntos, y efectivo en otros- en el acento en la enseñanza de la Iglesia. Cambió el viento. Hasta ahora el énfasis de la jerarquía eclesiástica en el planteamiento de la moral sexual y familiar había sido puesto en el “ideal”. Desde ahora habrá que concentrarse en la “realidad” de los católicos, en sus esfuerzos por ser responsables en este plano de la vida y en la necesidad de volver a pararse cuando han experimentado fracasos o cometidos errores. Reflexión en texto y video del padre Jorge Costadoat SJ. ————————————————————————— Debe notarse que el giro no es del Papa. Él ha sido intérprete de dos sínodos (2014 y 2015) que reunieron obispos de regiones culturalmente muy diversas del mundo, los que aprobaron por más de 2/3 los textos finales. Ha sido la institución eclesiástica la que ha sido tocada por la realidad de un Pueblo de Dios alejado de sus autoridades. ¿Podría hablarse de una “conversión” eclesiástica? En cierto sentido, sí. Si en todos los planos de la vida cristiana la distancia entre la jerarquía y los fieles es hoy muy grande, en el campo de la enseñanza sexual, matrimonial y familiar se ha declarado un abismo, un auténtico cisma (Cardenal Kasper). Cisma blanco, en los casos de católicos que no reniegan de su pertenencia eclesial, pero no se rigen por el Magisterio; cisma rojo, las veces que los católicos renunciaron a la Iglesia por habérseles vuelto inhabitable. El giro constituye nada menos que la apertura a una reconciliación de la Iglesia con sus propias autoridades. Desde un punto de vista teórico ha comenzado a hacer crisis un modo abstracto de ver la moral sexual católica, modo que en su peor versión no reconoce que es posible aprender algo nuevo de la experiencia y de la historia, y que tampoco las culturas tienen nada aportar; y que, peor aún, esta visión moral abstracta resta valor a conciencia de las personas al momento de discernir sus decisiones éticas. El nuevo modo de plantearse la moral sexual católica de la exhortación papal -modo que prevalece en la moral social desde hace ya muchas décadas- exige concentrar la atención en la realidad de las personas. En esta óptica, lo primero son fines trascendentes que guían efectivamente las decisiones de la gente en las circunstancias concretas e irrepetibles de sus vidas. La moral no puede consistir meramente en saber lo que está prohibido y lo que está permitido. No es cosa de blanco y negro. Curiosamente, Amoris Laetitia es una vuelta al pasado, al modo de exigir respuestas éticas del mismo Jesús hace dos mil años, quien, sin desconocer el valor de la Ley, se concentró en la gente, en sus fallos, fracasos, marginaciones, sufrimientos, pecados, para alentarlas a que se pusieran de pie y con salieran adelante por sí mismas. Dice Francisco: “Durante mucho tiempo creímos que con sólo insistir en cuestiones doctrinales, bioéticas y morales, sin motivar la apertura a la gracia, ya sosteníamos suficientemente a las familias, consolidábamos el vínculo de los esposos y llenábamos de sentido sus vidas compartidas. Tenemos dificultad para presentar al matrimonio más como un camino dinámico de desarrollo y realización que como un peso a soportar toda la vida. También nos cuesta dejar espacio a la conciencia de los fieles, que muchas veces responden lo mejor posible al Evangelio en medio de sus límites y pueden desarrollar su propio discernimiento ante situaciones donde se rompen todos los esquemas. Estamos llamados a formar las conciencias, pero no a pretender sustituirlas” (AL 27). Una lectura atenta de Amoris Laetitia y de los documentos de los sínodos que la precedieron, permite hallar nuevas ideas y un nuevo horizonte de comprensión para las convivencias, las relaciones pre-matrimoniales, la homosexualidad, la contracepción, las segundas familias y la participación de los cristianos divorciados y vueltos a casar en la eucaristía. La eventual readmisión de estos a la comunión -acompañada por una comunidad eclesial que se hace responsable de ellos- representa muy bien los cambios que podrían darse también en los otros asuntos. Amoris laetitia: giro en la enseñanza de la Iglesia Con Amoris Laetitia el Papa Francisco cierra un ciclo de discernimiento sobre la familia que ha supuesto la realización de dos sínodos (2014 y 2015), para actualizar la enseñanza de la Iglesia sobre el tema. ¿En qué consiste su novedad? Amoris Laetitia es rica en la descripción de situaciones, ofrece palabras nuevas a las más diversas personas, recoge la experiencia pastoral de las últimas décadas y abunda en consejos de gran sabiduría. ¿Cuál es la novedad de las novedades? La exhortación constituye un perfeccionamiento doctrinal y pastoral, pero también un giro en el modo de plantear la moral sexual y familiar católica. Si hasta ahora la jerarquía eclesiástica había puesto el acento en la doctrina, desde ahora habrá de tener más en cuenta la realidad de las personas y de las familias. Especialmente los innumerables casos de sufrimiento y de fracasos, merecen una palabra evangélica de acogida, de aliento y de orientación. En las últimas décadas muchos han podido pensar que el Evangelio y la doctrina son lo mismo. No lo son. En la Iglesia la doctrina constituye un modo de traducir el Evangelio en enseñanzas concretas. El Papa Francisco quiere sobre todo anunciar el Evangelio a las personas, a los matrimonios y a las familias “reales”, y no tanto a las “ideales”. El tono y el contenido de Amoris Laetitia recuerda el anuncio que Jesús hizo a todos del reino de Dios, especialmente a los pobres y los marginados por no poder cumplir con los preceptos de la Ley. En la actualidad estos son los niños abandonados, los ancianos sin hogar, las mujeres víctimas de la violencia, los esposos traicionados, las personas que han fracasado en su matrimonio, las segundas familias, los convivientes y tantos otros. Francisco ha querido decirles que Dios los ama, que se amen, que sean responsables en sus relaciones afectivas, que se arrepientan del daño que han podido causar a otros, que crezcan como personas, y que cuenten siempre con la compañía de los ministros de la Iglesia. El Papa no equipara las uniones del mismo sexo a los matrimonios sacramentales, pero exige respeto y acogida a las personas homosexuales. La exhortación también es evangélica porque, como Jesús, propone altos ideales y apela a la conciencia de las personas en la aplicación a casos particulares complejos. Procura formar estas conciencias, pero jamás suprimir la libertad con que los padres y los matrimonios deben discernir lo que en cada circunstancia de la vida Dios pide para sacar adelante sus familias. Esto es claro en temas como el control de natalidad y la comunión de los divorciados vueltos a casar. En ambos casos Amoris laetitia mantiene la enseñanza tradicional. Y en ambos la novedad consiste en subrayar la responsabilidad de las parejas. ¿Cómo ejercer la paternidad responsable? Vean los mismos matrimonios que métodos usar. ¿Podrán comulgar en misa los divorciados vueltos a casar? Los episcopados tendrán que ver manera de integrarlos lo más posible a la comunidad eclesial, acompañarlos en el discernimiento de su situación y respetar sus decisiones. La propuesta es válida para todos, pues la misericordia de la Iglesia no debiera excluir a nadie.   Fuentes: Religión Digital / Blog “Cristo en construcción” del P. Jorge Costadoat SJ.
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    (Si deseas leer la oración completa, haz click en el título) Hay oraciones que ya están hechas, y nos ayudan a encontrar las palabras que queremos decir. Muchas veces, después de rezar estas oraciones, nos vamos identificando con cada palabra y la hacemos nuestra.  La oración que presentamos a continuación, como todas la oraciones nos unen a Dios, pero esta en especial, también nos une a la Iglesia.
    Versión en castellano de la Oración del Católico Frustrado escrita por James Martin SJ en la revista America.
    Señor, a veces me siento muy frustrado con tu Iglesia. Sé que no estoy solo. Mucha gente que ama a tu Iglesia se siente frustrada con el Cuerpo de Cristo en la tierra. También sacerdotes y diáconos, y hermanos y hermanas, pueden sentirse frustrados. Y apostaría que incluso obispos y papas sienten frustración. Nos preocupamos y molestamos y amargamos y a veces nos escandalizamos porque tu divina institución, nuestro hogar, está llena de seres humanos pecadores. Como yo. Pero sobre todo acabo frustrado cuando siento que hay cosas que deben ser cambiadas y no tengo el poder para hacerlo. Por eso necesito tu ayuda, Dios. Ayúdame a recordar que Jesús prometió que estaría con nosotros hasta el fin de los tiempos, y que tu Iglesia sigue siendo guiada siempre por el Espíritu Santo, incluso si me es difícil verlo. A veces el cambio es repentino y el Espíritu nos sorprende, pero generalmente el cambio ocurre lentamente en la Iglesia. A tu ritmo y no al mío. Ayúdame a confiar en que las semillas que planto con amor en el suelo de tu Iglesia algún día germinarán. Por ello dame paciencia. Ayúdame a entender que nunca hubo un tiempo sin peleas y disputas dentro de tu Iglesia. Los debates retroceden por toda su historia hasta Pedro y Pablo discutiendo entre sí. Y tampoco hubo un tiempo en el que no hubiese pecado entre los miembros de tu Iglesia. Ese tipo de pecado retrocede hasta Pedro negando a Jesús durante su Pasión. ¿Por qué la Iglesia de hoy tendría que ser diferente de la que fue para aquellos que conocieron a Jesús sobre la tierra? Dame sabiduría. Ayúdame a confiar en la Resurrección. Jesús resucitado nos recuerda que siempre hay esperanza de algo nuevo. La muerte no es nunca la última palabra para nosotros. Tampoco la desesperación. Y ayúdame a recordar que cuando Cristo resucitado apareció a sus discípulos portaba las heridas de su crucifixión. Como Cristo, la Iglesia siempre está herida, pero es siempre portadora de la gracia. Dame esperanza. Ayúdame a creer que tu Espíritu puede hacerlo todo: suscitar santos cuando más los necesitamos, suavizar corazones cuando parecen endurecidos, abrir mentes cuando parecen cerradas, inspirar confianza cuando todo parece perdido, nos ayuda a hacer lo que parecía imposible hasta que fue hecho. Este es el mismo Espíritu que convirtió a Pablo, inspiró a Agustín, llamó a Francisco de Asís, empujó a Catalina de Siena, consoló a Ignacio de Loyola, confortó a Teresita de Lisieux, animó a Juan XXIII, acompañó a Teresa de Calculta, fortaleció a Dorothy Day, y le dio coraje a Juan Pablo II. Es el mismo Espíritu que camina hoy con nosotros, y no ha perdido su poder. Dame fe. Ayúdame a recordar a todos tus santos. La mayoría de ellos la pasó mucho peor que yo. Ellos también a veces resultaron frustrados con tu Iglesia, lucharon con ello e incluso fueron perseguidos. Juana de Arco fue quemada por las autoridades de la Iglesia. Ignacio de Loyola fue puesto en la cárcel por la Inquisición. Mary MacKillop fue excomulgada. Si ellos pudieron confiar en tu Iglesia en medio de esas dificultades, yo también puedo. Dame valentía. Ayúdame a tener calma cuando la gente me diga que no pertenezco a la Iglesia, que soy un hereje por tratar de mejorar las cosas, o que no soy un buen católico. Yo sé que fui bautizado. Tú me llamaste por mi nombre, Señor, a tu Iglesia. Mientras tenga aliento, ayúdame a recordar cómo las aguas del bautismo me acogieron en tu santa familia de pecadores y santos. Deja que la voz que me atrajo a tu Iglesia sea lo que yo escuche cuando otras voces me digan que no soy bienvenido en ella. Dame paz. Sobre todo, ayúdame a colocar toda mi esperanza en tu Hijo. Tengo fe en Jesucristo. Dame solo su amor y su gracia, que eso me basta. Ayúdame Dios y ayuda a tu Iglesia. Amén. James Martin, SJ
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    (Si desea leer el artículo completo, haga click en el título) El Vaticano ha presentado la exhortación apostólica Amoris Laetitia, (en castellano, “La alegría del amor”), el documento magisterial nacido de las reflexiones en las dos asambleas sinodales sobre la familia. Valiente, desafiante y sobre todo, centrado en la realidad del siglo XXI, el Papa Francisco aborda importantes -y polémicas- temáticas, afirmando incluso que “ya no es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada ‘irregular’ viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante”. El primer capítulo ofrece un marco de citas bíblicas, el segundo traza una visión sobre la situación, el tercero habla sobre la vocación de la familia. Dos capítulos, el cuarto y el quinto, están dedicados específicamente al tema del amor conyugal. El sexto habla de las perspectivas pastorales, el séptimo sobre la educación de los hijos. En cambio, el octavo, que será seguramente el más discutido, contiene las indicaciones para la integración de los divorciados que se han vuelto a casar. ————————————————————————— “Si eres laico, y quieres leer la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia sobre la familia, empieza por el capítulo 4. Si eres un sacerdote, teólogo moral, o católico divorciado, lee el capítulo 8″, recomienda el P. Thomas Reese SJ, teólogo norteamericano y colaborador en varios medios de comunicación y revistas especializadas. Luego da algunas referencias de lo que se encuentra en cada capítulo. Aquí un resumen: El primer capítulo es una reflexión sobre las Escrituras pero al final termina siendo una colección de referencias que se pudieron conectar mejor. Sin embargo tiene algunos buenos pasajes. Luego, el segundo capítulo examina “la situación real de las familias, con el fin de mantenerla anclada en la realidad”. En este capítulo, al igual que el primer capítulo de la encíclica del Papa sobre el medio ambiente, refleja la insistencia del Papa de que los hechos son importantes. Creo que da una descripción realista del estado de la vida familiar, pero hay algunas sorpresas. Una característica notable de este capítulo es su petición de “una buena dosis de autocrítica” en la iglesia. “Con frecuencia presentamos el matrimonio de tal manera que su fin unitivo, el llamado a crecer en el amor y el ideal de ayuda mutua, quedó opacado por un acento casi excluyente en el deber de la procreación”, escribe. “Otras veces, hemos presentado un ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto, casi artificiosamente construido, lejano de la situación concreta y de las posibilidades efectivas de las familias reales”. “También nos cuesta dejar espacio a la conciencia de los fieles, que muchas veces responden lo mejor posible al Evangelio en medio de sus límites y pueden desarrollar su propio discernimiento ante situaciones donde se rompen todos los esquemas”, continúa. “Estamos llamados a formar las conciencias, pero no a pretender sustituirlas”. El tercer capítulo recuerda “algunos aspectos esenciales de la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia”. Aquí hago hincapié en que no estoy diciendo que no lean los tres primeros capítulos. Más bien estoy sugiriendo empezar en el 4 y luego volver a estos capítulos más adelante. El capítulo 4 es una obra maestra. Debe ser leído por cada pareja que tenga pensado casarse o que ha estado casada sin importar el tiempo. Con suerte alguna editorial publicará este capítulo por separado para las charlas de preparación para el matrimonio y terapia de pareja, así como para la escuela secundaria y cursos universitarios. El tono es pastoral y inspirador, no crítico ni moralista. Se puede concluir que, como sacerdote y obispo, pasó incontables horas escuchando y dialogando con las parejas sobre su experiencia vivida. El capítulo 5 trata sobre los niños en la familia. Afirma la necesidad y el derecho de un niño a tener el amor de una madre y su padre. No sólo como individuos, sino “enseñan el valor de la reciprocidad, del encuentro entre diferentes, donde cada uno aporta su propia identidad y sabe también recibir del otro”, escribe. A pesar de su énfasis en la necesidad de tener padre y madre, en el siguiente capítulo, respecto a padre o madre solteros, insiste en que “el progenitor que vive con el niño debe encontrar apoyo y consuelo entre las familias que conforman la comunidad cristiana, así como en los órganos pastorales de las parroquias”. El capítulo 6 reflexiona “sobre algunos de los desafíos pastorales más importantes”. Este capítulo está dirigido a los obispos, sacerdotes y agentes de pastoral en la iglesia. Habla de la importancia de proclamar el evangelio de la familia, de la preparación de las parejas para el matrimonio, de la formación de líderes laicos, y de apoyo y acompañamiento a las parejas casadas a medida que continúan su vida en común y experimentan crisis, incluyendo rupturas y el divorcio o la muerte. También insta la presencia de los laicos y “en particular la presencia femenina, en la formación sacerdotal, al favorecer el aprecio por la variedad y complementariedad de las diversas vocaciones en la Iglesia”. El capítulo 7 se refiere a la educación de los niños, que los padres deben asumir “conscientemente, con entusiasmo, razonablemente, y de manera adecuada”. Se insta a la vigilancia, pero no a la obsesión. “Lo que interesa sobre todo es generar en el hijo, con mucho amor, procesos de maduración de su libertad, de capacitación, de crecimiento integral, de cultivo de la auténtica autonomía”. Se hace hincapié en la formación ética y religiosa de los niños. Aquí en su mayor parte, lo que dice es sensato y tradicional, pero también plantea nuevos problemas, como la necesidad de una “desconexión tecnológica”. También se hace eco de la llamada del Vaticano II por “una educación sexual positiva y prudente”. Él reconoce que “es difícil pensar la educación sexual en una época en que la sexualidad tiende a banalizarse y a empobrecerse. Sólo podría entenderse en el marco de una educación para el amor, para la donación mutua. De esa manera, el lenguaje de la sexualidad no se ve tristemente empobrecido, sino iluminado”. Pienso que el capítulo 8 debe ser leído por todos los sacerdotes, teólogos morales, y católicos divorciados, pero para cualquier otra persona sin duda vale la pena la lectura. Es probablemente el mejor estudio de la conciencia y el pecado que haya visto salir del Vaticano. Los párrafos 296 – 312 (del octavo capítulo) están dedicados al discernimiento de las situaciones “irregulares”. Contienen tres palabras clave: “acompañar”, “discernir” e “integrar”. Nunca se nombra explícitamente la admisión a la eucaristía en el texto, aunque en una nota se haga referencia a los “sacramentos”. Se explica que no son posibles reglas canónicas generales, válidas para todos, por lo que el camino es el del discernimiento caso por caso. “Nadie puede ser condenado para siempre —escribe el Papa—, ¡porque esa no es la lógica del Evangelio!”. Luego Francisco recuerda que los divorciados que han contraído nuevas nupcias “pueden encontrarse en situaciones muy diferentes”, que no pueden ser clasificadas en “afirmaciones demasiado rígidas”. El Papa también reflexiona sobre las razones que permiten un “discernimiento especial” en ciertas situaciones, pero sin reducir nunca “las exigencias del Evangelio”. Se trata de evaluar “condicionamientos” y “circunstancias atenuantes”. Hay quienes, efectivamente, podrían encontrarse en condiciones “concretas que no les permitan actuar de manera diferente y tomar otras decisiones sin una nueva culpa”. Es decir: puede haber “factores que limitan la capacidad de decisión”. Para cerrar el importante capítulo 8, Francisco señala que en la Iglesia “debe prevalecer” la lógica que siempre lleva a “comprender, a perdonar, a acompañar”, y, sobre todo, “a integrar”. Francisco invita a los fieles que viven en “situaciones complejas” a acercarse “con confianza” a dialogar con sus pastores. El capítulo final se centra en la espiritualidad del matrimonio y la vida familiar. Se insiste en que el Señor habita en las familias reales y concretas con todas sus “preocupaciones cotidianas y luchas, alegrías y esperanzas”. Vivir una vida de amor en estas familias es un medio de unión más profunda con Dios. “La espiritualidad se encarna en la comunión de la familia”. Se trata de un documento papal que bien vale la pena el tiempo para leerlo y reflexionarlo. Algunas partes pueden ser algo lentas; pero muchas otras inspiran y deleitan; otras darán esperanza; y algunas también podrían exasperar. Si lleva esta conversación sobre la familia fuera de la sala sinodal hasta las parroquias y las familias, entonces será un éxito. Síntesis oficial de Amoris laetitia La Exhortación apostólica post-sinodal “sobre el amor en la familia”, con fecha no casual del 19 de marzo, Solemnidad de San José, recoge los resultados de dos Sínodos sobre la familia convocados por Papa Francisco en el 2014 y en el 2015, cuyas Relaciones conclusivas son largamente citadas, junto a los documentos y enseñanzas de sus Predecesores y a las numerosas catequesis sobre la familia del mismo Papa Francisco. Todavía, como ya ha sucedido en otros documentos magisteriales, el Papa hace uso también de las contribuciones de diversas Conferencias episcopales del mundo (Kenia, Australia, Argentina…) y de citaciones de personalidades significativas como Martin Luther King o Eric Fromm. Es particular una citación de la película “La fiesta de Babette”, que el Papa recuerda para explicar el concepto de gratuidad. Premisa La Exhortación apostólica impresiona por su amplitud y articulación. Esta se subdivide en nueva capítulos y más de 300 párrafos. Se abre con siete párrafos introductivos que ponen en plena luz la conciencia de la complejidad del tema y la profundización que requiere. Se afirma que las intervenciones de los Padres en el Sínodo han compuesto un “precioso poliedro” (AL 4) que debe ser preservado. En este sentido, el Papa escribe que “no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones del magisterio”. Por lo tanto para algunas cuestiones “en cada país o región se deben buscar soluciones más inculturadas, atentas a la tradiciones y a los desafíos locales. De hecho, las culturas son muy diversas entre sí y todo principio general (…) tiene necesidad de ser inculturado, si quiere ser observado y aplicado” (AL 3). Este principio de inculturación resulta verdaderamente importante incluso en el modo de plantear y comprender los problemas que, más allá de las cuestiones dogmáticas bien definidas del Magisterio de la Iglesia, no puede ser “globalizado”. Pero sobre todo el Papa afirma inmediatamente y con claridad que es necesario salir de la estéril contraposición entre la ansiedad de cambio y la aplicación pura y simple de normas abstractas. Escribe: “los debates que se dan en los medios de comunicación, en las publicaciones y aún entre ministros de la Iglesia, van desde un deseo desenfrenado de cambiar todo sin suficiente reflexión o fundamentación, hasta la actitud de pretender resolver todo aplicando normativas generales o extrayendo conclusiones excesivas de algunas reflexiones teológicas” (AL 2). Capítulo primero: “A la luz de la Palabra” Puestas estas premisas, el Papa articula su reflexión a partir de la Sagrada Escritura en el primer capítulo, que se desarrolla como una meditación sobre el Salmo 128, característico de la liturgia nupcial tanto judía como cristiana. La Biblia “está poblada de familias, de generaciones, de historias de amor y de crisis familiares” (AL 8) y a partir de este dato se puede meditar cómo la familia no es un ideal abstracto sino un “trabajo ‘artesanal'” (AL 16) que se expresa con ternura (AL 28) pero que se ha confrontado también con el pecado desde el inicio, cuando la relación de amor se transforma en dominio (cfr. AL 19). Entonces la Palabra de Dios “no se muestra como un secuencia de tesis abstractas, sino como una compañera de viaje también para las familias que están en crisis o en medio de algún dolor, y les muestra la meta del camino” (AL 22). Capítulo segundo: “La realidad y los desafíos de la familia” A partir del terreno bíblico en el segundo capítulo el Papa considera la situación actual de las familias, poniendo “los pies sobre la tierra” (AL 6), recurriendo ampliamente a las Relaciones conclusivas de los dos Sínodos y afrontando numerosos desafíos, desde el fenómeno migratorio a las negociaciones ideológicas de la diferencia de sexos (“ideología del gender”); desde la cultura de lo provisorio a la mentalidad antinatalista y al impacto de la biotecnología en el campo de la procreación; de la falta de casa y de trabajo a la pornografía y el abuso de menores; de la atención a las personas con discapacidad, al respeto de los ancianos; de la desconstrucción jurídica de la familia, a la violencia contra las mujeres. El Papa insiste sobre lo concreto, que es una propiedad fundamental de la Exhortación. Y son las cosas concretas y el realismo que ponen una substancial diferencia entre teoría de interpretación de la realidad e “ideologías”. Citando la Familiares consortio Francisco afirma que “es sano prestar atención a la realidad concreta, porque “las exigencias y llamadas del Espíritu resuenan también en los acontecimientos mismos de la historia”, a través de los cuales “la Iglesia puede ser guiada a una comprensión más profunda del inagotable misterio del matrimonio y de la familia”. (AL 31) Por lo tanto, sin escuchar la realidad no es posible comprender las exigencias del presente ni los llamados del Espíritu. El Papa nota que el individualismo exagerado hace difícil hoy la entrega a otra persona de manera generosa (Cfr. AL 33). Esta es una interesante fotografía de la situación: “se teme la soledad, se desea un espacio de protección y de fidelidad, pero al mismo tiempo crece el temor de ser atrapado por una relación que pueda postergar el logro de las aspiraciones personales” (AL 34). La humildad del realismo ayuda a no presentar “un ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto, casi artificialmente construido, lejano de la situación concreta y de las posibilidades efectivas de las familias reales” (AL 36). El idealismo aleja de considerar al matrimonio tal cual es, esto es “un camino dinámico de crecimiento y realización”. Por esto no es necesario tampoco creer que las familias se sostienen “solamente insistiendo sobre cuestiones doctrinales, bioéticas y morales, sin motivar la apertura a la gracia” (AL 37). Invitando a una cierta “autocrítica” de una presentación no adecuada de la realidad matrimonial y familiar, el Papa insiste que es necesario dar espacio a la formación de la conciencia de los fieles: “Estamos llamado a formar las conciencias no a pretender sustituirlas” (AL 37). Jesús proponía un ideal exigente pero “no perdía jamás la cercana compasión con las personas más frágiles como la samaritana o la mujer adúltera” (AL 38). Capítulo tercero: “La mirada puesta en Jesús: la vocación de la familia” El tercer capítulo está dedicado a algunos elementos esenciales de la enseñanza de la Iglesia a cerca del matrimonio y la familia. La presencia de este capítulo es importante porque ilustra de manera sintética en 30 párrafos la vocación de la familia según el Evangelio, así como fue entendida por la Iglesia en el tiempo, sobre todo sobre el tema de la indisolubilidad, de la sacramentalidad del matrimonio, de la transmisión de la vida y de la educación de los hijos. Son ampliamente citadas la Gaudium et spes del Vaticano II, la Humanae vitae de Pablo VI, la Familiares consortio de Juan Pablo II. La mirada es amplia e incluye también las “situaciones imperfectas”. Leemos de hecho: “‘El discernimiento de la presencia de las ‘semina Verbi” en otras culturas (cfr Ad gentes, 11) puede ser aplicado también a la realidad matrimonial y familiar. Fuera del verdadero matrimonio natural también hay elementos positivos presentes en las formas matrimoniales de otras tradiciones religiosas’, aunque tampoco falten las sombras” (AL 77). La reflexión incluye también a las “familias heridas” frente a las cuales el Papa afirma –citando la Relatio finalis del Sínodo 2015- “siempre es necesario recordar un principio general: “Sepan los pastores que, por amor a la verdad, están obligados a discernir bien las situaciones” (Familiares consortio, 84). El grado de responsabilidad no es igual en todos los casos, y puede haber factores que limitan la capacidad de decisión. Por lo tanto, al mismo tiempo que la doctrina debe expresarse con claridad, hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y hay que estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición” (AL 79). Capítulo cuatro: “El amor en el matrimonio” El cuarto capítulo trata del amor en el matrimonio, y lo ilustra a partir del “himno al amor” de san Pablo en 1 Cor 13,4-7. El capítulo es una verdadera y propia exégesis atenta, puntual, inspirada y poética del texto paulino. Podríamos decir que se trata de una colección de fragmentos de un discurso amoroso que está atento a describir el amor humano en términos absolutamente concretos. Uno se queda impresionado por la capacidad de introspección psicológica que sella esta exégesis. La profundización psicológica entra en el mundo de las emociones de los conyugues – positivas y negativas- y en la dimensión erótica del amor. Se trata de una contribución extremamente rica y preciosa para la vida cristiana de los conyugues, que no tiene hasta ahora parangón en precedentes documentos papales. A su modo este capítulo constituye un tratado dentro del desarrollo más amplio, plenamente consciente de la cotidianidad del amor que es enemiga de todo idealismo: “no hay que arrojar sobre dos personas limitadas –escribe el Pontífice- el tremendo peso de tener que reproducir de manera perfecta la unión que existe entre Cristo y su Iglesia, porque el matrimonio como signo implica un proceso dinámico, que avanza gradualmente con la progresiva integración de los dones de Dios” (AL 122). Pero por otra parte el Papa insiste de manera fuerte y decidida sobre el hecho de que “en la naturaleza misma del amor conyugal está la apertura a lo definitivo” (AL 123), propiamente al interior de esa “combinación de alegrías y de fatigas, de tensiones y de reposo, de sufrimientos y de liberación, de satisfacciones y de búsquedas, de fastidios y de placeres” (AL 126) es, precisamente, el matrimonio. El capítulo se concluye con una reflexión muy importante sobre la “transformación del amor” porque “la prolongación de la vida hace que se produzca algo que no era común en otros tiempos: la relación íntima y la pertenencia mutua deben conservarse por cuatro, cinco o seis décadas, y esto se convierte en una necesidad de volver a elegirse una y otra vez” (AL 163). El aspecto físico cambia y la atracción amorosa no disminuye pero cambia: el deseo sexual con el tiempo se puede transformar en deseo de intimidad y “complicidad”. “No podemos prometernos tener los mismos sentimientos durante toda la vida. En cambio, sí podemos tener un proyecto común estable, comprometernos a amarnos y a vivir unidos hasta que la muerte nos separe, y vivir siempre una rica intimidad” (AL 163). Capitulo quinto: “El amor que se vuelve fecundo” El capítulo quinto esta todo concentrado sobre la fecundidad y la generatividad del amor. Se habla de manera espiritual y psicológicamente profunda del recibir una vida nueva, de la espera propia del embarazo, del amor de madre y de padre. Pero también de la fecundidad ampliada, de la adopción, de la aceptación de la contribución de las familias para promover la “cultura del encuentro”, de la vida de la familia en sentido amplio, con la presencia de los tíos, primos, parientes de parientes, amigos. Amoris laetitia no toma en consideración la familia “mononuclear”, porque es bien consciente de la familia como amplia red de relaciones. La misma mística del sacramento del matrimonio tiene un profundo carácter social (cfr. AL 186). Y al interno de esta dimensión el Papa subraya en particular tanto el rol específico de la relación entre jóvenes y ancianos, como la relación entre hermanos y hermanas como práctica de crecimiento en relación con los otros. Capítulo sexto: “Algunas perspectivas pastorales” En el sexto capítulo el Papa afronta algunas vías pastorales que orientan para construir familias sólidas y fecundas según el plan de Dios. En esta parte la Exhortación hace un largo recurso a las Relaciones conclusivas de los dos Sínodos y a las catequesis del Papa Francisco y de Juan Pablo II. Se confirma que las familias son sujeto y no solamente objeto de evangelización. El Papa señala que “a los ministros ordenados les suele faltar formación adecuada para tratar los complejos problemas actuales de las familias” (AL 202). Si por una parte es necesario mejorar la formación psico-afectiva de los seminaristas e involucrar más a las familias en la formación al ministerio (cfr. AL 203), por otra “puede ser útil (…) también la experiencia de la larga tradición oriental de los sacerdotes casados” (cfr. AL 239). Después el Papa afronta el tema de guiar a los novios en el camino de la preparación al matrimonio, de acompañar a los esposos en los primeros años de vida matrimonial (incluido el tema de la paternidad responsable), pero también en algunas situaciones complejas y en particular en las crisis, sabiendo que “cada crisis esconde una buena noticia que hay que saber escuchar afinando el oído del corazón” (AL 232). Se analizan algunas causas de crisis, entre las cuales una maduración afectiva retrasada (cfr. AL 239). Entre otras cosas se habla también del acompañamiento de las personas abandonadas, separadas y divorciadas y se subraya la importancia de la reciente reforma de los procedimientos para el reconocimiento de los casos de nulidad matrimonial. Se pone de relieve el sufrimiento de los hijos en las situaciones de conflicto y se concluye: “El divorcio es un mal, y es muy preocupante el crecimiento del número de divorcios. Por eso, sin duda, nuestra tarea pastoral más importante con respecto a las familias, es fortalecer el amor y ayudar a sanar las heridas, de manera que podamos prevenir el avance de este drama de nuestra época” (AL 246). Se tocan después las situaciones de matrimonios mixtos y de aquellos con disparidad de culto, y las situaciones de las familias que tienen en su interior personas con tendencia homosexual, confirmando el respeto en relación a ellos y el rechazo de toda injusta discriminación y de toda forma de agresión o violencia. Pastoralmente preciosa es la parte final del capítulo; “Cuando la muerte planta su aguijón”, sobre el tema de la perdida de las personas queridas y la viudez. Capítulo séptimo: “Reforzar la educación de los hijos” El séptimo capítulo esta todo dedicado a la educación de los hijos: su formación ética, el valor de la sanción como estímulo, el paciente realismo, la educación sexual, la transmisión de la fe, y más en general, la vida familiar como contexto educativo. Es interesante la sabiduría práctica que transparenta en cada párrafo y sobre todo la atención a la gradualidad y a los pequeños pasos “que puedan ser comprendidos, aceptados y valorados” (AL 271). Hay un párrafo particularmente significativo y pedagógicamente fundamental en el cual Francisco afirma claramente que “la obsesión no es educativa, y no se puede tener un control de todas las situaciones por las que podría llegar a pasar un hijo (…) Si un padre está obsesionado por saber dónde está su hijo y por controlar todos sus movimientos, sólo buscará dominar su espacio. De ese modo no lo educará, no lo fortalecerá, no lo preparará para enfrentar los desafíos. Lo que interesa sobre todo es generar en el hijo, con mucho amor, procesos de maduración de su libertad, de capacitación, de crecimiento integral, de cultivo de la auténtica autonomía” (AL 261). Notable es la sección dedicada a la educación sexual titulada muy expresivamente: “Si a la educación sexual”. Se sostiene su necesidad y se nos pregunta “si nuestras instituciones educativas han asumido este desafío (…) en una época en que se tiende a banalizar y a empobrecer la sexualidad”. Ella debe realizarse “en el cuadro de una educación al amor, a la recíproca donación” (AL 280). Se pone en guardia de la expresión “sexo seguro”, porque transmite “una actitud negativa hacia la finalidad procreativa natural de la sexualidad, como si un posible hijo fuera un enemigo del cual hay que protegerse. Así se promueve la agresividad narcisista en lugar de la acogida” (AL 283). Capítulo octavo: “Acompañar, discernir e integrar la fragilidad” El capítulo octavo constituye una invitación a la misericordia y al discernimiento pastoral frente a situaciones que no responden plenamente a aquello que el Señor propone. El Papa que escribe usa tres verbos muy importantes: “acompañar, discernir e integrar” que son fundamentales para afrontar situaciones de fragilidad, complejas o irregulares. Entonces el Papa presenta la necesaria gradualidad en la pastoral, la importancia del discernimiento, las normas y circunstancias atenuantes en el discernimiento pastoral y en fin, aquella que él define la “lógica de la misericordia pastoral”. El capítulo octavo es muy delicado. Para leerlo se debe recordar que “a menudo, la tarea de la Iglesia asemeja a la de un hospital de campaña” (AL 291). Aquí el Pontífice asume lo que ha sido fruto de las reflexiones del Sínodo sobre temáticas controvertidas. Se confirma qué es el matrimonio cristiano y se agrega que “otras formas de unión contradicen radicalmente este ideal, pero algunas lo realizan al menos de modo parcial y análogo”. La Iglesia por lo tanto “no deja de valorar los elementos constructivos en aquellas situaciones que no corresponden todavía o ya no corresponden más a su enseñanza sobre el matrimonio” (AL 292). En relación al “discernimiento” acerca de las situaciones “irregulares” el Papa observa que “hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y es necesario estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición” (AL 296). Y continua: “Se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial, para que se sienta objeto de una misericordia inmerecida, incondicional y gratuita” (AL 297). Todavía: “Los divorciados en nueva unión, por ejemplo, pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un adecuado discernimiento personal y pastoral” (AL 298). En esta línea, acogiendo las observaciones de muchos Padres sinodales, el Papa afirma que “los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente deben ser más integrados en la comunidad cristiana en las diversas formas posibles, evitando cualquier ocasión de escándalo”. “Su participación puede expresarse en diferentes servicios eclesiales (…) Ellos no sólo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia (…) Esta integración es también necesaria para el cuidado y la educación cristiana de sus hijos, que deben ser considerados los más importantes” (AL 299). Más en general el Papa hace una afirmación extremamente importante para comprender la orientación y el sentido de la Exhortación: “Si se tiene en cuenta la innumerable diversidad de situaciones concretas (…) puede comprenderse que no debería esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa general de tipo canónica, aplicable a todos los casos. Sólo cabe un nuevo aliento a un responsable discernimiento personal y pastoral de los casos particulares, que debería reconocer que, puesto que “el grado de responsabilidad no es igual en todos los casos”, las consecuencias o efectos de una norma no necesariamente deben ser siempre las mismas” (AL 300). El Papa desarrolla de modo profundo exigencias y características del camino de acompañamiento y discernimiento en diálogo profundo entre fieles y pastores. A este fin llama a la reflexión de la Iglesia “sobre los condicionamientos y circunstancias atenuantes” en lo que reguarda a la imputabilidad y la responsabilidad de las acciones y, apoyándose en Santo Tomas de Aquino, se detiene sobre la relación entre “las normas y el discernimiento” afirmando: “Es verdad que las normas generales presentan un bien que nunca se debe desatender ni descuidar, pero en su formulación no pueden abarcar absolutamente todas las situaciones particulares. Al mismo tiempo, hay que decir que, precisamente por esa razón, aquello que forma parte de un discernimiento práctico ante una situación particular no puede ser elevado a la categoría de una norma” (AL 304). En la última sección del capítulo: “la lógica de la misericordia pastoral”, Papa Francisco, para evitar equívocos, reafirma con fuerza: “Comprender las situaciones excepcionales nunca implica ocultar la luz del ideal más pleno ni proponer menos que lo que Jesús ofrece al ser humano. Hoy, más importante que una pastoral de los fracasos es el esfuerzo pastoral para consolidar los matrimonios y así prevenir las rupturas” (AL 307). Pero el sentido general del capítulo y del espíritu que el Papa quiere imprimir a la pastoral de la Iglesia está bien resumido en las palabras finales: “Invito a los fieles que están viviendo situaciones complejas, a que se acerquen con confianza a conversar con sus pastores o con laicos que viven entregados al Señor. No siempre encontrarán en ellos una confirmación de sus propias ideas o deseos, pero seguramente recibirán una luz que les permita comprender mejor lo que les sucede y podrán descubrir un camino de maduración personal. E invito a los pastores a escuchar con afecto y serenidad, con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas y de comprender su punto de vista, para ayudarles a vivir mejor y a reconocer su propio lugar en la Iglesia” (AL 312). Sobre la “lógica de la misericordia pastoral” Papa Francisco afirma con fuerza:”A veces nos cuesta mucho dar lugar en la pastoral al amor incondicional de Dios. Ponemos tantas condiciones a la misericordia que la vaciamos de sentido concreto y de significación real, y esa es la peor manera de licuar el Evangelio” (AL 311). Capítulo noveno: “Espiritualidad conyugal y familiar” El noveno capítulo está dedicado a la espiritualidad conyugal y familiar, “hecha de miles de gestos reales y concretos” (AL 315). Con claridad se dice que “quienes tienen hondos deseos espirituales no deben sentir que la familia los aleja del crecimiento en la vida del Espíritu, sino que es un camino que el Señor utiliza para llevarles a las cumbres de la unión mística” (AL 316). Todo, “los momentos de gozo, el descanso o la fiesta, y aun la sexualidad, se experimentan como una participación en la vida plena de su Resurrección” (AL 317). Se habla entonces de la oración a la luz de la Pascua, de la espiritualidad del amor exclusivo y libre en el desafío y el anhelo de envejecer y gastarse juntos, reflejando la fidelidad de Dios (cfr. AL 319). Y, en fin, de la espiritualidad “del cuidado, de la consolación y el estímulo”. “Toda la vida de la familia es un “pastoreo” misericordioso. Cada uno, con cuidado, pinta y escribe en la vida del otro” (AL 322), escribe el Papa. Es una honda “experiencia espiritual contemplar a cada ser querido con los ojos de Dios y reconocer a Cristo en él” (AL 323). En el párrafo conclusivo el Papa afirma: “ninguna familia es una realidad perfecta y confeccionada de una vez para siempre, sino que requiere una progresiva maduración de su capacidad de amar (…). Todos estamos llamados a mantener viva la tensión hacia un más allá de nosotros mismos y de nuestros límites, y cada familia debe vivir en ese estímulo constante. ¡Caminemos familias, sigamos caminando! (…) No desesperemos por nuestros límites, pero tampoco renunciemos a buscar la plenitud de amor y de comunión que se nos ha prometido” (AL 325). La Exhortación apostólica se concluye con una Oración a la Sagrada Familia (AL 325). * * * Como es posible comprender con un rápido examen de sus contenidos, la Exhortación apostólica Amoris laetitia quiere confirmar con fuerza no el “ideal” de la familia, sino su realidad rica y compleja. Hay en sus páginas una mirada abierta, profundamente positiva, que se nutre no de abstracciones o proyecciones ideales, sino de una atención pastoral a la realidad. El documento es una lectura densa de sugerencias espirituales y de sabiduría práctica, útil a cada pareja humana o a personas que desean construir una familia. Se ve sobretodo que es fruto de una experiencia concreta con personas que saben por experiencia qué es la familia y el vivir juntos por muchos años. La Exhortación habla de hecho el lenguaje de la experiencia. Fuentes: Vatican Insider / La Nación / Vida Nueva / National Catholic Reporter
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    (Si desea leer el artículo completo, haga click en el título) “Querido Papa Francisco” es el título del libro del Santo Padre dirigido a los niños. Con este volumen por primera vez el Pontífice entra en diálogo con niños de todo el mundo. Como un padre, el Papa, escucha sus preguntas (que los niños enviaron en cartas), confiando a los más pequeños sus reflexiones sobre la vida y la fe, con palabras simples, concretas y a veces sorprendentes. Incluso algunas preguntas han podido resultar difíciles, porque surgen de la ingenuidad y espontaneidad de 30 niños de diferentes lugares del planeta: “¿Es difícil tu profesión? ¿Le caías bien a la gente? ¿Qué querías ser cuando tenías mi edad? ¿Mi abuelo que no es católico irá al cielo cuando se muera?”, son algunos ejemplos. Las respuestas del Papa van acompañadas de dibujos realizados por los pequeños. ————————————————————————— Familiar encuentro del Papa con los niños protagonistas del libro “Querido Papa Francisco” “¡Buona sera! ¡Good afternoon! ¡Buenas tardes!” En tres lenguas distintas y con la simpatía que lo caracteriza el Papa saludó a los niños, para dirigirse luego a todos los presentes con estas palabras: “Yo les quisiera decir una cosa, a los chicos y a los grandes, las preguntas más difíciles que me han hecho, no fueron en los exámenes los profesores, sino las que me hicieron los chicos”. El Papa explica entonces que “contestar a una pregunta de un chico a uno lo pone en dificultad”, “porque el chico tiene algo que ve lo esencial y lo pregunta directamente, y eso produce un efecto en quien escucha la pregunta de maduración interior. O sea, los chicos hacen madurar a los grandes con sus preguntas”. Con atención Francisco recibió después los regalos que los niños le habían traído: chocolatines belgas, un silbato irlandés, unas botas de Australia, dulces de Sicilia, una estatuilla de Kenia, alfajores de Argentina. A la niña china de She Shan el Papa le cuenta que en su oratorio tiene una imagen en la que está la Virgen de She Shan y que a Ella le reza todos los días por China. Y cuando la niña argentina le pregunta “si no fuera Papa, qué quisiera ser”, responde: ¿Digo la verdad? Cuando yo tenía tu edad, si más o menos, la tuya. Cuando tenía la edad de ustedes iba con mi mamá o con mi abuela al mercado a comprar las cosas. En aquella época no había supermarket sino que había el mercado en la calle, se llamaba feria, y estaba el puesto de la verdura, de la fruta, de la carne. Y a mí me gustaba ver cómo el carnicero cortaba la carne, con que arte. Entonces, yo dije que quería ser carnicero. Después estudié química, pero esa fue la primera vocación. ¿Qué Santo usted admira más?, le pregunta un niño. Y el Papa responde: “Tengo varios santos amigos, no sé a cuál admiro más, pero soy amigo de Santa Teresita del Niño Jesús, soy amigo de San Ignacio, soy amigo de San Francisco -yo no sé si ellos son amigos míos- y los admiro a cada cual por alguna cosa. Pero yo diría que son los tres, quizás, que más me llegan al corazón”. Luego la pregunta espontánea de otra niña: ¿Cómo se siente “ser Papa”? “Me siento tranquilo y Dios me dio la gracia de no perder la paz, es una gracia de Dios. Y me siento como que estoy terminando mi vida así, con mucha paz. Me siento bien por eso, porque siento que Dios me da paz. Y también me da alegría, por ejemplo, este encuentro con ustedes me da mucha alegría”. Y cuando le preguntan si es difícil ser el Papa, Francisco responde con sencillez: “Es fácil y es difícil, como la vida de cualquier persona. Es fácil porque tienes mucha gente que te ayuda. Por ejemplo, ustedes, me están ayudando a mi ahora, porque mi corazón está más feliz y voy a poder trabajar mejor y hacer mejores cosas”. De buen humor, durante una hora, Francisco no sólo abrazó y besó a cada uno de los niños, que le cantaron una canción. Con ellos sentados a su alrededor, sobre un alfombra, como un abuelo sabio, se divirtió conversando y contestando más preguntas. Al final del encuentro, las palabras de agradecimiento del Pontífice por la visita, “porque para Jesús los niños eran como el reflejo del camino hacia el Padre, y cuando me encuentro con chicos salgo rejuvenecido, dan vida, y rezo por ellos, para que la vida de ellos sea buena”. Sobre las preguntas en el libro La editorial española Mensajero, de la Compañía de Jesús, adelantó a Efe algunos detalles de la próxima publicación. Las respuestas del Papa, acompañadas de los dibujos realizados por los pequeños, muestran a un Jorge Bergoglio inédito que confiesa cómo le encantaba bailar el tango o conmovido cuando reconoce que si pudiera obrar un milagro curaría a todos los niños enfermos. “Querido Papa Francisco: Querría saber más sobre Jesús. ¿Cómo ha caminado sobre el agua?”, pregunta Natasha, de 8 años, desde Kenia, y a quien el Papa responde bromeando que “no voló, ni hizo volteretas nadando. Caminó como caminas tú (…). Jesús es Dios y él puede hacer de todo”. El Papa también responde a Luca (Australia, 7 años) que le pregunta sobre si su madre fallecida es ahora un ángel con alas. “No le han crecido las alas. Es como la conociste. Ella te mira y sonríe y cada vez que te ve está contenta”, responde. Francisco se confiesa ante las preguntas sin vergüenza de los pequeños cuando explica que no ha logrado aún entender por qué “sufren los niños” y que si pudiera hacer un milagro “curaría a todos”. Los niños interrogan al Papa sobre algunas de las realidades dolorosas que los rodean, como Michael, de Nigeria, que pregunta cómo acabar con las guerras. “Yo no puedo resolver los conflictos del mundo, pero tú y yo podemos probar a hacer de esta Tierra un mundo mejor. Hay que convencer a todos de que el modo mejor para ganar una guerra es no hacerla. No es fácil. Lo sé. Pero lo intento. Inténtalo tú también”, señala el pontífice. En el libro aparece también el Papa más humano, el que cuenta que le encanta el fútbol, pero que nunca ha aprendido a jugar bien y cómo le gusta ver los partidos porque el juego en equipo es un ejemplo sobre cómo “tendría que ser la Iglesia”. O el Francisco que cuenta a una niña albanesa, Prajla, de 6 años, que le encantaba bailar el tango, porque “bailar es expresar la alegría”, y recomienda bailar a los niños para que no sean “demasiado serios” cuando sean mayores. O la historia de por qué cuando era pequeño quería ser carnicero: “Iba con mi abuela al mercado y había un carnicero que era muy simpático conmigo. Era grande y gordo y tenía un delantal largo con un bolsillo grande delante. Cuando mi abuela pagaba, él metía las manos en el bolsillo grande. Estaba lleno de dinero y daba el cambio a la abuela. Yo pensaba que era un hombre muy rico”, revela. Alguna de las preguntas no se le hubieran ocurrido ni al más sagaz periodista, como la que pide al Papa que responda “cuál ha sido su decisión más difícil desde que es sumo pontífice”. El argentino admite que son muchas, pero que sobre todo la más difícil ha sido la de “quitar a alguien de un puesto de responsabilidad o de confianza o apartarle de un camino que estaba realizando porque lo consideraba no apto”. Otra de las cartas que componen el libro e, igualmente significativa, es la que firma Ivan, un niño chino de 13 años: “Mi abuelito, que no es católico pero que tampoco está dispuesto a hacer el mal, ¿irá al cielo cuando muera?”. Como es de esperar, Francisco le responde desde una perspectiva de esperanza: “Jesús nos ama muchísimo y quiere que todos vayamos al cielo. La voluntad de Dios es que todos nos salvemos. Hay quien imagina que si uno no sigue todas las reglas de la Iglesia al pie de la letra irá con certeza al infierno. Pero, en cambio, Jesús está junto a nosotros hasta el último momento de nuestra vida para salvarnos”. Por si quedara alguna duda, el Papa le ilustra a Ivan con un ejemplo: “Una vez, una señora acudió a un sacerdote santo que se llamaba Juan María Vianney, párroco de Ars en Francia. Se puso a llorar porque su marido se había suicidado tirándose de un puente. Estaba desesperada porque imaginaba que su marido estaba seguramente en el infierno. Y, sin embargo, el padre Juan María, que era un santo, le dijo: Mira que entre el puente y el río está la misericordia de Dios”. Entre las 30 cartas, escritas en 14 idiomas y desde 26 países distintos, están las de niños procedentes de República Dominicana, Perú, Argentina y Nicaragua. El director de la revista ‘Civilta Católica’, el padre jesuita Antonio Spadaro, fue el promotor de la idea y quien se acercó a la residencia del Papa para leerle las 30 cartas elegidas de los centenares que llegaron y recoger las respuestas. Y tras responder a todas, cuenta el sacerdote jesuita, “Francisco, pensativo, añadió: Es maravilloso responder a las preguntas de estos niños, pero debería haberlos tenido conmigo aquí, ¡a todos ellos!”. Otras preguntas del libro – “Antes de crear el mundo, Dios amaba”, “Dios ama siempre. Dios es amor”, es una de las respuestas que da el Obispo de Roma a Ryan, un niño canadiense que le pregunta, ¿Qué es lo que hacia Dios antes de crear el mundo? – A Josephine, británica de 7 años, que le pregunta cuáles son sus lugares favoritos para rezar, Francisco le confiesa que le gusta rezar donde sea, pero especialmente ante el Santísimo. Aunque revela: “También puedo rezar mientras camino, o incluso cuando voy al dentista”. – Una niña de 10 años, originaria de Filipinas, preguntó: “¿Usted sabe por qué algunos padres se pelean entre ellos?”. El Papa Francisco contestó: “Todos nos peleamos, todos somos humanos, también yo me he peleado (…) Estate cerca de tu papá y tu mamá, habla bien de ellos. Eso sería bueno para todos”. – Mohamed, de 10 años, de Siria quería saber si el mundo volvería a ser como era antes. El Papa le señaló que luego de que Jesús murió y ascendió al cielo, prometió que regresaría y que cuando lo haga, “todo será nuevo: un nuevo cielo, una nueva tierra”. Por esto “el mundo actual no será como era antes”.  Lamentó que existan “personas malignas” que producen y vender armas para fomentar guerras, personas que odian, y otras que están tan atadas al dinero que “incluso venden a otras personas” para obtener más. Aunque “esto sea terrible”, el Papa enfatiza “que este sufrimiento tendrá su final. No es eterno. El sufrimiento se vive con esperanza, a pesar de todo”. Fuentes: Radio Vaticana / Telam / La Nación / Vida Nueva
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    (Si desea leer la noticia completa, haga click en el título) “Eloi, Eloi, lema sabactani?” (“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”) ¿Qué podemos pensar de estas palabras de Jesús en la cruz? Para algunos cristianos, son difíciles de comprender. ¿Podría ser que Jesús pensó que Dios Padre le había abandonado? ¿Es posible que Jesús puso en duda el amor de quien Él llama Abba, “Padre”? ¿Perdió Jesús la esperanza cuando fue crucificado? Hay dos maneras principales de comprender estas misteriosas palabras de Jesús, que cita del Salmo 22, y que cualquier persona judía ahí presente con formación religiosa, habría podido reconocer. Reflexión del P. James Martin S.J. publicada en America Magazine. ————————————————————————— La primera posibilidad es que las palabras de Jesús no son una expresión de abandono, sino, paradójicamente, una expresión de esperanza en Dios. Aun cuando el Salmo 22 comienza: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, expresando la frustración de alguien que se siente abandonado por Dios, la segunda parte del salmo es un himno de acción de gracias a Dios, que ha escuchado la oración del salmista: Porque no ha despreciado ni le ha repugnado la desgracia de un desgraciado, no le ha escondido el rostro; cuando pidió auxilio, le escuchó. En esta interpretación, Jesús está invocando el salmo en su totalidad como la oración de alguien que clamó a Dios y fue oído. Un ejemplo basado en un salmo más conocido podría ser alguien que dice: “El Señor es mi pastor”, y confía en que los oyentes están familiarizados con el resto del Salmo 23 (“Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo: tú vas conmigo…”) y su mensaje general. En otras palabras, la frase “El Señor es mi pastor” se toma generalmente no solo como una afirmación de Dios como pastor, sino como forma abreviada de todo el salmo. En resumen, esta explicación del llamado de Jesús desde la cruz, es que estaba usando esa línea del Salmo 22 para expresar su confianza en Dios. Pero hay otra posibilidad: Jesús realmente se sentía abandonado. Esto no quiere decir que Jesús perdió la esperanza. No creo que alguien que tenía una relación tan íntima con el Padre, con Abba, podría haber perdido toda la fe en la presencia de Dios en este momento oscuro. Pero no es descabellado imaginar a Jesús, en esa situación extrema, sintiendo como si el Padre estuviera ausente. Y recuerden, si él está llamando a Dios, todavía está relacionado a Él. Aquí tenemos que distinguir entre el creer o el sentir de una persona sobre la ausencia de Dios. Este último es común en la vida espiritual. Es posible que haya tenido esta experiencia: creer en Dios, pero sentir que Dios no está cerca. Usted se pregunta: “¿Dónde está Dios?”. En ese caso se da una intersección importante entre la vida de Jesús y la nuestra. Considerando a todas las personas y posibles situaciones, no se podría culpar a Jesús por sentirse abandonado. Piense por lo que ha pasado durante la Pasión. En primer lugar, ha sido testigo de la traición de Judas, uno de sus amigos más cercanos, que lo había identificado a las autoridades a cambio de 30 monedas de plata. Además, el Evangelio de Marcos dice que para ese momento, todos sus apóstoles, menos uno, habían huído, ya sea por el terror, confusión o vergüenza. Así que es casi seguro que Jesús se siente abandonado y experimenta, aunque es probable que no por primera vez, la soledad humana. Jesús también ha sido sometido a una agotadora serie de pesquisas nocturnas, maltratado por los guardias romanos y obligado a desfilar por las calles de Jerusalén bajo un peso aplastante; luego sería clavado en la cruz de madera lo que le provocó un dolor insoportable. Por lo que no se le puede culpar por sentirse abandonado. El que se abandonó a la voluntad del Padre en el huerto de Getsemaní la noche anterior, que se había dado por entero a lo que el Padre tenía reservado para Él, ahora se pregunta en la cruz, “¿Dónde estás?”. Estos sentimientos probablemente se intensificaron al haber sido abandonado por sus seguidores. Hasta ese momento, si Jesús se sentía solo o poco comprendido por sus discípulos, es cuando podía haber buscado al Padre por consuelo. Pero aún con eso se siente solo. Es más, no sería descabellado pensar que fue el ser humano que más sintió la soledad alguna vez. ¿Qué dicen los estudiosos? Permítanme pasar a reseñar un estudio bíblico contemporáneo. Uno de los grandes estudiosos del Nuevo Testamento en el siglo 20, Raymond E. Brown, S. S., es el autor de un estudio sobre las historias de la Pasión, llamado “La muerte del Mesías”. En un ensayo titulado “El llamado de muerte de Jesús”, el padre Brown dice que, en su opinión, el abandono era en realidad lo que Jesús estaba experimentando. Algunos cristianos, dice el padre Brown, podrían querer rechazar la interpretación literal que implicaría sentimientos de abandono: “No pueden atribuir a Jesús tal angustia al encarar la muerte”. Sin embargo, como dice el padre Brown, si aceptamos que Jesús en el huerto todavía podía llamar a el Padre “Abba”, entonces debemos aceptar esta “protesta contra el abandono arrancada de un Jesús totalmente desolado que ahora está tan aislado y distanciado que ya no se dirige al ‘Padre’ como es usual, sino habla como el servidor más humilde”. ¿Qué quiere decir el padre Brown? Cuando Jesús habla al Padre en el huerto, Él dice: “Abba, Padre, para ti que todo es posible; aparta de mí esta copa…” (Mc 14,36). Abba es una forma familiar de hablar, la manera más coloquial y cercana con la cual nos podemos dirigir a nuestros padres. Pero en la cruz, cuando Jesús dice: “Mi Dios, mi Dios”, él usa la palabra aramea Eloi (o el hebreo Eli, dependiendo del Evangelio). Esa es una manera mucho más formal de hablar con Dios. El cambio de lo familiar de Abba en el huerto para el más formal Eloi en la cruz es desgarrador. La sensación de aislamiento de Jesús, entonces, se revela no solo en el llamado ni en la línea del salmo que pronuncia, sino también en la palabra Eloi. ¿Cómo es posible que alguien que había disfrutado de una relación tan cercana con Dios, podría sentirse abandonado? Para responder a esto, puede ser útil considerar una situación similar más cerca de nuestro propio tiempo. Un ejemplo contemporáneo En sus primeros años, la beata Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad, disfrutó de varias experiencias místicas de intensa cercanía con Dios. También experimentó la más rara de las gracias espirituales, una locución; escuchó la voz de Dios. Y luego… nada. Durante los últimos 50 años de su vida, hasta su muerte, sintió una sensación de vacío en su oración. En un determinado momento, le escribió a su confesor, “En mi alma siento ese terrible dolor de una pérdida -de que Dios no me quiera, de que Dios no es Dios, o por su no existencia”. Cuando sus diarios y cartas se publicaron poco después de su muerte en el libro “Ven, sé mi luz”, algunos lectores se sorprendieron por estos sentimientos, y se les hacía difícil de entender cómo podía continuar como creyente y, de hecho florecer como una líder religiosa. Pero la Madre Teresa estaba expresando sentimientos muy humanos de abandono y hablando de lo que los escritores espirituales llaman la “noche oscura”. Este estado emotivo se acerca, pero no acepta, la desesperación. Con el tiempo, las preguntas de la Madre Teresa sobre la existencia de Dios se desvanecieron, y comenzó a ver esta experiencia lacerante como una invitación para unirse más a Jesús en su abandono en la cruz y con los pobres, que también se sienten abandonados. Las cartas de la Madre Teresa no significan que ella abandonó a Dios o que Dios la había abandonado. De hecho, en la continuación con su ministerio a los pobres, hizo un acto radical de fidelidad basada en una relación en la que todavía creía, incluso si no podía sentir la presencia de Dios. Confió en la experiencia anterior. En otras palabras, tuvo fe. Jesús no pierde la esperanza. Él todavía está en relación con Abba, llamándolo desde la cruz. En medio del insoportable dolor físico, abandonado por todos, salvo algunos de sus amigos y discípulos, y frente a su muerte inminente, cuando sería casi imposible que alguien pueda pensar con lucidez, Él pudo sentirse abandonado. Para mí esto tiene más sentido que la postura de que el salmo que citó se refiere a la salvación de Dios. Así Jesús comprende no sólo el sufrimiento físico, sino también nuestro sufrimiento espiritual en estos sentimientos de abandono. Él era como nosotros en todo, menos en el pecado. Y experimentó todo lo que hacemos. Por eso cuando tenemos conflictos en la vida espiritual, cuando uno se pregunta dónde está Dios, cuando ores en la duda y la oscuridad, e incluso cuando se está cerca de la desesperación, se está orando a alguien que es totalmente humano y totalmente divino, alguien que te entiende completamente. Fuente: “My God, My God”. Texto de James Martin SJ, publicado en America Magazine
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    (Si desea leer la noticia completa, haga click en el título)  El método de la Asamblea sinodal sobre la familia dejó huella incluso en las diócesis. Lo demuestra el obispo que mejor representa el estilo del Papa Francisco en los Estados Unidos. Lleva menos de un año y medio guiando la arquidiócesis de Chicago, pero el Arz. Blase Cupich ya puso en marcha un programa pastoral ambicioso, titulado, emblemáticamente, “Renueva mi Iglesia”. El primer paso fue lanzar en Semana Santa una consulta muy amplia entre los fieles, mediante un cuestionario en línea en la web de la arquidiócesis, mismo que cada fiel puede completar anónimamente. ————————————————————————— “Soñar en grande para la arquidiócesis de Chicago” es el subtítulo que Cupich quiso para el proyecto que se desarrolla con una referencia muy fuerte: el crucifijo de San Damián, que habla a san Francisco para pedirle que repare “mi casa que yace en ruinas”. “La arquidiócesis ha cambiado significativamente durante las últimas décadas –escribió Cupich al explicar el espíritu de la iniciativa. La composición demográfica ha cambiado radicalmente. Algunos de nuestros edificios parroquiales están en ruinas. Tenemos menos sacerdotes para guiar nuestras comunidades. El resultado es que acabamos perdiendo nuestros recursos. Por el contrario, no debemos temer afrontar esta realidad, sino considerarla un tiempo de gracia para trazar nuevas vías para vivir con mayor plenitud nuestra misión”. Pero el arzobispo no pretende hacer solo esta tarea. Por ello creó el cuestionario, con 39 preguntas. Y su decisión de lanzarlo justamente en Semana Santa, mediante los boletines parroquiales, se relaciona con la intención de involucrar no solo a los más asiduos, sino también a los que se asoman a la Iglesia solo en las grandes fiestas. Algunas preguntas se refieren específicamente a la opinión sobre la propia parroquia. Se invita a los fieles a acompañar sus juicios con algunas indicaciones sobre la frecuencia con la que asisten a las misas de los domingos y sobre el grado de participación en la vida de la comunidad. Cupich indicó que uno de los resultados del recorrido será justamente la reorganización de la red de las parroquias. Pero la parte más interesante del cuestionario es la que pide a los fieles que describan detalladamente la diócesis que les gustaría. Se trata de una mirada relacionada con la experiencia personal: “Si tuvieras que mudarte a una nueva ciudad y elegir una nueva parroquia, cuáles son los aspectos que tomarías en cuenta?”. “¿Qué podría impulsarte a sentirte más involucrado en tu comunidad?”. “Si te encontraras con personas no católicas con las que pudieras hablar sobre Dios, Jesús o la vida de fe, cómo te comportarías?”. La última parte del cuestionario pide evaluar, para tener en cuenta toda la diócesis, la importancia de una serie de desafíos: la disponibilidad de los sacerdotes, el tema de las finanzas, la vitalidad de las parroquias, la manera para afrontar los escándalos relacionados con los abusos sexuales. Y también se pide indicar qué se considera más importante cuando se habla de renovación de la Iglesia: “¿Una mayor acogida? ¿Mejores prédicas? ¿Una mayor comprensión del Magisterio? ¿Ayudar a hacer crecer en la relación personal con Cristo? ¿Una mayor participación de los laicos? ¿Una administración financiera competente?”. “Así como nuestros antepasados respondieron con fe a sus sueños y construyeron la Iglesia que tenemos hoy –comentó Cupich–, hoy nos toca soñar en grande y asumir esta tarea. Este esfuerzo exige una fe firme, es decir una fe creativa, que nos refuerce en la conciencia de que es Cristo quien nos guía. Esta es la fe que nos mantendrá unidos. Y nos dará la firmeza necesaria para tomar las decisiones más valientes que plasmarán la Iglesia de Chicago para las próximas generaciones”. Comunicado del Arzobispo Blase Cupich: “Renueva mi Iglesia” Soñar en grande acerca de la Arquidiócesis de Chicago (extracto) Siendo el primer papa americano e hijo de inmigrantes, el Papa Francisco está llamando a toda la Iglesia a soñar, y soñar en grande. En La alegría del Evangelio escribió: “Sueño con una ‘opción misionera’ capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación”. Durante mucho tiempo he compartido este sueño. Era un sueño que comenzó a agitarse en mi interior cuando entré en el seminario justo después de la clausura del Concilio Vaticano II. Durante mis más de cuarenta años como sacerdote me he ido convenciendo cada vez más del gran potencial que tienen nuestras parroquias, cuando vibran y viven con el Evangelio, para transformar vidas y hacer una contribución singular al mundo. Esa convicción sólo ha aumentado desde que me convertí en arzobispo de Chicago, pues soy testigo cada día de la vitalidad de nuestras parroquias que enriquece la vida de tantas personas. Es cierto, el cumplimiento de este sueño es un mosaico de éxito y fracaso. Cada parroquia tiene sus fortalezas y debilidades en el cumplimiento de la misión de Cristo. Si bien medir la vitalidad de una parroquia es algo complejo, si me piden que describa la parroquia de mis sueños, sería una parroquia que adopta y persigue las siguientes siete prioridades. 1. Traemos a las personas a Cristo: La parroquia se esfuerza por evangelizar a sus miembros para que vivan de una manera más plena como discípulos intencionales. A su vez, los discípulos intencionales de la parroquia evangelizan continuamente a otros para dar a conocer la presencia de la Iglesia y de la misericordia de Cristo ahí, entre ellos, en el barrio. 2. Nos apoyamos mutuamente para conocer a Cristo de una manera más profunda: La parroquia permite un proceso permanente de formación para profundizar en la fe y en la relación con Cristo mediante la transmisión tanto de las doctrinas de la Iglesia como de la Tradición a los feligreses de todas las edades. 3. Encontramos a Cristo y recibimos su alimento a través de la oración y la adoración: La parroquia presenta una intención para desarrollar una cultura y una tradición de la oración, la devoción y la liturgia bien preparada, con la Eucaristía como la “fuente y cumbre”. 4. Construimos lazos entre nosotros para sostener nuestra vida en Cristo: La parroquia representa una verdadera comunidad católica que es consciente de su solidaridad en Cristo con toda la Iglesia de Chicago y con la Iglesia Universal. Es inclusiva y armoniosa, respetando y apreciando la diversidad en todas sus formas como un valor en el culto y en la vida comunitaria. 5. Transformamos las vidas de otros a través del servicio como discípulos misioneros de Cristo: La parroquia prepara y envía feligreses al mundo como discípulos misioneros, para transformar la sociedad con la alegría y la verdad del Evangelio. La parroquia es un faro de fe y un defensor de la justicia y la paz, auxiliando, inspirada en el amor, a todos los necesitados, a los que están en el margen de la sociedad, o que viven en el miedo y la soledad. 6. Respondemos al llamado a la santidad, caminando juntos con Cristo: La parroquia acompaña a los bautizados en ese viaje de vida para convertir a Cristo en el centro de sus vidas, para resistir al pecado, ser misericordiosos, estar continuamente atentos a la construcción de una espiritualidad madura, adulta, bien integrada y comprometida con la caridad, la paz, la oración y la virtud. 7. Asumimos la responsabilidad de administrar y dirigir la parroquia como buenos administradores de los dones que Cristo nos ha confiado: La parroquia crece y se desarrolla bajo el liderazgo visionario del párroco, que trabaja en colaboración con sus vicarios, con el personal y los laicos para que la misión de la parroquia pueda florecer plenamente, como resultado de una correcta administración. La parroquia fomenta una cultura de corresponsabilidad y una espiritualidad de la gratitud que inspira a los feligreses a compartir generosamente los dones que Cristo les ha confiado en apoyo de la misión de la Iglesia a través de la parroquia, la Arquidiócesis y en el mundo. Este es el sueño que tengo para todas nuestras parroquias, y esa es la razón por la cual estoy invitando a todos en la Arquidiócesis de Chicago para que se unan a mí en un proceso de planificación de varios años para hacerlo una realidad. Se necesitará de una fe constante –una fe imaginativa, que nos fortalezca en el entendimiento de que es Cristo quien nos guía. Esta fe nos mantendrá juntos. Nos inspirará para tomar las decisiones audaces que darán forma a la Iglesia para las generaciones venideras. Estamos comenzando esta obra en un momento en que la Iglesia es agraciada por el liderazgo del Papa Francisco, quien ha sido muy franco en compartir sus esperanzas y sueños con nosotros. Su tocayo, Francisco de Asís, hizo lo mismo en su tiempo. En una época de retos que resultaban amenazadores, dentro y fuera de la Iglesia, recibió un sueño acerca de lo que podría ser la Iglesia y respondió a la insistencia de Cristo para renovarla. Quizá conozcan la historia. Visitando la Iglesia en ruinas de San Damián, Francisco escuchó a Cristo hablar con él y urgirlo: “Ve y reconstruye mi Iglesia”. Con el tiempo, Francisco llegó a comprender que Cristo le estaba llamando a renovar la Iglesia, no sólo a reconstruir una estructura. Esa es la tarea que tenemos ante nosotros y la razón por la cual este importante proceso lleva el siguiente nombre: “Renueva mi iglesia”. Abordar esta situación requerirá una buena cantidad de oración y de humildad, de trabajo duro, toma de decisiones difíciles y de nuevos sacrificios. Yo sería muy poco honesto si no reconociera que para cuando hayamos completado este proceso de consulta, estaremos llorando juntos la pérdida de algunas parroquias. Pero esa no va a ser la última palabra. Al tener la osadía de dejar atrás formas familiares de hacer las cosas, podemos aprovechar esta temporada como un tiempo que no es simplemente de pérdida, sino más bien de renovación. Este es el sueño para el que Dios nos está llamando, y que nos sostendrá y nos unirá. Comenzamos este proceso durante el Jubileo de la Misericordia, que el Papa Francisco ha definido como un tiempo para que la Iglesia universal se eleve, se renueve y se reinvente a sí misma.   Fuentes: Vatican Insider / Católico (periódico en español de la Arquidiócesis de Chicago) http://blog.pucp.edu.pe/blog/buenavoz/2016/04/08/consulta-a-los-fieles-para-que-una-diocesis-suene-en-grande/
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    (Si desea leer la noticia completa, haga click en el título) El lunes 18 de abril ha comenzado el III Encuentro de representantes de Historia, Memoria y Patrimonio en Latinoamérica, en el Colegio de La Inmaculada, discutiendo temas ligados a la identidad jesuita y su relación con el patrimonio histórico, procedimientos, y perspectivas de trabajos conjuntos. El miércoles 20 de abril se llevará a cabo una sesión pública en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, para reflexionar sobre los temas de políticas de fomento a la investigación, preservación del patrimonio, identidad cultural y patrimonio histórico jesuita en el Perú. Esta sesión contará con la presencia de Ramón Mujica, Director de la Biblioteca Nacional del Perú; Alberto Martorell, Presidente de ICOMOS-Perú; Ricardo Kusonoki, Curador asociado de Arte Colonial de MALI, entre otros personas asociados a la historia y cultura en el país.
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    (Si desea leer el artículo completo, haga click en el título) Del 16 al 20 de Marzo el P. Fernando Roca SJ asistió como invitado a la Conferencia “Global Climate Change: Economic Challenges and Solutions” en la Universidad Loyola de Chicago. El P. Roca fue encargado de dar inició a la Conferencia con una oración ecuménica. La Universidad Loyola de Chicago es la cuarta Universidad “verde” de los EE.UU., y la única certificada para producir BioDiesel a partir de las grasas de las cafeterías: con el BioDiesel mueven los ómnibus que transportan a los alumnos. El Instituto de Sostenibilidad Ambiental de la Universidad, dirigido por la Dra. Nancy Tuchman, con el apoyo del Equipo Jesuita de la Universidad, está logrando no solamente cambiar paulatinamente la infraestructura del campus en edificios sostenibles y amigables con el ambiente (LEED), sino además involucrar a la comunidad estudiantil en esta tarea. La Universidad recicla sus desechos, trata las aguas usadas y produce cierta cantidad de legumbres orgánicas que luego son vendidas a las cafeterías.
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    (Si desea leer el artículo completo, haga click en el título) La vida de los primeros cristianos está llena de una alegría rebosante, porque saben que están haciendo, en cada momento de su día, lo que el Señor quiere de ellos.Su alegría no depende del estado de ánimo, ni de la salud, ni de ninguna otra causa humana, sino de la cercanía de Dios, que es el motivo de su gozo profundo e incomparable. Su alegría es capaz de subsistir en medio de todas las pruebas, incluso en los momentos más duros y oscuros, como la persecución y el martirio. Además su alegría es contagiosa: transmitirla es el tesoro más valioso que pueden dar a los que les rodean. Muchas personas encontraron y encuentran a Dios viendo la alegría de los cristianos. "Una persona alegre obra el bien, gusta de las cosas buenas y agrada a Dios. En cambio, el triste tiende a obrar el mal" (HERMAS, “EL PASTOR”, Siglo II) 1. (En su libro “El Pastor”, Hermas –hermano del papa Pío I- en la mitad del siglo II da una serie de recomendaciones a los cristianos referentes a la importancia de evitar la tristeza y estar alegres…) Arranca, pues, de ti la tristeza y no atribules al Espíritu Santo que mora en ti, no sea que supliques a Dios en contra tuya y se aparte de ti. Porque el espíritu de Dios, que fue infundido en esa carne tuya, no soporta la tristeza ni la angustia. (HERMAS, “El Pastor”, Mandamientos, 10, 2-4) 2. Revístete, pues, de la alegría, que halla siempre gracia delante de Dios y le es acepta, y ten en ella tus delicias. Porque todo hombre alegre obra el bien y piensa en el bien y desprecia la tristeza. En cambio, el hombre triste se porta mal en todo momento. Y lo primero en que se porta mal es en que contrista al Espíritu Santo, que le fue dado alegre al hombre. En segundo lugar, comete una iniquidad, por no dirigir súplicas a Dios ni alabarle; y, en efecto, jamás la súplica del hombre triste tiene virtud para subir al altar de Dios. (HERMAS, “El Pastor”, Mandamientos, 10, 2-4) 3. Los santos, mientras vivían en este mundo, estaban siempre alegres, como si siempre estuvieran celebrando la Pascua. (SAN ATANASIO, Carta 14, 1-2) 4. Siempre estarás gozoso y contento, si en todos los momentos diriges a Dios tu vida, y si la esperanza del premio suaviza y alivia las penalidades de este mundo. (SAN BASILIO MAGNO, Homilía sobre la alegría, 25) 5. "Quien practique la misericordia - dice el Apóstol -, que lo haga con alegría": esta prontitud y diligencia duplicarán el premio de tu dádiva. Pues lo que se ofrece de mala gana y por fuerza no resulta en modo alguno agradable ni hermoso. (SAN GREGORIO NACIANCENO, Disertación sobre amor a los pobres, 14) 6. Como acabáis de escuchar en la lectura de hoy, amados hermanos, la misericordia divina, para bien de nuestras almas, nos llama a los goces de la felicidad eterna, mediante aquellas palabras del Apóstol: Estad siempre alegres en el Señor. Las alegrías de este mundo conducen a la tristeza eterna, en cambio, las alegrías que son según la voluntad de Dios durarán siempre y conducirán a los goces eternos a quienes en ellas perseveren. Por ello, añade el Apóstol: Os lo repito, estad alegres. Se nos exhorta a que nuestra alegría, según Dios y según el cumplimiento de sus mandatos, se acreciente cada día más y más, pues cuanto más nos esforcemos en este mundo por vivir entregados al cumplimiento de los mandatos divinos, tanto más felices seremos en la otra vida y tanto mayor será nuestra gloria ante Dios. (SAN AMBROSIO, Tratado sobre la carta a los Filipenses, 1) 7. Los seguidores de Cristo viven contentos y alegres y se glorían de su pobreza más que los reyes de su diadema. (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre San Mateo, 38) 8. En la tierra hasta la alegría suele parar en tristeza; pero para quien vive según Cristo, incluso las penas se truecan en gozo. (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre San Mateo, 18) 9. Si tenemos fija la mirada en las cosas de la eternidad, y estamos persuadidos de que todo lo de este mundo pasa y termina, viviremos siempre contentos y permaneceremos inquebrantables en nuestro entusiasmo hasta el fin. Ni nos abatirá el infortunio, ni nos llenará de soberbia la prosperidad, porque consideraremos ambas cosas como caducas y transitorias. (CASIANO, Instituciones, 9) 10. El gozo en el Señor debe ir creciendo continuamente, mientras que el gozo en el mundo debe ir disminuyendo hasta extinguirse. Esto no debe entenderse en el sentido de que no debamos alegrarnos mientras estemos en el mundo, sino que es una exhortación a que, aun viviendo en el mundo, nos alegremos ya en el Señor. (SAN AGUSTÍN, Sermón 171, 1) 11. Entonces será la alegría plena y perfecta, entonces el gozo completo, cuando ya no tendremos por alimento la leche de la esperanza, sino el manjar sólido de la posesión. Con todo, también ahora, antes de que esta posesión llegue a nosotros, antes de que nosotros lleguemos a esta posesión, podemos alegrarnos ya con el Señor. Pues no es poca la alegría de la esperanza, que ha de convertirse luego en posesión. (SAN AGUSTÍN, Sermón 21, 1) 12. Porque no hay nada más infeliz que la felicidad de los que pecan. (SAN AGUSTÍN, De la vida feliz, 10) 13. Eso fueron los primeros cristianos, y eso hemos de ser los cristianos de hoy: sembradores de paz y de alegría, de la paz y de la alegría que Jesús nos ha traído. (SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Es Cristo que pasa, 30) Del libro: ORAR CON LOS PRIMEROS CRISTIANOS Gabriel Larrauri (Ed. Planeta)
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    (Para leer la noticia completa, hacer click en el título) El Día Mundial de la CVX fue celebrada por sus miembros peruanos en Lima el miércoles 30 de marzo, y en Arequipa el domingo 3 de abril como parte de las actividades pastorales del año. La comunidad CVX Arequipa celebró la Misa de acción de gracias en la Iglesia de la Compañía, presidida por el P. Carlos Rodríguez Arana SJ, quien recordó que “la misión de la Comunidad, es la de ser evangelizadora, desde la espiritualidad ignaciana que nos invita a ser discípulos de Jesús. Es nuestra manera de vivir el cristianismo desde la experiencia de fe hecha testimonio”. Por su lado la comunidad CVX Lima participó de la Eucaristía en la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, celebrada por el P. José Luis Gordillo SJ.
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    (Si desea leer la noticia completa, haga click en el título) El P. Nuno Gonçalves da Silva SJ (POR), ha sido nombrado por el Papa Francisco como nuevo Rector de la Universidad Gregoriana. El P. Gonçalves nació en 1958, ingreso en la Compañía en 1975 y fue ordenado en 1986. Ha sido Provincial de Portugal, y desde 2011 ha venido enseñando en la Facultad de Historia y Bienes Culturales de la Iglesia, donde ha sido también Decano de 2012. Tomará posesión de su cargo el día 1 de septiembre de 2016.
  • Nos han anunciado del Arzobispado de Lima que, en nuestra parroquia, la Puerta de la Misericordia será abierta por el Señor Cardenal Juan Luis Cipriani en la misa del domingo 24 de enero a las 12.30 del mediodía.

  • Laudato si’, mi’ Signore» – «Alabado seas, mi Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.

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